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El drama eléctrico en Venezuela y los riesgos detrás de sus posibles soluciones


Sab, 29/06/2019 - 12:21

En Venezuela el caos se convirtió en lo cotidiano. Calles y avenidas desoladas desde las primeras horas de la noche, autopistas iluminadas por el eventual paso de un vehículo, centros de salud carentes de servicios, viviendas que asemejan un horno, electrodomésticos dañados y familias enteras recurriendo a las cañerías de la ciudad para poder surtirse de agua son parte del día a día de una población golpeada por la mala gestión del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) del país, un problema que se ha recrudecido con el paso del tiempo.

 

 

Por Adriana Fernández | @adrianakfv

 

El 7 de marzo de este año los venezolanos se preparaban para regresar a sus hogares cuando un apagón dejó sin luz a 22 de los 23 estados del país, incluida la capital.

El colapso de los servicios públicos y de las principales arterias viales de Venezuela protagonizaron la tarde de aquel jueves y marcaron el inicio de un caos generalizado en el país. Comercios cerrados por la falta de electricidad, hospitales sin plantas incapacitados para atender a los pacientes y la falta de agua potable fueron parte de las consecuencias de una falla eléctrica que se mantuvo durante aproximadamente 120 horas.

Venezuela no terminaba de recuperarse del apagón cuando una nueva falla se produjo el 25 de marzo para dejar sin luz a la capital y a 21 estados por más de 48 horas.

La situación volvió a repetirse el 29 de marzo durante varias horas más, por lo que Nicolás Maduro anunció un “plan de administración de carga” para racionar la electricidad durante 30 días, una medida que volvió a excluir a Caracas.

 

La organización Médicos por la Salud realizó un monitoreo de la situación de los hospitales durante el segundo apagón de marzo. El reporte arrojó que al menos seis personas fallecieron ante la imposibilidad de recibir atención médica por la falta del servicio.

Una mujer de 81 años falleció en Aragua el 26 de marzo por el apagón / Imagen de Médicos por la Salud @medicosxlasalud

El 27 de marzo Médicos por la Salud confirmó la muerte de una mujer de 75 años en un hospital de Aragua por la falta de electricidad / Imagen de Médicos por la Salud @medicosxlasalud

Un paciente del Hospital Central de San Cristóbal falleció el 28 de marzo al no poder ser intervenido por la falta de luz / Imagen de Médicos por la Salud @medicosxlasalud

El 30 de marzo se registraron las muertes de dos pacientes del Hospital Magallanes de Catia por la falta de luz / Imagen de Médicos por la Salud @medicosxlasalud 

 

Dos neonatos fallecieron en el Hospital Central de Maracay el 1 de abril por la falta de electricidad / Imagen de Médicos por la Salud @medicosxlasalud 

Las versiones oficiales de una “guerra eléctrica” por parte de las autoridades contrastaron con las ofrecidas por especialistas en el área como José Aguilar, quien señaló que el apagón del 29 de marzo se debió a la explosión de uno de los autotransformadores que formaba parte de la Subestación Guri B, en el estado Bolívar.

 

Explicó que la falla en un bushing un componente eléctrico que lleva gases dieléctricos ocasionó que gases combustibles se acumularan y se mezclaran con el aire del exterior, provocando la pérdida del equipo valorado en 5 millones de dólares.

Cifras tomadas del Comité de Afectados por los Apagones

 

Trabajos en el Guri: ¿La verdadera solución?

Han pasado cuatro meses desde el primer apagón masivo de 2019 y gran parte del país aún experimenta constantes fallas eléctricas. Aguilar señala que ante las condiciones del sector, las autoridades de Corpoelec intentan hacer un banco de autotransformadores en el AT2, donde se produjo la explosión a finales de marzo.

“Esto se está haciendo utilizando un transformador monofásico de reserva que está en Guri, uno que se ha movilizado desde la Subestación Yaracuy y otro que se ha traído también desde la Subestación San Gerónimo B, en el estado Guárico”, dice Aguilar, quien detalla que cada uno de los aparatos genera 500 megavoltios amperios (MVA).

Un ex trabajador de Corpoelec que formó parte de la empresa por más de 20 años y que prefirió mantenerse bajo anonimato indicó que la estatal se apoyó en las Fuerzas Armadas y en un contratista privado para poder movilizar el equipo.

“Lo desmontan, lo desarman, le sacan el aceite, lo llevan a Guayana y allá lo vuelven a armar, le vuelven a poner el aceite y lo vuelven a probar”, detalla.

Por otro lado, Aguilar explicó que la Subestación Yaracuy alimenta a Los Andes, Los Llanos y a los estados Lara y Zulia, mientras que la Subestación San Gerónimo B permite que tanto Caracas como el centro y el occidente del país reciban electricidad.

El experto agregó que la unión de los equipos permitiría generar 1.500 megavatios, los que podrían reducir el racionamiento eléctrico en Venezuela entre 1.300-1.400 megavatios. Sin embargo, indica que la medida, a la que califica como un intento desesperado, implica un importante riesgo para la estabilidad del sistema eléctrico.

“Si ocurre otra falla en el AT2, nos quedaríamos expuestos a que no puede ocurrir ninguna otra falla en la Subestación San Gerónimo B o en la Subestación Yaracuy, porque hemos sacado los transformadores de reserva que había en esas ubicaciones, dos subestaciones sumamente importantes dentro del sistema de transmisión de Venezuela”, advierte.

A juicio de Aguilar, la extracción de los equipos de reserva requería de una orden de compra previa para poder reponer los autotransformadores. Sin embargo, acota que pocas empresas en el mundo están calificadas para la fabricación de los aparatos, un proceso que puede demorar entre 18 meses y dos años.

“Eso es si pagamos, porque con la mala fama de paga que tenemos en el mundo, nadie nos va a prestar atención”, lamenta.

De la misma forma, el ex trabajador de Corpoelec consideró que la falta de dinero impidió que la empresa pudiera realizar la compra. “Decidieron desvestir un santo para vestir a otro, lo cual desde el punto de vista del sistema eléctrico es tolerable”, considera.

Otro pesar: un sistema sin mantenimiento

La falta de mantenimiento del sector eléctrico ha sido una de las causas a la que muchos expertos atribuyen la crisis que atraviesa el país en la actualidad. El ex empleado de Corpoelec resalta dicha situación; sin embargo, considera que los técnicos que quedan, “porque se ha ido la mayoría del personal capacitado”, hacen lo mejor que pueden.

Aguilar considera que las autoridades de Corpoelec debieron operar el sistema de una forma más prudente y hacer los mantenimientos respectivos en los centros para prevenir las fallas que tuvieron lugar en marzo.

“También debieron ser transparentes y dejar la zozobra para que el país no estuviera viviendo estas consecuencias. Si usamos el último apagón del 25 de marzo, a Corpoelec le tomó como un mes para elaborar un plan, un nuevo ministro, etc. Creo que ellos ya sabían qué maniobras tenían que hacer para paliar la situación”, consideró.

El experto en materia eléctrica reitera la necesidad de que cada subestación cuente con equipos de repuestos que permitan lidiar con un nuevo inconveniente.

“Nosotros debemos tener todos nuestros equipos disponibles y cada subestación y planta debe tener sus repuestos estratégicos in situ para dar confiabilidad y minimizar los tiempos de reparación en caso de avería. Si usted no tiene eso, si se canibalizan los equipos, se violan límites, no se hace mantenimiento, entonces cualquier problemita se convierte en una crisis monumental. Eso es inadmisible, hay que hacer las cosas como deben ser”, dijo.

“Aquí no hay nadie deseando que Corpoelec y la gente que está haciendo el esfuerzo fracase, sería antinatural. Pero vamos a suponer el caso de que tengan éxito y vuelven a las mismas malas costumbres de siempre, esos equipos van a fallar y cuando ocurra el siguiente problema ya no tendremos repuestos. Entonces, ¿qué vamos a hacer? No es viable como ellos lo están haciendo y manejando, hay que salir de ellos, no queda de otra”, comentó.

El problema de privilegiar a Caracas 

Pasan los días en Caracas y la cotidianidad pareciera haber regresado a la vida de sus ciudadanos. Para algunos, las fallas eléctricas que afectaron al país hace aproximadamente tres meses parecen formar parte del pasado; para otros, los equipos dañados por los apagones y el eventual titilar de los bombillos los mantiene en la zozobra de que, una vez más, dejen de contar con el servicio de electricidad.

El sentimiento se acentúa en el interior del país. Habitantes de Maracaibo aún lidian con las consecuencias de las constantes fallas eléctricas: la pérdida de electrodomésticos, la desolación de la ciudad por el cierre de sus comercios y los chorros de sudor que recorren el cuerpo ante la falta de equipos de ventilación forman parte de un nuevo estilo de vida impuesto por un racionamiento eléctrico que perdonó a los caraqueños.

Para Aguilar, la distribución desigual de los cortes de electricidad beneficia a la capital por ser la localidad en la que se encuentran los poderes públicos de Venezuela. Sin embargo, advierte que dicha situación podría traer graves consecuencias.

“Eso hace que en cualquier momento Caracas también se puede quedar apagada, porque simple y llanamente se crean desbalances antinaturales en un sistema interconectado, donde lo que uno hace en un sitio tiene consecuencias en el resto del sistema”, considera.

La falta de combustible no mejora la situación de las plantas que dependen de él. Unidades eléctricas como las que surten a Los Andes o al estado Zulia presentan mayores dificultades por encontrarse lejos del centro de producción.

Una situación común para el venezolano

La decadencia del sector eléctrico no es un mal reciente en el país. Desde su nacionalización con la creación de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), en el año 2007, por decreto del entonces presidente Hugo Chávez, el sistema  ha ido en picada.

Múltiples apagones se han generado desde entonces. El primero de ellos ocurrió en abril de 2008, cuando aproximadamente 40% del país dejó de recibir suministro eléctrico durante al menos tres horas.

Un año después, una prolongada sequía a mediados del año 2009 provocó que el agua en la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, ubicada en la represa del Guri y de la que dependía la mayor parte de la energía que los venezolanos consumían, disminuyera a niveles críticos.

La situación hizo que el gobierno nacional decretara un estado de emergencia en febrero de 2010 y aplicara un racionamiento eléctrico durante cuatro meses, una medida que exoneró a Caracas.

El apagón se repitió en abril de 2011. La falla de dos de las líneas de mayor capacidad mantuvo 15 minutos sin luz a la capital; sin embargo, otros estados estuvieron a oscuras durante horas. El racionamiento eléctrico volvió a tocar las puertas de los venezolanos para quedarse tres horas cada día y la versión de un “sabotaje al SEN” pasó a ser la nueva teoría gubernamental.

Pasaron dos años hasta que el anuncio de la muerte de Chávez, en marzo de 2013, agitó el acontecer político y dio paso a Nicolás Maduro como el nuevo presidente de la nación en abril de ese mismo año.

Apenas cinco meses después de su proclamación, el 3 de septiembre, 19 de los 23 estados resultaron afectados por una nueva falla eléctrica de varias horas de duración. Un “ensayo general” para perpetrar un golpe de Estado en su contra fue la respuesta de Maduro ante el apagón.

Más de 10 estados de Venezuela y varios sectores de Caracas sufrieron otro corte de energía el 27 de junio de 2014. Los racionamientos eléctricos continuaron durante los siguientes años, pero no fue suficiente para evitar las constantes fallas del servicio en la capital y en varios estados.

“Venezuela va rumbo a convertirse en una potencia energética mundial”. Han transcurrido 11 años desde que Chávez pronunció aquella promesa. Desde entonces cada vez más bombillos dejan de brillar en un país cuyos ciudadanos han tenido que aprender a cocinar con leña, a recoger agua de lluvia para lavar, a bañarse con tobos y a racionar los escasos recursos con los que cuentan en sus hogares para tratar de sobrevivir en una revolución que recibió un Estado rico en recursos y lo convirtió en el resultado del socialismo del siglo XXI.


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