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Declaraciones del dolor: venezolanos varados en la frontera chilena


Jue, 27/06/2019 - 12:49

La crisis migratoria ha obligado a miles de personas a recorrer las carreteras sudamericanas con un par de zapatos carcomidos por la distancia y la raspadura del asfalto. Muchos de ellos caminan sin descanso sobre los páramos, las costas y las fronteras por semanas para llegar a un destino amigable

Por: Jose Ferrer | @jmigueferrer


El Gobierno de Chile estableció, con una semana de antelación, que a partir del 22 de junio los venezolanos que deseen visitar el territorio chileno tienen que solicitar en los consulados pertinentes una visa de turismo. Contrario a lo que ocurre con la visa de Responsabilidad Democrática que está dirigida a los venezolanos que deseen radicarse en el país austral, este requerimiento posee una vigencia de 90 días y puede ser prorrogable en un año.


Foto: Reuters

La rapidez y la falta de comunicación por parte del gobierno chileno en la implementación de esta medida provocó la desdicha de cientos de venezolanos que llevan sobre sus hombros los malestares de 20 años de maltratos; varados en la frontera entre Perú y Chile sufren, tras varios días expuestos a la intemperie, inclemencias del clima y el pesar de la incertidumbre.

 
Uno de los tantos venezolanos que pasó la noche bajo una sábana que se difuminaba con la rudeza del asfalto frío, en las calles de Chacalluta, región fronteriza entre Perú y Chile, dijo para ABC: “Nosotros estamos dispuestos a cumplir las normas, las reglas, pero que nos informen con anticipación para que los que estamos aquí y los que vienen en camino tomen sus previsiones”.

Las almohadas fueron reemplazadas por la dureza de los zapatos sucios y la cama se transformó en una planicie de asfalto. Todos sufren la desesperanza mientras la madrugada se acerca. El frío se inmiscuye entre los huesos y entre las separaciones de cada vena, haciendo doler el cuerpo junto al dolor de la deriva. Esperan lograr pasar pronto al territorio chileno, porque Venezuela no es una opción. El retorno no existe.

Una señora, de nombre desconocido, exclama desde la ciudad de Tacna: “Esperemos que nos ayuden para poder estar con nuestros hijos porque, en verdad, en Venezuela no podemos estar. La lucha es demasiado fuerte con el gobierno. Ya mi hijo no estudia, ni zapatos…”. Antes de enunciar el presente indicativo del verbo “tener” los ojos rojos de la señora se ahogan entre las lágrimas de los recuerdos dolorosos que trata de olvidar en otra tierra. Venezuela se ha transformado, en el relato de los venezolanos varados en la frontera entre Perú y Chile, en un territorio imposible. Luego entre la confluencia de los lagrimales la señora recupera su voz y dice “es horrible lo que estamos pasando en Venezuela, es horrible”. Además, el pesar de los venezolanos termina de agravarse cuando, al llegar a una nueva frontera, les impiden la entrada. Dormir en el piso y arroparse con las asperezas de la calle alimenta el dolor de la despedida.


Por si no lo viste