Trump y el antiWatergate de la prensa


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Lun, 21/11/2016 - 07:41

La prensa ha sido uno de los sectores más traumatizados por el triunfo de Donald Trump. Tras descartarlo de antemano y embanderarse sin tapujos por Hillary Clinton, está sumida en un proceso postraumático. Pasó del sorpresivo golpe inicial al mea culpa y de la autocrítica a tener que asumir la realidad.

Sin mucho tiempo para una profunda introspección, la prensa tradicional y digital, del Washington Post al The New York Times o de BuzzFeed a The Daily Beast, está ahora concentrada en la transición y en el después del 20 de enero, a sabiendas que enfrente tiene a un líder impulsivo, crítico y vengativo, rasgos que parecen sacados del manual del populista latinoamericano, y a los que no está acostumbrada.

La prensa, venerada por casos como Watergate, ahora debe afrontar su fracaso. Relegó su papel reporteril a ser caja de resonancia de la opinión general, dejándose arrastrar por comentarios y sentimientos, de la misma forma que Wall Street sube y baja según las especulaciones y apariencias. No haber reportado sobre “la otra mitad del país” devino en un antiWatergate que recordarán generaciones. Un editor del NYT lo expresó sin rodeos: “Tenemos que hacer un mejor trabajo, especialmente en el campo, porque somos una organización de New York, que no es el mundo real”.

El peligro para una prensa no acostumbrada a lidiar con este tipo de líderes, es que si no respalda sus opiniones con investigaciones concretas, puede terminar sobreactuando y dejándose arrastrar a guerras de opinión, obligando a la gente a tomar partido por los medios o por el líder. Los casos Hugo Chávez, Rafael Correa y Cristina Kirchner sirven de ejemplo.

La prensa deberá sortear pruebas a diario. Esta semana, después de unos días de tranquilidad, Trump volvió a ser Trump. Cargó contra el NYT por Twitter, su arma preferida, rechazando las críticas a su equipo de transición. La tuiteada remarca que Trump no dará respiro a la prensa, pese a que prometió moderar sus embates en las redes sociales y a que está haciendo concesiones, inimaginables durante la campaña.

Más allá de su retórica anti prensa, no se puede obviar que el discurso incendiario que lo llevó a la Presidencia es ahora más moderado y presidenciable. Dijo que no buscará encarcelar a Hillary, mantendrá presencia en la OTAN, conservará partes del Obamacare, construirá un muro sin ladrillos, deportará solo a aquellos con récord criminal y, para los demás indocumentados, promete una ley de inmigración jamás imaginada.

No creo que Trump pase de la retórica bélica a los hechos, ya que las instituciones y balances naturales de poder lo maniatarán. Sus amenazas de campaña, sobre que modificaría las leyes de difamación para atacar a la “prensa deshonesta” y con sus demandas “ganar mucho dinero”, no tienen ton ni son. Como presidente no tiene poder para modificar leyes que están ancladas en las jurisdicciones de los estados.

El hecho de que Trump respetará el matrimonio homosexual por ser disposición de la Corte Suprema, indicaría que honrará la vasta jurisdicción sobre libertad de expresión que el máximo tribunal creó. La Corte protege la crítica contra las autoridades, intrínseca a la Primera Enmienda y a la doctrina de real malicia, y así empoderando así al público en sus derechos a saber y a mantener a raya a sus gobernantes.

Preocuparía que Trump continúe con la política oscurantista de Barack Obama. Que imponga restricciones que emanan de las leyes antiterroristas y de espionaje relegando el acceso a la información pública y limitando los derechos del público a saber y a la privacidad por excusas sobre seguridad nacional. O que exploten conflictos de interés por sus negocios personales. Trump despertó sospechas cuando prometió transparencia, conferencias de prensa y amplio acceso a los periodistas, siendo aspectos tan naturales a la democracia como el agua al mar, que ni siquiera deberían ser mencionados.

Habrá que ver si la prensa le dará espacio y los 100 días de gracia que se le concede a todo presidente. Si el periodismo no se deja arrastrar al barro del discurso político y, en cambio, ejerce el poder reporteril e investigativo, tendrá mejor chances de hacer un buen papel en esta nueva Presidencia, de la que se hizo durante la oscura etapa de Obama. [email protected]
Ricardo Trotti

Fuente: http://www.ricardotrottiblog.com/


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