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Periodismo en Venezuela: una batalla contra la censura y las agresiones


Jue, 27/06/2019 - 00:08

En los últimos años se ha evidenciado el aumento de los cierres, bloqueos y agresiones a la prensa. Marco Ruiz, presidente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), aseguró que Nicolás Maduro se convirtió en el principal enemigo de la prensa, a pesar de que se consideraba que era Hugo Chávez

Gregory Jaimes ha sido uno de los periodistas venezolanos que ha sufrido las arremetidas del régimen de Nicolás Maduro

Ocho años después de la llegada de Hugo Chávez al poder, la libertad de prensa recibió su primer golpe, un golpe frío e inimaginable, el cierre de la señal de Radio Caracas Televisión (RCTV). 12 años más tarde, su sucesor, Nicolás Maduro, convertiría la labor periodística en causa de persecución y censura, además de un acto de valentía. Medios cerrados, censurados, periodistas agredidos, detenidos y deportados es parte de la tormentosa relación de Maduro con la prensa en Venezuela. 

La censura en el país se agravó en diciembre del año 2007 con la orden de Chávez de retirar las concesiones a RCTV por considerarlo como “una compañía golpista”.  El caso del canal es el ejemplo de la batalla comunicacional entre el chavismo y los medios venezolanos.

En el año 2009, Diosdado Cabello, en ese entonces director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), ordenó la salida del aire de 34 emisoras de radio y televisión. Este episodio de la historia comunicacional se conoció como ¨Radiocidio¨. 

De acuerdo con Conatel, las causas del cierre masivo de las radios fueron por el vencimiento de las concesiones sin que fuera solicitada la renovación, muerte del concesionario original y cambio del titular sin notificación previa, autorización por la comisión de telecomunicaciones, entre otras.

“Es grato dirigirme a ustedes para notificarles que están fuera del aire”, se lee, a secas, en una de las notas enviada por el organismo regulador de telecomunicaciones a las emisoras de radio.

Un mes antes, el organismo regulador realizó un censo de las estaciones de radio que funcionaban en el país y, supuestamente, les informó que debían solicitar las concesiones y presentar la documentación que avala la vigencia de su licencia. Según el reporte, 240 emisoras no acudieron a entregar lo requerido y por eso debían salir del aire. 

La organización no gubernamental Human Rights Watch ( HRW) señaló que en el gobierno de Chávez, y actualmente en la gestión de Nicolás Maduro, han permitido que intimiden censuren y persigan a sus críticos, lo que incluye a la prensa que está en contra del oficialismo. 

Mientras que la organización Reporteros sin Fronteras indicó en el año 2013 que los medios de comunicación en Venezuela están casi en su totalidad dominados por el Estado y las cadenas, los funcionarios oficialistas aseguran que la mayoría de los medios son privados y una pequeña parte representa la propiedad estatal y medios comunitarios. 

Artículo 58. La comunicación es libre y plural, y comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como el derecho de réplica y rectificación cuando se vean afectados directamente por informaciones inexactas o agraviantes. Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información adecuada para su desarrollo integral.

“Hay una intención de establecer la censura, de doblegar los medios y silenciar lo que está ocurriendo. En efecto esa intención se ha evidenciado con el cierre de medios y la negación de renovación de concesiones, el resultado es claro. Hay una política pública dirigida a silenciar a los medios de comunicación y pretende imponer la opacidad como una política de Estado”, apuntó Marco Ruiz, presidente del Sindicato de Trabajadores de la Prensa (SNTP). 

En los últimos años ha aumentado la cifra de medios que han tenido que cerrar  --66 desde el año 2013, de ellos, 35 en 2018-- de acuerdo con datos del Instituto Prensa y Sociedad. Actualmente, se registran otros tipos de acciones con el fin de invisibilizar a los medios críticos y ocultar informaciones específicas que no sean del agrado del Estado.

Ruiz indicó que de los 100 medios de comunicación que existían en el país desde el año 2004, actualmente se encuentran operativos 30 de ellos. 

Uno de los casos que marcó la historia comunicacional en el país fue la compra de Globovisión por empresarios cercanos al chavismo, quienes son los actuales dueños del canal. En un informe introducido ante la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, entidad suscrita a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CDH), la periodista Nitu Pérez Osuna contó sobre el drástico cambio en la política editorial de Globovisión y la forma en la que el canal de noticias procedió a deshacerse de aquellos periodistas que ejercían el periodismo independiente en el país. 

Durante la gestión de Maduro, los mecanismos de censura han cambiado. Durante las protestas del año 2014 se registró un masivo bloqueo de aplicaciones como Twitter, a las que los ciudadanos acudían para informarse sobre la represión por parte de los funcionarios de seguridad del Estado.

“Nicolás Maduro se ha convertido en el principal violador de los derechos humanos en la historia democrática del país, también en el carcelario de periodistas venezolanos y extranjeros. Cuando nosotros creíamos que Hugo Chávez había sido el principal enemigo de la prensa, lo conocimos a él”, enfatizó el presidente del SNTP. 

Medios extranjeros fuera de la parrilla

En los últimos años los venezolanos han optado por acudir a los canales que presentaban las televisoras por suscripción, pero el Estado venezolano siguió dando golpes a la prensa y al derecho de los ciudadanos de estar informados. 

Desde las protestas del año 2014, lideradas por el opositor Leopoldo López, se evidenció el intento de frenar la información en el país. ‘Lo que ocurre en el país no se puede ocultar ni censurando a los medios internacionales y nacionales”, expresó Ruiz. 

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Mientras la represión por parte de funcionarios de seguridad era más evidente, aumentaban las arremetidas contra la libertad de prensa. El nuevo mecanismo del régimen fue sacar del aire a los medios internacionales.

Periódicos tradicionales obligados a desaparecer

Las ediciones impresas de los medios del país han desaparecido masivamente, algunos han reducido sus páginas. De acuerdo con estadísticas del Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS), desde el año 2013, momento en que llegó Maduro al poder, han dejado de circular al menos 66 diarios. 

El alto costo del papel periódico ha obligado a los principales medios impresos de cada entidad del país a desaparecer de los quioscos. 

En el informe Sin periódicos: menos noticias en Venezuela de la organización no gubernamental Espacio Público, se señaló que el gobierno venezolano eliminó en el año 2012 el papel de prensa como bien de importación prioritaria. A partir de ese año los medios impresos que importaban el papel debían cumplir con una serie de trámites para pagar al proveedor extranjero y obtener el producto. 

Este año se vieron afectados 53 periódicos: 40 cerraron y 13 redujeron sus ediciones o eliminaron secciones para mantener la circulación. En algunos casos priorizaron contenidos para eliminar otros. 

La crisis del papel para los diarios venezolanos incrementó en el año 2018. Algunos terminaron obligados a bajar la santamaría, varios migraron a las páginas web y otros simplemente desaparecieron. 

Espacio Público indicó que en el año 2018 en 10 de los 24 estados del país no circulaban periódicos por falta de materia prima debido a la crisis económica.

La ONG detalló que en Amazonas existe una grave ausencia informativa: El Amazonense, El Autana, El Chamancito, El Delta de Amazonas y El Kiki Riki no circulan en la entidad. En Apure, a mediados del año 2018, se quedaron sin los tres principales medios que informaban a la población: Visión Apureña, NotiSemana y Diario ABC.

En el caso de Barinas, ya no queda ninguno. A inicios del año pasado existían dos diarios que dejaron de circular en mayo. En Cojedes, circulaba Las Noticias de Cojedes pero cesó su producción también en el mes de mayo. El Periódico del Delta desapareció de Delta Amacuro en junio (2018).

En Monagas la circulación de medios llegó hasta inicios del año 2019, debido a que La Prensa de Monagas, El Periódico y El Sol de Maturín decidieron hacer una pausa para ahorrar insumos. Un caso similar fue el de Última Hora de Portuguesa, que detuvo sus actividades varias veces durante al año para intentar mantener la circulación; sin embargo, en agosto tuvieron que cerrar sus puertas luego de los anuncios económicos de Maduro.

Muchos de los medios de comunicación migraron a la plataforma 2.0 y tantos otros reforzaron su mecanismo en la web junto con sus redes sociales. Sin embargo, la represión contra la prensa escaló otros niveles. 

Bloqueos a medios digitales

Ante los evidentes ataques y violaciones de la libertad de expresión y prensa, los cuales se han evidenciado con el cierre de medios o la discrecionalidad en la distribución de las divisas necesarias para la compra de papel periódico, los mecanismos del oficialismo se incrementaron. 

Para enero del año 2019 el régimen de Nicolás Maduro ordenó el bloqueo de decenas de medios de comunicación digitales, teniendo en cuenta que en la actualidad las redes sociales y las páginas web tienen gran influencia en la población y se han posicionado como grandes herramientas para acceder a la información.

El presidente del SNTP, Marco Ruiz, señaló que Michelle Bachelet, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, expresó su solidaridad ante la crisis en Venezuela. Recordó que hace dos meses Bachelet presentó un informe en el que hizo referencia a la censura, al bloqueo  y cierre de medios y a la persecución contra periodistas. 

“Con ese informe de alguna manera la alta comisionada anticipó cuál puede ser su percepción de derechos humanos en el país”, dijo. 

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Días antes de la vista de la representante de la ONU al país, se denunció el bloqueo de algunos medios digitales que todavía eran visibles mediante de los servicios de Cantv.

“Los bloqueos de los medios digitales se han convertido en una nueva piedra de tranca para que los medios independientes no puedan informar, aunque creo que eso no va a resultar”, reiteró. 

En los últimos años, Nicolás Maduro ha desgastado a la prensa nacional y regional, los ciudadanos han dejado de contar con la visibilización de las problemáticas que los aquejan. 

Venezuela se suma a una larga lista de países como Sudán, República Democrática del Congo, Zimbabue e India, donde utilizan los bloqueos y apagones como armas cuando la situación política y social no beneficia a la gestión de turno.

Una labor de alto riesgo: seguir informando en Venezuela

Muchos periodistas venezolanos tienen en común historias de detenciones y agresiones en su contra por parte de funcionarios de seguridad del Estado y grupos civiles armados. A pesar de eso, continúan en las calles ejerciendo su labor y asumiendo los peligros que trae consigo el periodismo que incomoda al régimen.

Ser periodista en Venezuela se convirtió en una profesión de alto riesgo y Maiker Yriarte, reportero de TV Venezuela, no imaginó lo complicado que sería ejercer la profesión en el país.

“Nunca pensé que ejercer periodismo iba a ser tan difícil como lo es ahora”, aseguró.

Para Yriarte el rol del periodista es luchar en contra del sistema autoritario, que no respeta los derechos humanos ni la libertad de prensa, para hacer valer los derechos de los ciudadanos.

El reportero ha enfrentado diversas situaciones difíciles en el ejercicio de su profesión, entre ellas, las protestas en contra de Nicolás Maduro.

“Al comienzo uno dice no hay miedo, pero luego vas viendo que el miedo sí existe, que está allí y que está latente. Nuestras armas son un micrófono, una grabadora, un teléfono, una cámara y nos enfrentamos a armas de fuego de efectivos militares y civiles que disparan sin mediar palabra“, explicó.

Resaltó que a pesar de los ataques a la prensa se debe seguir informando. Yriarte estuvo detenido por más de 11 horas en el Palacio de Miraflores, cuando se realizó la vigilia a favor de Maduro, y afirmó que esa situación marcó un antes y un después en su vida.

“Fue algo arbitrario y sin necesidad. Te marca la mente porque hay mucha coacción y eso sin duda alguna hace que tu vida tenga un antes y un después, porque ya estás previendo que esos escenarios no vuelvan a pasar“, enfatizó. 

Señaló que los periodistas en Venezuela son el blanco en cualquier escenario, por lo que pide a sus compañeros tener fortaleza, unión y seguir haciendo periodismo colaborativo para evitar detenciones y conseguir mayor presión en el ejercicio de la profesión.

“Creo que es un momento muy importante y que por eso tanto yo, como mis compañeros, estamos apostando al país, porque sin duda alguna todos queremos algo distinto y ese algo distinto depende también de la prensa“, indicó.

Para Gregory Jaimes, periodista de VPI TV, es necesario continuar haciendo periodismo en Venezuela y buscar los espacios que permitan mantener informados a los ciudadanos. 

“Vale la pena seguir informando, lo que no vale la pena es quedarse callado. Los venezolanos tienen todo el derecho de informarse de lo que ocurre pese a las restricciones del régimen de Nicolás Maduro y aquí seguiremos tratando de hallar esas ventanas de libertad para ejercer la prensa libre en medio de esta Venezuela que clama justicia y libertad”, aseguró. 

Estudió periodismo en la Universidad Santa María (USM), pero destacó que en las aulas no se advierten los peligros que pueden correr los periodistas al ejercer. 

Jaimes ha vivido cuatro ataques mientras ejerce su labor: en las protestas antigubernamentales del año 2017 una bomba lacrimógena perforó parte de su tobillo y el 5 de julio del mismo año civiles armados lo golpearon con tubos cuando intentó impedir que robaran a una de sus compañeras dentro de la Asamblea Nacional (AN).

Este año, cuando se dirigía a cubrir la entrada de la ayuda humanitaria el autobús en el que viajaba junto a varios diputados fue secuestrado por grupos civiles armados cuando estaban llegando a San Cristóbal, Táchira. “Nos bajaron del vehículo, me hicieron acostarme en el piso boca abajo, nos patearon y lo mismo hicieron con la diputada Mariela Magallanes; a ella le gritaban improperios justo a mi lado”, relató. 

Durante las manifestaciones del 1º de mayo Jaimes fue herido con un perdigón en la cara. Las fotos y videos del momento del ataque, de su máscara antigas y camisa llena de sangre, junto al micrófono de VPI al que se aferró mientras era auxiliado, circuló en las redes sociales como la imagen de una nueva agresión a la prensa venezolana. 

“Eso es parte de las vertientes que ha generado el periodismo hoy en día, que yo calificaría como un periodismo de guerra”. 

Dos episodios han marcado su vida: el perdigón que impactó en su cara, porque sintió que “no la iba a contar más” y una historia en el barrio San Blas de Petare, Miranda. 

“En Petare tuve que ir a darle cobertura a la situación de la desnutrición: Allí me encontré con una señora que yo no sabía que me había cuidado de pequeño y las condiciones de precariedad en las que ella estaba eran terribles. Al mes de haberle hecho la entrevista, murió”, expresó afligido.  

Jaimes, quien imitaba a los reporteros de Radio Caracas Televisión (RCTV) frente al espejo cuando era niño, aseguró que lo bueno de sentir miedo al salir a las calles es que ayuda a conocer los límites y a canalizar y controlar las emociones. 

“Todos los días cuando salgo a la calle en la Venezuela de hoy, siento miedo. Lo bueno del miedo es que te ayuda a controlar, a ver por dónde te puedes ir y a saber cuál es tu límite”, explicó. 

A pesar de las dificultades que enfrentan los periodistas en Venezuela, Jaimes señaló que seguirá haciendo periodismo siguiendo sus principios, sus valores y lo aprendido en su casa de estudio. 

El esfuerzo de informar a pesar de la crisis 

Lorena Arraiz, como todos los periodistas que viven en el estado Táchira, padece la falta de energía eléctrica, gas, gasolina y cobertura móvil, pero a pesar de eso, continúa informando lo que acontece en la entidad.

“Nosotros trabajamos con electricidad e internet y aunque tengamos megas, cuando se va la luz nos quedamos totalmente incomunicados, hasta los teléfonos fijos fallan. Nuestro gran problema es no poder mandar los trabajos”, dijo. 

Para Arraiz, quien ha visto limitado su trabajo por la falta de gasolina que azota a la entidad, el periodismo en Venezuela está atravesando un momento complicado que ofrece muchas oportunidades e historias que contar. 

“Lo que está registrando el periodista venezolano, el que está diciendo la verdad, va a ser parte de la historia contemporánea. En nuestro trabajo periodístico estamos contando las terribles realidades y es momento de que el periodista aproveche sus recursos para informar a una sociedad desinformada”, resaltó.

La periodista, quien también ejerce como profesora en la Universidad de Los Andes (ULA) aseguró que una de las situaciones más difíciles que le ha tocado informar fue el asesinato de Luigi Guerrero el 23 de enero del año 2019. Al momento, no se percató de que el joven había sido su alumno, y para ella, también es complicado tener a una hija periodista y saber los riesgos a los que se enfrenta cada vez que sale a la calle a trabajar. 

“Las protestas no son difíciles para nosotros porque no son hostiles con el periodista, el asunto es tener que trabajar y no tener como pasar la información. En nuestro caso, ir a la frontera, que es nuestra principal fuente de noticias, es bastante complicado por la distancia, porque no hay transporte público, entonces por donde lo veas tenemos bien limitado y complicado el trabajo”, afirmó. 

Aunque asegura que los periodistas “llevan todas las de perder”, admira que sus colegas sigan dando la cara a pesar de las adversidades.  “Mis respetos al periodismo en Táchira, todo se sigue contando porque los periodistas están haciendo su trabajo como corresponde”. 

Periodismo venezolano desde el extranjero: la realidad de Elyangelica González

31 de marzo del año 2017. Lo que le ocurrió ese día a la periodista Elyangelica González fue el momento más difícil que le tocó enfrentar mientras ejercía su profesión. 

González se encontraba cubriendo una protesta estudiantil en los alrededores del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y fue agredida por funcionarios de la Guardia Nacional (GN). 

“Sin dudan la situación más difícil que me ha tocado enfrentar fue tener que salir del país, prácticamente escondida, por lo que había pasado. No solamente fue la agresión directa por parte de la GN, sino el hecho de que me haya convertido en un blanco de amenazas, sobretodo contra mis hijos y familia. Eso fue sumamente doloroso, es de las peores cosas que me ha pasado“, dijo González. 

Aseguró que en esa situación sintió que las cosas cambiaban radicalmente y no tenía cómo defenderse. “Fue una circunstancia adversa, fue eso lo que me hizo salir del país y hacer una nueva vida“.

González, quien actualmente forma parte del equipo de Univisión, resaltó que lo más importante del periodismo es entender cuál es la misión que hay que cumplir: hacerle llegar a la gente la información que necesita. 

“Creo que no me equivoqué al elegir esta carrera. No me arrepiento ni un solo día de mi vida porque amo hacer periodismo“, expresó.

Para González el momento que está viviendo la prensa en Venezuela tiene contrastes. Están los que callan y los que luchan por contar realidades. 

“El periodismo esta sufriendo los embates de la censura más férrea y más terrible que se ha aplicado en nuestra historia, pero también hay un periodismo que emerge de toda esta circunstancia y se hace de la necesidad de informar oportunamente y de seguir haciendo el periodismo aguerrido que contrasta, que analiza, que adversa y que confronta“, enfatizó. 

Resaltó la labor de los medios de comunicación alternativos que han surgido para contar la realidad de un país en crisis. 

“Hay medios que no han dejado que la verdad se deje de decir. El hecho de que existan estos periodistas aguerridos que se resisten a caer en la censura es muy importante para que la gente siga estando informada“, señaló. 

González afirmó que el periodismo venezolano se está renovando, mientras que que algunos han elegido el camino del silencio. “Gracias a Dios son muy pocos los que han optado por eso“, comentó. 

A su juicio, hacer periodismo sobre Venezuela desde el extranjero la obliga a leer más acerca de lo que sucede en el país. Aseguró que desde lejos se obtiene una visión diferente que permite sacar otras conclusiones. 

“Estando afuera también se hace un trabajo formidable, y habló de todos los colegas que nos encontramos fuera del país, porque de alguna manera nos da la facilidad del contraste que a veces hacer en Venezuela es complicado. Estamos tan sumidos en la crisis interna que ver algunas otras cosas nos resulta un poco más difícil“, opinó. 

González afirmó que la misión del periodista se cumple cuando la ciudadanía obtiene la información y las herramientas necesarias para ver todas las aristas de una misma historia. “Eso para mí es periodismo, que tú puedas contrastar entre todas las cosas, no que solamente puedas ver una realidad“. 

“Yo pretendo que la gente esté debidamente informada de las cosas y que además tengan a la mano datos disponibles cuando tengan que tomar un decisión que es crucial para su vida, comunidad o para su país. En definitiva. creo que tenemos que adecuarnos, entre las limitaciones, a ofrecer la mejor posibilidad de que la gente se informe oportunamente“, aseguró.

Libertad de expresión en Venezuela: datos de una crisis

El periodismo en Venezuela, por definición, es develar información que otros poderes procuran ocultar, pero en el país se ha tornado especialmente arduo. El mayor obstáculo es la falta de medios de comunicación que no disponen de suficientes recursos ante un gobierno defensor del pensamiento único.

La impunidad constituye un desestímulo para quienes ejercen la profesión, pero muchos periodistas asumen con entereza que esas son, ciertamente, las circunstancias sobre las que deben actuar. 

En el primer trimestre de este año, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa en Venezuela (SNTP) constató que se registraron 34 detenciones a periodistas, de las cuales 13 se produjeron en las adyacencias del Palacio de Miraflores, incluyendo los reporteros y productores de Univision que acompañaban al periodista mexicano Jorge Ramos y que fueron puestos en libertad poco después para ser deportados. Además, decenas de periodistas se han visto obligados a exiliarse en los últimos años.

El equipo de Ramos no ha sido el único de un medio extranjero en sufrir las arremetidas de las fuerzas de seguridad venezolanas. El pasado 30 de enero y tras la declaración de Juan Guaidó como presidente interino, tres periodistas de la agencia de noticias española Efe fueron detenidos junto a su conductor. Un día después fueron puestos en libertad. 

Internet y las redes sociales se han convertido también en el espacio donde el oficialismo busca alimentar su discurso. 

El país ejemplifica como ningún otro tema los riesgos que acompañan al periodismo. Se trata de un país sobre el que no se informa, en su lugar se deforma. Vulnerando el derecho de los ciudadanos a estar informados, los inducen a pensar de determinada manera mostrándoles una información parcial que no responde a las preguntas básicas del periodismo: qué, quiénes, dónde, cuándo y por qué. 

La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) censuró la señal de los canales CNN Internacional y BBC Mundo. Tanto CNN en Español como NTN24 de Colombia permanecen censurados. La misma situación enfrenta el portal web Infobae desde el 10 de octubre del año 2014.

El Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela ha documentado 2059 casos de agresiones a los trabajadores de la prensa desde 2005, más el asesinato de siete reporteros. Estos números incluyen, entre otros, agresiones físicas, impedimentos para consultar a funcionarios, censura previa y campañas difamatorias contra periodistas a través de los medios del Estado.

La intimidación es el riesgo con mayor recurrencia. El SNTP evidenció que en 22 estados del país yl Distrito Capital, los victimarios más destacados son los cuerpos de seguridad del Estado y los funcionarios del gobierno. Los siguientes sujetos de intimidación más frecuentes consisten en actores del crimen organizado: colectivos armados y bandas regionales siendo la intimidación una política de Estado para el amedrentamiento de la labor periodística.

En la clasificación mundial de Reporteros Sin Fronteras (RSF), Venezuela pasó a ocupar la casilla 143 y el país experimentó la mayor caída del continente, perdió seis lugares en comparación con la edición anterior de esta evaluación anual. Durante el año 2017, de acuerdo con este informe internacional, el gobierno de Nicolás Maduro siguió distinguiéndose por sus excesos autoritarios hacia la prensa independiente, al igual que los corresponsales de medios de comunicación extranjeros, son constantemente el blanco de la policía y de los servicios de inteligencia venezolanos. 

Los periodistas padecen cada vez más agresiones durante las manifestaciones, detenciones arbitrarias –durante las cuales pueden sufrir agresivos interrogatorios–, así como la destrucción de su equipo; también se hizo frecuente la expulsión de corresponsales extranjeros, una práctica no habitual en el pasado.

Reporteros Sin Fronteras, asimismo, constató que, durante 2017, en Venezuela, también aumentó la censura directa del Estado, ya que la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) privó de frecuencia a numerosas radios y televisiones críticas; por otra parte, la escasez de papel golpeó a la prensa escrita de oposición.

Otra arista, no menos preocupante, lo constituye el informe elaborado por el capítulo venezolano del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) sobre la libertad de expresión en Internet que llevó por título “Internet con la bota puesta”, también difundido en mayo del año 2018. 

La desaparición de medios impresos es un fenómeno que puede aumentar la desinformación de los ciudadanos y reducir la pluralidad de contenidos y la diversidad de voces necesarias para el ejercicio de la libertad de expresión. La escasez informativa facilita la imposición de la voz oficial como versión única a la que tienen acceso los ciudadanos.

Las causas de la desaparición de los medios, de acuerdo con los estudios de IPYS, son los controles relacionados con la venta y distribución de papel, la hiperinflación, la contracción económica y el acceso a insumos como planchas y tintas. Hace cinco años circulaban por lo menos 90 medios impresos en 20 estados del país, hoy solo lo hacen alrededor de 20, lo que supone una disminución del 68% de los medios impresos.

Aislamiento, un proceso de rutina en los periodistas extranjeros

“Es apenas un procedimiento de rutina”, fueron las palabras de un uniformado al periodista colombiano, Leonardo Muñoz, que darían inicio a la experiencia que los llevó a no tener contacto con el exterior, en otro país, durante 24 horas en la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), en Caracas.

El fotoperiodista de nacionalidad colombiana de la Agencia Efe, Leonardo Muñoz, desapareció junto al mototaxista venezolano José Salas, además de la comunicadora colombiana Mauren Barriga y el español Gonzalo Domínguez cuando ejercían su profesión en Caracas en medio de la crisis que vive Venezuela.

Muñoz fue apresado cuando tomaba fotos a unos graffitis en las adyacencias de un edificio gubernamental en el centro de Caracas. El medio de comunicación perdió el contacto con él y con el conductor que lo acompañaba, José Salas, de nacionalidad venezolana, quien también fue detenido.

“El personal de la Contraloría de la República me quitó todo tipo de documentación, yo estaba haciendo unas fotos de graffitis, pero uno en particular me indicó que estaba muy cerca de ese edificio, por lo que el personal de seguridad me hizo identificarme. Posteriormente, me detuvieron y me aislaron”, comentó el fotógrafo. 

Una hora tardaron los funcionarios del Servicio de Inteligencia (Sebin) en ubicar el sitio y llegar al lugar, mientras que la redacción que se dedicaba a intentar localizar a los dos compañeros desaparecidos. Los abogados recorrieron todos los puntos de detención de las diferentes entidades en Caracas sin ningún éxito.

Desconsolados por las dos ausencias, dos periodistas del medio acudieron al hotel en que se hospedan, ubicado casi frente a la sede de Efe en Caracas. En el sitio el lobby del hotel esperaban cinco miembros armados del Sebin.

“Lo están esperando estos funcionarios”, dijo con una mezcla de timidez y miedo el empleado de la recepción.

Pese a su intervención y la de los dos abogados de Efe, Barriga y Domínguez fueron trasladados por los funcionarios del Sebin, que en todo momento fueron extremadamente amables con el equipo periodístico, al Helicoide.

Tal vez la mayor sorpresa en ese momento fue que los uniformados habían accedido a las habitaciones -“siempre acompañados por alguien de seguridad”, dijeron- y tenían el pasaporte español de Domínguez en su poder.

Nada más al llegar, y a modo de ligero alivio, encontraron a Salas y Muñoz esposados y sentados en una oficina funcionarial. Inmediatamente, los dos periodistas llegados de Bogotá fueron esposados y sentados ante los funcionarios.

“Me llevaron al Helicoide y ahí me hicieron fotos de todo, incluso de mis tatuajes. Además, revisaron mi teléfono y cada uno de los papeles que tenía en mi billetera, inclusive respondieron algunos chats en mi nombre”, denunció.

A partir de ahí, y con un buen trato hacia todo el equipo periodístico, los cuatro periodistas extranjeros fueron interrogados durante horas bajo las innumerables postales de Simón Bolívar y de Hugo Chávez.

Muñoz asegura que los uniformados repetían las mismas preguntas una y otra vez: “¿Cómo te llamas?”, “¿Hace cuánto vives en Colombia?”, “¿Hace cuánto trabajas en Efe?”, “¿Por qué has venido a Venezuela?”, “¿Por qué no van a Brasil o a Argentina?”.

Muñoz, Barriga y Domínguez habían entrado al país declarando ser periodistas y habían sido autorizados a acceder al país para realizar su labor después de varias horas varados en el aeropuerto Simón Bolívar de Caracas. Entrevista con el Sebin mediante.

Sin embargo, eso parecía no ser suficiente para ellos, que volvían a preguntar mientras grababan esperando una respuesta que no involucrara esa explicación.

Tras horas de interrogatorios, fotos y vídeos, fueron llevados a un pasillo ciego donde descansaron los cuatro durante un tiempo que no fueron capaces de determinar porque era un espacio sin ventanas que no permitía identificar la luz del día. Preguntar la hora solía tener como respuesta una negativa. Pedir una llamada era imposible.

En cualquier caso, los miembros del Sebin seguían haciendo su trabajo y mientras uno de ellos, particularmente amable y locuaz hablaba de la actitud de las abuelas, uno de ellos se dirigió a Domínguez y le dijo: “La tuya acaba de cumplir 93 años, lo he visto en las fotos del teléfono”.

En horas de la noche, el equipo periodístico fue separado. Los dos colombianos y el español fueron trasladados al Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) ante la posibilidad de ser deportados y Sala, por sorpresa y sin aviso, quedó en El Helicoide.

“Este es un equipo y no te vamos a dejar atrás. Te vamos a estar llamando a ti y a tu mujer hasta que salgas”, fue lo último que le dijeron a Salas antes de que los separan.

“Pasen por aquí, viene alguien importante”, dijo antes de introducir al equipo en una sala de descanso en la que habían pasado reconocimiento médico. Identificar las voces fue imposible. Saber qué decían menos aún. Entendieron que se trataba de su liberación mientras que un funcionario de alto rango del Sebin se acercó a pedir disculpas por la detención arbitraria y recalcó el “buen trato, muy real”, que recibieron durante las horas de aislamiento

En días recientes, medios de comunicación internacionales denunciaron la detención y deportación de periodistas extranjeros en Venezuela, quienes vinieron al país para cubrir la enorme tensión social que se vive actualmente. Los hechos fueron interpretados como una violación a la ley, una clara manifestación de censura y un evidente atentado contra la libertad de información. En contraste, Jorge Arreaza, entre otros voceros del gobierno, ha sostenido que se trata de “una faceta de la operación mediática” contra Venezuela y “de un escándalo mediático”.

 

Silenciar con deportaciones

El  Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela, en dos días fueron detenidos 11 trabajadores de medios de comunicación, 7 de ellos extranjeros. Entre estos, los periodistas franceses Baptiste Des Monstiers y Pierre Caillet fueron deportados. Poco antes de esta denuncia, a través de su cuenta de Twitter, Jorge Arreaza responsabilizó de lo ocurrido a los medios y agencias de noticias internacionales señalando que:

1. El ingreso de algunos periodistas extranjeros fue irregular, pues no se cumplió con la solicitud previa de un permiso de trabajo en los Consulados de Venezuela.

2. Los periodistas “no pueden autoasignarse una acreditación”.

La periodista colombiana Maurén Barriga explicó luego de su detención que se sintió agredida y vulnerada desde el instante que fueron abordados por funcionarios armados del Sebin. Permanecieron detenidos durante 12 horas, fueron fotografiados y les tomaron huellas dactilares, además de ser interrogados por cinco funcionarios, sin permitirles estar asistidos de abogados. 

Lo que establece la ley

Los extranjeros que deseen trabajar en Venezuela deben obtener una autorización del Estado. No obstante, el artículo 17 de la Ley de Extranjería y Migración establece con claridad una excepción expresa a ese requisito: “Los trabajadores de medios de comunicación de otros países debidamente acreditados para el ejercicio de las actividades informativas” no tienen que cumplir con esa obligación.

De manera que los extranjeros que viajen a Venezuela para informar no requieren una autorización laboral. Solo deben contar con la debida acreditación del evento que deseen cubrir. 

Ahora bien, para deportar a algún extranjero se debe abrir un procedimiento administrativo y debe realizarse una audiencia oral para que el extranjero se defienda de los hechos por los que se le quiere deportar, durante lo cual tiene derecho a estar asistido de un abogado.

Por otra parte, el artículo 46 de la Ley de Extranjería y Migración es muy enfático al prohibir rotundamente la privación, incluso la restricción de la libertad del extranjero que se quiere deportar. Frente a esto, el testimonio de la periodista colombiana luce como una evidencia una violación a su libertad.

 

Cárcel o deportación: los riesgos que corren los periodistas extranjeros en Venezuela 

El timbre sonó a las 6:30 am. Abrió la puerta sin pensar que las horas más angustiantes de su vida estaban por empezar. Seis funcionarios armados vestidos de negro estaban apostados en el umbral. Su mente se nubló, no entendía qué pasaba. Escuchó la voz de uno de ellos que le decía que debían revisar su casa al tiempo que le entregaba un documento. El periodista de origen estadounidense residenciado en Venezuela, Cody Weddle, no imaginó que sería tratado como un delincuente por ejercer su oficio en la época de Nicolás Maduro. 

En un momento de claridad, mientras los funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) revisaban sus pertenencias, leyó de forma pausada la orden de allanamiento. Se sorprendió al conocer los cargos por los cuales era investigado: traición a la patria, extracción de artículos militares y espionaje. Estos cargos fueron emitidos por una corte militar, modus operandi reiterado en los tribunales venezolanos en contra de civiles, lo que constituye una acción ilegal. 

Weddle estuvo más de un día bajo custodia policial en la sede del Dgcim en Boleíta. Con una capucha que cubría su rostro, cual delincuente, fue trasladado a un cuarto para ser interrogado. Aclara que nunca sintió miedo de que lo maltrataran o agredieran, pero sí sintió mucha preocupación de que lo dejaran detenido allí, en uno de los centros de tortura más conocidos en el país. 

“En el interrogatorio me preguntaron con quién trabajaba, qué hacía en Venezuela, cuánto tiempo tenía en el país, quiénes trabajaban conmigo, dónde vivían y cómo decidía qué tipo de noticias íbamos a cubrir. Me hablaban con un discurso muy político siempre en contra de Estados Unidos. En un momento se pusieron muy agresivos, me preguntaron quiénes eran los cinco generales del Ejército que yo había entrevistado en La Guaira; pero yo nunca entrevisté a ningún militar. Les dije que no sabía de lo que me hablaban y me dijeron ‘¿Te vas a hacer el duro?’, y les repetí que no sabía de lo que me hablaban”, detalla.

El 6 de marzo del año 2019 Weddle se convirtió en uno de los muchos periodistas extranjeros detenidos y deportados de Venezuela durante los primeros seis meses del año.

El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en El Helicoide, ubicado al oeste de Caracas, es mundialmente conocido por ser un centro de reclusión para presos políticos y prisioneros comunes donde se practica la tortura y la violación sistemática de los derechos humanos. 

A ese edificio, que inicialmente sería un moderno centro comercial en la década de los años 50, fue llevado el periodista español Gonzalo Domínguez Loeda, la editora de video colombiana Mauren Barriga y el fotógrafo colombiano Leonardo Muñoz, todos pertenecientes a la agencia de noticias Efe.

A las 11:30 am desapareció Muñoz mientras cubría las manifestaciones ocurridas en Caracas el 31 de enero. No fue sino hasta las 9:30 pm que la redacción del medio para el que trabajaba se enteró de que el fotógrafo había sido detenido y llevado a El Helicoide. Por su parte, el periodista Gonzalo Domínguez, preocupado por la situación de su compañero, relata que se mantuvo siempre en contacto con sus familiares, sin pensar que horas más tarde correría la misma suerte que el fotógrafo, pues sería detenido y llevado al mismo centro de reclusión por funcionarios del Sebin junto a Mauren Barriga.

“Nos dijeron que debíamos acompañarlos para responder unas preguntas, no nos dijeron para qué”, narra González, quien al entrar a El Helicoide sintió preocupación al ver que lo esposaban como si fuese un delincuente. Al verse en esa situación preguntó si estaba siendo investigado y era acusado de algo, pero le respondieron que no, sin mayor explicación. Así, sin motivo aparente, pasó una noche completa en El Helicoide, lugar donde también se encontraba recluido el periodista alemán Billy Six. 

“Por mi mente lo que pasaba era mi familia, mis padres y especialmente mi hermano. Me imaginaba cómo podrían estar recibiendo la noticia. Yo pensaba en las conversaciones que tuve horas antes con la familia de Leo e imaginaba cómo estaban reproduciendo esa misma conversación con mi familia”. 

La pauta de ese día era importante: la gran protesta nacional convocada por el presidente interino Juan Guaidó en todo el país. El equipo de corresponsales de la agencia Efe ingresó al país de forma normal. Llegaron al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía el 29 de enero, pasaron por Migración, los agentes revisaron sus pasaportes, se identificaron como periodistas y explicaron que los equipos que llevaban consigo eran para cubrir las manifestaciones del día siguiente. Los oficiales les permitieron la entrada al país sin ningún inconveniente. 

Domínguez sintió miedo, un miedo latente por no saber lo que estaba ocurriendo, y por la posibilidad de que lo dejaran detenido. En ese tiempo la detención del periodista alemán  Billy Six tuvo un gran despliegue mediático, por lo que el español se imaginaba corriendo la misma suerte de su colega. 

“Estar en El Helicoide genera miedo por esa fama tan horrible que tiene, y al estar adentro efectivamente corresponde con un lugar sombrío y tenebroso”, describe Dominguez. 

En ese punto coincide Weddle, quien no estuvo preso en El Helicoide pero sí permaneció varias horas en la sede del Dgcim en Boleíta. A pesar de que la mayor parte del tiempo permaneció encapuchado, los pocos momentos en que su rostro estuvo libre se dio cuenta de que no estaba en una prisión normal. Paredes blancas en la mayoría de las habitaciones y oficinas dan cuenta de un lugar también famoso por sus custodios agresivos y torturas constantes, aunque aplicadas principalmente a militares desertores. Mientras esperaba en un cuarto blanco a que lo trasladaran a otra oficina para continuar con el “interrogatorio”, notó un dibujo en la pared que le llamó mucho la atención. Era “Jesús, Dios y María”, dice Weddle. 

Al conocer la situación de los periodistas, tanto la del estadounidense como la del equipo de Efe, los medios de comunicación y distintas ONG exigieron vehementemente la liberación de sus colegas, bajo la premisa de la libertad de expresión en Venezuela y el derecho que tiene el mundo de conocer lo que ocurre en el país. 

Las organizaciones Espacio Público y Reporteros Sin Fronteras denunciaron la situación en redes sociales y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) exigió la liberación inmediata de los periodistas. 

“Quizá lo más angustiante es no saber qué está pasando afuera. Luego supe que los medios de comunicación se hicieron eco de nuestra detención y que eso fue una acción fundamental para nuestra liberación”, dice Domínguez. La misma situación ocurrió con el estadounidense Weddle, a quien no le permitieron hacer la llamada telefónica de rigor porque no querían que “afuera se enteraran de lo que estaba ocurriendo con él”. Sin embargo, lo liberaron porque en las adyacencias del Dgcim se concentró un grupo de personas conformado por periodistas y ciudadanos. 

Al ver la revuelta que había causado el procedimiento “secreto” contra Weddle, los organismos de seguridad del Estado optaron por terminar con su detención y deportarlo. Weddle fue montado en una camioneta y llevado al aeropuerto, donde le devolvieron sus “cuatro peroles”, mientras que en todo momento su pasaporte fue retenido por un custodio. No pasó por Migración, entró por una puerta de seguridad y esperó que tramitaran los documentos necesarios para que, en contra de su voluntad, pudiera abordar un avión con destino a su país natal. 

Durante la era de Nicolás Maduro se han intensificado las agresiones a la prensa y a los periodistas extranjeros. En el primer semestre del 2019, 22 trabajadores de prensa extranjera fueron detenidos o deportados de Venezuela. En marzo de 2019 impactó el caso de Tomek Surdel, corresponsal de Gazeta Wyborcza, quien fue detenido en un punto de control policial por funcionarios enmascarados. Surdel cuenta que fue encapuchado y golpeado, mientras era apuntado con un arma por sus agresores, quienes asegura pertenecen a las Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana. 

Desde el año 2015 se han registrado al menos 50 casos de periodistas y trabajadores de la prensa detenidos en el país y deportados. Entre los registros se encuentran periodistas a quienes no le permitieron la entrada al país y que fueron detenidos durante las coberturas de calle.  

En 2019 un caso en particular resaltó a nivel internacional y fue prueba de la censura que existe en Venezuela. El 25 de febrero el periodista mexicano Jorge Ramos y su equipo del canal Univision lograron obtener una entrevista con Nicolás Maduro dentro del Palacio de Miraflores. En una parte de la conversación, Ramos insinuó la responsabilidad de Maduro de las muertes ocurridas durante las protestas del año 2017. Estas palabras originaron la confiscación del material, equipos, teléfonos, la detención de los periodistas durante varias horas en un cuarto oscuro y, posteriormente, su deportación del país. 

“Esta detención constituye una violación grave a la libertad de prensa y afecta el derecho a la libertad de información en el desarrollo de hechos que son de interés global. Los antecedentes de por lo menos 19 periodistas detenidos en Venezuela en lo que va de 2019 confirman un patrón de desprecio a los valores democráticos por parte de Nicolás Maduro, donde la restricción a la libertad de los periodistas es utilizada como mecanismo de chantaje en el marco de la crisis que atraviesa ese país”, denunció la ONG internacional Reporteros Sin Fronteras mediante un comunicado, al tiempo que pidió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos medidas de protección cautelar para los periodistas que cubren la crisis de Venezuela. 

Reporteros Sin Fronteras ubicó en 2018 a Venezuela en el puesto número 148 de un total de 180 países en la Clasificación Mundial de Libertad de Expresión. Y las denuncias por las agresiones contra los periodistas extranjeros en el país han llegado a instancias internacionales como la ONU y la Corte Internacional de Derechos Humanos, pero estas solicitudes no ha sido atendidas hasta el momento. 

El miedo es un compañero constante de los periodistas extranjeros en Venezuela, que se complementa perfectamente con el profesionalismo, la ética y la convicción de seguir informando al mundo sobre la situación del país. Pasar noches en El Helicoide, Ramo Verde o el Dgcim es un riesgo real para los comunicadores, tanto venezolanos como extranjeros; sin embargo, son poca cosa frente al amor por el periodismo y la necesidad de informar, que constituyen una combinación adictiva y enriquecedora que alimenta la pasión de los periodistas noticia tras noticia.


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