Los cínicos no sirven para este oficio


Alfredo Jimeno R.'s picture
Dom, 13/08/2017 - 09:02

Ryszard Kapuscinski, polaco insigne del periodismo mundial, dijo una vez que los cínicos, esos que hacen maromas y contorciones mentales para evadir el uso correcto del lenguaje y vaciar de contenido todas las palabras, no servían para ejercer el noble oficio del comunicador social.

Siendo el comunicador social el responsable de informar a la ciudadanía de todo lo que sucede a su alrededor, no puede confiársele tamaña responsabilidad a alguien que por motivos infaustos llame, por ejemplo, “democracia” a lo que en realidad es una “dictadura”, o “detenido” a quien no es más que un “secuestrado por razones políticas”, o “asamblea nacional constituyente” a lo que configura un “fraude a la constitución y a la soberanía popular”.

Esa reflexión de Kapuscinski es más que pertinente en estos tiempos oscuros que vivimos los venezolanos, ya que ella no se limita ni se agota en el oficio del comunicador, sino que se expande a todas las esferas de la sociedad.

Nuestro país sufre una dictadura, de eso ya no le cabe ninguna duda a nadie. Hasta hace no mucho tiempo, ese (la naturaleza dictatorial del gobierno nacional) era un tema de discusión, pero, a la luz de lo que ha sucedido durante los últimos meses, ya no. La dictadura se ha hecho cada vez más obscena, efectuando el fraude a la voluntad popular más grande que jamás haya visto toda nuestra historia, instalando por la fuerza y con la anuencia de un tribunal obsecuente al partido de gobierno una irrita asamblea con pretensiones tiránicas, y, por si fuera poco, destituyendo, persiguiendo, encarcelando e inhabilitando a alcaldes electos a través del voto universal, directo y secreto del único e indivisible soberano según nuestra constitución nacional: el pueblo venezolano.

Este tiempo de barbarie, del resurgimiento de aquel primitivismo que Santos Luzardo tanto luchó por erradicar, ha sido una prueba muy fuerte para todos los que estamos convencidos de que sí es posible instaurar en nuestro país un régimen político moderno y democrático, incluyente y respetuoso de la ley justa. Ha sido un tiempo para muchos signado por un constante pendular entre el abatimiento y la esperanza, entre el derrotismo y la euforia. Un tiempo que nuestra historia ha recogido ya anteriormente en los años de 1812 y 1814, cuando cayeron la primera y la segunda República respectivamente; o, mucho más reciente, en los años de 1948, 1952 y 1957, cuando el pretorianismo militar derrocó a Rómulo Gallegos, impuso una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente y se robó el plebiscito presidencial para revocar a Pérez Jiménez.

Pero esos tiempos oscuros tienen todos a su vez un factor común: han sido superados por tiempos luminosos y libertarios, alcanzados no por predestinación divina ni por obra del azar, sino gracias a la labor de resistencia sostenida y sacrificada de un grupo indetenible de venezolanos de bien. He allí una verdad histórica que Venezuela encierra nuestros ya 200 años de existencia.

Superaremos esto, de eso estoy completamente seguro; nuestro país se librará del oprobio y de la sed de sangre de una dictadura que será recordada como la más corrupta, asesina y despiadada no solo de la historia venezolana sino también latinoamericana. Pero para poder lograrlo, todos y cada uno de nosotros, independientemente de que tengamos o no un rol activo en la política partidista, debemos hacer un ejercicio espiritual de resistencia interna, un ejercicio de reforzamiento de nuestras convicciones democráticas que pasa inevitablemente por combatir con denuedo aquel pecado que señaló Kapuscinski: el cinismo.

Por ello, ante el cinismo tiránico de querer hacer ver que poco más de 500 personas tienen poderes supra-constitucionales porque conforman una “Asamblea Nacional Constituyente”, nosotros debemos alzar nuestras voces cargadas de conciencia y valentía y señalar las cosas por su nombre: asamblea dictatorial con pretensiones constituyentes; ante el cinismo de quienes atrincherados tras una toga pretenden llamar justicia al proceso de destitución de alcaldes popularmente electos, debemos también alzar nuestras voces y decir: golpe de estado a nuestros municipios; y, finalmente, ante el cinismo de quienes desde el poder llaman a esto democracia, debemos ser enfáticos y repetir con fuerza: DICTADURA.

Solo así, con esa claridad producto no tanto de un saber académico sino más bien del libre discernimiento de cualquier persona de bien, podremos superar con seguridad estos tiempos oscuros sin que la sombra haga mella en nuestros corazones y almas.

Ahora más que nunca hermanas y hermanos… ¡FUERZA, FUERZA, FUERZA Y FE! @AlfredoJimenoR
Alfredo Jimeno
Concejal de Chacao


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