La desaparición de la política


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Jue, 12/10/2017 - 19:09

Es realmente curioso, pero los factores que integran la MUD, sus partidos políticos y sus candidatos a las elecciones regionales de gobernadores, manifiestan una inmensa sensación de pánico frente al eventual fenómeno de la abstención. Las piezas publicitarias que han colocado en escena y el discurso de sus principales voceros, ponen de bulto esta realidad.

Y decimos que es curioso porque todas las leyendas urbanas que se han tejido, antes y ahora, sobre la transparencia de los procesos electorales venezolanos y sobre la legitimidad del árbitro de esos procesos, es decir, el CNE, se han originado y fomentado con enorme eficacia desde las mismas filas opositoras.

La Decisión de no participar en las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente y llamar activa y militantemente a la abstención en esos comicios, para ahora desdecir lo que hasta hace poco se proclamaba y vociferaba para participar en unas votaciones cuyas condiciones y anomalías despiertan tantas dudas y aprensiones como las bases comiciales que rigieron la elección de los miembros de la ANC, supone una incoherencia que posiblemente pague muy cara la MUD este próximo domingo 15 de octubre.
La arrogancia de cierto discurso opositor llega a extremos irritantes cuando de manera sinuosa, algunas veces, y otras veces más abiertas, coloca la responsabilidad de una eventual derrota de muchos candidatos antigubernamentales en la posible conducta abstencionista por parte de aquellos que sólo cometerían el pecado de hacerle caso a todo lo que se hacía y se decía desde la cúpula de la MUD hasta del 31 de julio pasado.

Sin mediar ninguna transición argumental, apelando a una fidelidad ciega y hasta perruna de su base política, la dirigencia de la llamada oposición espera que su gente ahora haga todo lo contrario a lo que proclamaron. Sin explicación alguna se convoca a quienes aspiran a un cambio político en el país, que son ciertamente una mayoría determinante, a olvidar todo lo que anteriormente se sostenía, sin que se haga reconocimiento alguno de las recurrentes equivocaciones, tácticas y estratégicas, que han llevado al actual estado de cosas en donde el escepticismo y la resignación paralizantes, se propaga viralmente entre densos sectores de la población.

Inmediatamente después del importante triunfo electoral de diciembre de 2015, la oposición aglutinada en la MUD, debió priorizar la ruta electoral que explícitamente tenía sus estaciones claramente establecidas en el tiempo por la Constitución y para lo cual no había que recoger ni una sola firma ni poner la inmensa energía de la gente al servicio de espejismos y objetivos ilusos. El intento por convocar al referéndum revocatorio fue uno de los más terribles errores tácticos cometidos en los últimos tiempos, el cual sólo tiene como explicación la obstinada intención de sus promotores de recuperar una popularidad irremediablemente perdida. En ese propósito se consumieron energías recursos, y tiempo valiosísimos y el precio que se pagó por tal desacierto fue facilitar al adversario para encontrar la manera de retrasar y desdibujar el calendario electoral constitucionalmente marcado (comicios de gobernaciones y alcaldías).

La peor del legado de estos últimos 18 años es ciertamente la desaparición de la política en el escenario nacional, entendida ésta como el medio para discernir racionalmente sobre los asuntos públicos y encausar positivamente las telúricas fuerzas de la sociedad y la naturaleza humana. Dos bandos en pugna se han entregado a sus pulsiones inerciales y han desechado a la política como valor civilizatorio. Uno quiere aferrarse al poder como sea y el otro quiere desalojar a su oponente del poder también como sea.

Lo vivido entre mayo y julio de 2017, con pérdida de vidas humanas y cuantiosas pérdidas económicas, constituye el nada auspicioso saldo que tenemos entre manos hoy día. Ahora nos encontramos en un punto incierto. Reina la incertidumbre en todas las esferas de la vida del país. Transitaremos sobre un plano inclinado mientras Venezuela continúe atenazada por dos minorías agresivas.
Pedro Elías Hernández


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