Estudiantes oficialistas, entre mentiras y desaciertos

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Autor: José Antonio Puglisi, publicado el

El papel de los estudiantes siempre ha sido fundamental para el futuro político nacional. No es de extrañar. Los jóvenes son quienes, con toda una vida por delante, reciben un país moldeado por sus antecesores y son los encargados de aportar su grano de arena para que las próximas generaciones sigan progresando. De ahí surge su legítimo derecho a la manifestación política y exposición pública de sus ideales. Lamentablemente, la ruptura nacional ha impedido que los estudiantes unan esfuerzo por una patria mejor y que, por el contrario, se enfrasquen en discusiones estériles.

Uno de los principales puntos que evitan el entendimiento entre los jóvenes venezolanos son las mentiras, incluso por encima de sus propias ideologías políticas. Es más fácil que un comunista y un capitalista sean amigos, a que se forje una amistad basada en mentiras. Las falsedades despiertan en el otro grupo una resistencia natural a la unión, aún más cuando se le añaden insultos, exclusión y fanatismo.

Un ejemplo de esta situación puede observarse en la entrevista realizada, sólo hace unos días, a Kevin Ávila, líder juvenil del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El joven “revolucionario” afirmó que su objetivo y el de sus camaradas es el de “convencer a la base de la oposición, no a los grandes políticos que están allí con sus intereses, sino a ese pueblo que no está de acuerdo con el Gobierno, para recordarles que en la MUD están los que estuvieron al mando por 40 años, en cambio la revolución tiene 14 años con grandes logros”.

Como se puede observar, su intensión de convencer a los votantes del otro sector no tiene nada de malo o de atípico; por el contrario, es una práctica común previa a unas elecciones. Las mentiras surgen después, cuando se pronuncia el mensaje prefabricado de culpar a la Cuarta República y que anuncia los “logros” de la “revolución”. Habría que preguntar a cuáles logros se refiere. Quizás, a la tasa de homicidios que superó los 19.000 muertos en 2011 y a los 20.000 en 2012; o a la tasa inflacionaria que cerró el año pasado encima del 20% (sólo comparable con las naciones más pobre de África); o a la importación de gasolina que se realiza desde Estados Unidos a pesar de la política antiimperialista del Gobierno; o que el desabastecimiento afecta al 80% de la población. Si estos son los logros a los que se refiere Ávila, sí se tendría que culpar a la oposición de querer cambiar esta “maravillosa” situación.

El joven revolucionario también aseguró que “en este proceso falta mucho por hacer, pero ya hay un gran avance que es haberle dado la oportunidad al pueblo de participar políticamente”. De nuevo, se parte de una realidad. En Venezuela, está todo por hacerse, ya que durante 14 años sólo se ha destruido el sistema productivo y el nivel de vida de los venezolanos. Tampoco se puede hablar de participación cuando, constantemente, se reprimen con violencia a los movimientos opositores. Lo que además nos conduce a dudar de su siguiente afirmación: “se quejan de la exclusión, pero no se dan cuenta de que igual están siendo beneficiados por el socialismo. Nosotros levantamos esta bandera con orgullo, pero ellos no asumen su postura”.

Una vez más habría que preguntarse, cuando habla de los beneficios que atañen a todos por igual ¿está hablando de los altos niveles de inseguridad personal?, o su enfoque está más relacionados con el “beneficio” generalizado de una inflación que afecta a todos por igual, quizás a la famosa lista de Tascón o al programa Maisanta que sirven para perseguir a los ciudadanos de la oposición, o las acusaciones de “imperialista” y “lacayo” a quienes no comparten los ideales socialistas. Si por el contrario, se hace mención a las Misiones, sólo se debe comentar que el actual estado de esta iniciativa es deplorable y que, apenas, puede satisfacer las necesidades de pequeñas localidades. Lo que deja a los grandes problemas de Venezuela sin solución, en especial los sanitarios.

Sólo para demostrar que el espíritu propio de la “revolución” es exclusivo, Ávila se refirió (en la misma entrevista) a los estudiantes de la oposición como “mercenarios de la derecha” y “falsos”. Un mensaje que, según parece, sólo tiene una connotación de fraternidad y unión dentro de PSUV.

El joven “revolucionario” también se adentró en temas económicos y precisó que “la oposición insiste en el capitalismo, que sólo triunfó en su instauración, pero que en su desarrollo fracasó por completo”. Sin embargo, Ávila no explicó por qué el actual modelo socialista ha ocasionado un daño aún mayor por medio de sus expropiaciones, excesivos controles, constantes devaluaciones de la moneda, baja relevancia en los acuerdos comerciales de la región, destrucción del sistema productivo nacional, pérdida de competitividad internacional y el ahogante desabastecimiento, entre otros miles de problemas financieros.

Los estudiantes venezolanos no deben confundir su deseo por la igualdad social por la apuesta ciega al modelo “revolucionario”. No sólo porque las cifras económicas revelan que los más afectados por el “socialismo del siglo XXI” han sido los más pobres, sino porque se están desaprovechando los altos precios del petróleo y el auge de la región para posicionar a Venezuela como una de las naciones más potentes de la Sudamérica. Lo recomendable, entonces, es que dejen de pensar en el pasado para centrarse en el futuro y recordar lo que decía Joan Manuel Serrat: “Quien a los 20 años no es revolucionario no tiene corazón. Quien a los cuarenta sigue siéndolo, no tiene cabeza”. Acortemos entonces el camino, y con la mente en el futuro, usemos la cabeza para reflexionar sobre cuál es el mejor camino para el futuro de Venezuela.

@JosePuglisi

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