Mi madre es muy religiosa. Yo soy religiosa cuando estoy con ella. Cuando estoy sola, tiendo a no ser religiosa, tiendo a ser atea. Cuando quiero tener un orgasmo, ciertamente no soy religiosa, soy atea. Me siento una flagrante contradicción. No encuentro una mínima coherencia en mí. Cuando estoy con mi madre, intento complacerla. Rezamos juntas, vamos a misa. En esos momentos, soy creyente, realmente lo soy, me vuelvo tan religiosa como ella y no dudo de mi fe. Pero es una fe veleidosa, pasajera.