El problema de negociar en Dominicana


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Miércoles, 06/12/2017 - 22:50

La oposición y el gobierno han decidido levantarse de la mesa sin que exista humo blanco en las negociaciones. Como es lógico, el problema para ambos es que toda negociación por mas adelantada que esté contempla ceder posiciones y posturas. Por eso el peor momento de toda “negociación” política es cuando ambas partes ven plasmado en un documento la ruta acordada, pero completamente edulcorada en un lenguaje diplomático que convenga a las partes. Les pongo un ejemplo que ocurrió ayer abiertamente en los medios, a la oposición le conviene que el gobierno acepte los términos “crisis humanitaria” y que permita un “canal humanitario” y para el gobierno es imposible aceptarlo, porque sería admitir nada menos el fracaso de la revolución y con ello, la oposición saldría políticamente victoriosa. Pero si la oposición solo logra un acuerdo parecido al de 2014 que hable de “trabajar conjuntamente para solucionar el problema” que contemple traer medicinas, sin haber ganado la batalla política, uno de sus puntos principales, como en el pasado, carecería de efecto político alguno y es que la donación de unas pocas medicinas coyunturales –en sentido estadístico- no tienen mayor impacto en un país que necesita arreglar el problema de insumos médicos de fondo.

Lógicamente ocurre lo mismo con el bando contrario, pues el gobierno pide que la oposición rechace “cualquier forma de injerencia internacional” -venga de Trump, de Almagro o de quien sea- y cuando se plasma en el documento, la oposición no puede aceptarlo en esos términos y termina siendo un punto muerto en el debate, ya que quedaría también como en el documento de 2014, como una simple declaración de principios sobre la soberanía del país.

El resto de las expectativas del gobierno son tan altas, que implican nada menos que una “rendición incondicional” de la oposición cuando piden también que la oposición aniquile el mandato expreso de 7,5 millones de sus votantes y reconozca, coadyuve al reconocimiento Internacional de la Asamblea Nacional Constituyente, se subordine a ésta y participe en la Comisión de la Verdad destinada a investigar a la propia oposición.

Pide también que la Asamblea Nacional acate las sentencias del TSJ que la despojan por completo de sus funciones y que se comprometa al cese de la “guerra económica” que supuestamente han generado los industriales y los productores -entre muchos otros- contra el pueblo. Finalmente, que acepten los resultados de las elecciones Municipales en curso y de las presidenciales, ya previstas éstas últimas para finales de 2018.

Para la oposición aceptar semejantes propuestas o que el gobierno acepte lo contrario como contrapropuesta opositora, simplemente coloca estas posiciones en un punto medio, en el que ambas partes se comprometen a “medio aceptarse” lo que políticamente no tiene mayores repercusiones para el gobierno, pero si para la oposición tanto en su electorado, como a nivel internacional. Porque medio aceptar la Constituyente, no es lo mismo que lo que el gobierno ha hecho con la Asamblea. Porque el punto y la ganancia política entonces se lo llevaría por completo el gobierno.

Por eso los dos puntos fuertes de la negociación son principalmente la reestructuración del CNE y “Que la oposición se comprometa a hablar con el Gobierno de EE.UU y exija que levante la persecución económica y financiera contra Venezuela” (Telesur). Y por eso todo parece indicar que ya están trabajando desde hace rato en este punto con la “reestructuración de la deuda” propuesta por la oposición, a cambio de que le permitan tácitamente a la Asamblea proseguir su curso y un cambio en el CNE.

El problema es que la oposición debe entonces no solo comprometerse a hablar sino exigirle a Donald Trump, Marco Rubio e Ileana Ros-Lehtinen (al Senado y a la Cámara), que eliminen o reformen las sanciones económicas para reestructurar la deuda. En palabras más sencillas el gobierno tendrá un barril a 60 dólares, le entrarán cada semana mil millones de dólares para las elecciones. Pero no puede movilizar un centavo y necesita que la oposición ayude a levantar las sanciones para que el gobierno disponga de los fondos para gobernar. Por todo esto, el mayor de los problemas que tiene esta petición es que la fuerza de la oposición, depende de terceros.

El segundo problema es el impacto internacional en la imagen de la oposición. Lo que resulta obvio, es que el gobierno necesita que quien motorice esto sea la parte de la oposición que puede al menos tener acceso y algo de ascendente, es decir no la parte de la oposición que Donald Trump y Marco Rubio no escucharían.

Puede ser también que el gobierno este pretendiendo como resultado el descredito opositor, en los Estados Unidos y que este país termine de entender que la oposición no es la opción. De allí que de aceptarse, al menos dos de los políticos con mayor ascendente internacional de la oposición, serán los comprometidos para esta tarea y contra esto ya Marco Rubio se pronunció a penas escuchar la petición publica de la oposición en su momento (10 de noviembre): “No habrá manera de reestructurar la deuda venezolana, sin una exención a las sanciones y no habrá ninguna exención de sanciones”. Si es o no una retorica del senador Rubio, para elevar la fuerza en la negociación, se vera en un futuro, pero todo luce que la oposición no las tiene todas consigo.

En relación a esta postura, la lógica estadounidense es la misma, que si la oposición cubana en Cuba, pidiera el cese del bloqueo para que los Castro entreguen algo a cambio. Por eso lo que pedirá la oposición a Trump y a Rubio es un caso único. En principio porque sabe que quienes llegan a pedir eso son personas que tienen una “pistola en la cabeza” y por eso es cierto que el gobierno de Estados Unidos ha cedido políticamente en casos puntuales de acuerdo a resultados concretos, pero nunca ha cedido completamente. Es decir, hay precedentes de levantamiento de sanciones puntuales en diálogos como el caso de Zimbabue (Tribunal electoral y esposas de ministros) pero nunca ha cedido a un bloqueo como el venezolano, mucho menos cuando las “concesiones” en el propio diálogo y la excarcelación previa de políticos renombrados, es una señal de que la presión está funcionando.

Así que, ¿de que depende que Donald Trump y Marco Rubio acepten la propuesta de estos políticos y eliminen las sanciones parcial o totalmente? En el mejor de los casos, no bastará con una tímida ganancia o un CNE “balanceado” o un canal humanitario, la oposición debe presentarse allí, con la madre de todas las ganancias, es decir el gobierno debe ceder a lo incomprensible y ya ha advertido que “no torcerá el brazo”.

Sea como fuere, en este caso las posibilidades de una victoria contundente de la oposición, son pocas si el gobierno no cede abiertamente a unas elecciones completa y totalmente libres, con el fin de la represión a la oposición, el retorno de los políticos exiliados y presos habilitados políticamente. Menos de esto, no conllevara al levantamiento de sanciones, mucho menos de lo que el gobierno califica de “bloqueo financiero”.

Pero si la oposición llega a Donald Trump y a Marco Rubio con una ganancia mínima. Un CNE mitad del gobierno y mitad de la oposición con un tercero, susceptible a ser demolido por el sistema y unos cuantos políticos aún presos en sus casas, con un canal humanitario que no es solución al problema de fondo de los medicamentos, la situación será complicada para la oposición internacionalmente y m´ss aún, de cara a sus electores.

Finalmente esta la realidad económica, hasta ahora culpa absoluta del gobierno. La oposición podría obtener ganancias puntuales, pero también tiene mucho que perder, aún si se sale con la suya. Y aquí me temo que en la oposición hay buenas intenciones, pero siguen sin tener noción de lo que verdaderamente implica una reestructuración de la deuda en un país. Porque el liderazgo opositor cree que una reestructuración es asunto de economistas y burócratas cuando es un asunto de ciclópeos y agresivos bufetes de abogados.

Lo que no entiende el liderazgo opositor que lo propone, es que no importa si es el esquema de un rescate del FMI que implica una serie de condiciones espeluznantes y la sesión de la soberanía económica frente a la oficina del comisionado nombrado o directamente con los acreedores, en un país con un barril a 60 dólares, sentado sobre diez trillones de dólares y activos por doquier. El liderazgo opositor debe comprender que toda reestructuración de la deuda implica medidas económicas, implican abogados internacionales y muchas letras pequeñas, implica que usted durante el tiempo que dure, no puede darle mejores condiciones a otros préstamos porque estaría estafando a quienes aceptaron sus condiciones, implica la posible negativa de los fondos buitres y problemas grandes con activos internacionales e implica quiéralo o no, medidas de recorte de gastos y disciplina fiscal que son por decir lo mejor, poco probables.

Así que si reestructuran la deuda y esto sale mal económicamente como en el caso argentino o griego (implícito en toda reestructuración) la oposición estará en el peor de los mundos, será culpada de la crisis, de colaboracionismo y habrá perdido todo lo que le queda de imagen internacional.

Por eso, la parte no convocada al dialogo, piensa que si la única fortaleza real de la oposición, si lo único que impide que arrasen con lo que queda del aparato productivo y de la debilitada oposición, son la presión internacional y financiera ¿Suena lógico jugar esa carta antes de tiempo?. Por otra parte piensa que presentar una “victoria” con una reforma puntual del CNE que lo haga mas paritario no conduce a ninguna parte, mucho menos a ganar una elección, ya que parten de la experiencia de la propia Asamblea, ganaron dos tercios y ni siquiera podían abrir las oficinas, no tenían luz o un funcionario militar tenía mas peso para dejar entrar al Hemiciclo, que el propio presidente. En fin que esa parte de la oposición piensa que tener un mejor CNE, no garantiza que un suboficial, los deje siquiera entrar al centro de cómputos, mucho menos que no hagan trampa.

En fin que la oposición esta dividida incluso en las posibles ganancias de las negociaciones y más aún frente a una ganancia a medias, porque en toda negociación ceden las dos partes y no solo importa lo que gane una parte, sino las implicaciones de las ganancias del otro lado. Como por ejemplo, el gobierno no reconocería una emergencia humanitaria porque sería reconocer el fracaso de la revolución, pero dejaría entrar medicinas. Asunto que sería un pequeño paliativo al problema real de medicamentos, es decir no se reflejaría realmente en la carestía general y no sería ganancia política para la oposición. O un CNE mas “balanceado” que no significaría elecciones limpias y a la oposición trabajando contra las medidas de Trump.

Así que el temor de esa parte opositora es que el gobierno se salga con la suya, al ganar casi todas las gobernaciones y las alcaldías, gane las presidenciales y se quede con dinero y sin sanciones económicas con una oposición culpada por todos, extremadamente debilitada internacionalmente y demolida electoralmente por otros cinco años. Lo que en la practica sería casi la desaparición de los partidos y su militancia. Con una constituyente y un TSJ secundados parcialmente por la oposición, que pueden decidir elecciones legislativas en 2019 y crear en la practica, una hegemonía de un partido único, nunca visto desde el caso cubano. Es decir el peor escenario posible para la oposición.

Como siempre hay que ligar que las cosas funcionen y que el liderazgo tenga la razón y no se la juegue por nada o casi nada. Porque hay muchas cosas que pueden salir mal como resultado de esta negociación en particular. Hay que ligar que a la oposición le vaya bien, porque no solo se juega su final, sino nuestro destino. Su éxito o fracaso, será el de Venezuela, pero como dice el New York Times, todo pinta que en esta negociación, nadie sabe quien pierde más o lo que es lo mismo, ganará quien pierda menos y en este caso, el gobierno es el que menos tiene cara de perder. @thayspenalver
Thays Peñalver


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