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Pedro J. Torres: Aumento de la obesidad incrementa la aparición de casos de peligroso hígado graso


Miércoles, 12/07/2017 - 00:00

Entre las secuelas del sobrepeso y la obesidad menos conocidas, pero potencialmente letales, se encuentra el hígado graso no alcohólico; esta patología ha comenzado a causar profunda alarma entre los especialistas a causa de que en tiempos recientes se ha venido registrando un incremento exponencial en sus porcentajes de incidencia, hasta el punto en que, por ejemplo, en Estados Unidos durante el año pasado, el hígado graso no alcohólico superó a la hepatitis como primera causante de trasplante hepático. Esta nota es circulada y compartida como alerta para la prevención en salud por la Fundación Torres-Picón.

Blanca Cecilia Picón Febres de Torres y Pedro J. Torres, encabezan fundación que promueve prevención de la obesidad infantil e impulsa el arte y la cultura

Se calcula que alrededor del mundo un 20% de los individuos adultos padece de este mal, y de ellos, una cuarta parte presenta igualmente una inflamación crónica que podría degenerar en cirrosis o cáncer de hígado. La Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (AAEEH) ha estimado que en los próximos años los casos de cáncer de hígado derivados del hígado graso no alcohólico se multiplicarán por diez.

Estas estadísticas son especialmente alarmantes si se considera que el cáncer de hígado ocupa el quinto lugar entre los tumores más frecuentes en el mundo; su incidencia se ha triplicado en los últimos treinta y cinco años y cada año se diagnostican 700 mil nuevos casos a nivel mundial.

Según Adrián Gadano, jefe de Hepatología del Hospital Italiano de Buenos Aires, el incremento de la prevalencia del hígado graso está estrechamente asociado con el crecimiento de la obesidad y de los hábitos de vida poco saludables. “Ahora estamos viendo el impacto de una enfermedad que es muy prevalente y que se va desarrollando a lo largo de muchos años, esto empezó quizá hace 20 años, con los cambios de hábitos alimenticios y el sedentarismo”, asegura.

Por años, las hepatitis B y C habían sido la principal causa de cáncer de hígado, y la aparición de tratamientos contra estas enfermedades redujo drásticamente el número de casos de cáncer de hígado asociados a las hepatitis, esto ha venido de relieve en los últimos años al hígado graso como factor de riesgo para el cáncer hepático; tal como lo señala doctor Marcelo Silva, jefe de Hepatología del Hospital Universitario Austral, en Argentina, “salió a la luz lo que estaba tapado por la hepatitis”. El especialista explica que la frecuencia con que los médicos reciben consultas de pacientes con hígado graso ha venido en constante incremento, y “cada vez vemos más pacientes con cáncer hepático cuya enfermedad es un hígado graso con fibrosis avanzada. Este no era un tema relevante para nosotros, hasta que el cáncer empezó a aparecer”.

Ambos galenos coinciden en que durante mucho tiempo no se le dio al hígado graso la atención necesaria, no obstante, en la actualidad se sabe que si esta condición no recibe el tratamiento correspondiente, la grasa permanece durante años en el hígado, produciendo cicatrices (fibrosis) que a la larga se convierten en casos de cirrosis.

Por su parte, Ezequiel Ridruejo, presidente de la AAEEH, alerta que “como el futuro de las hepatitis es auspicioso, se podría pensar en menos cirrosis y menos cáncer de hígado para los próximos años. Sin embargo, el crecimiento del hígado graso nos da la pauta de que no habrá menos enfermedad oncológica en el hígado y, lo que es peor, que es factible que lleguemos tarde, porque no se dará en pacientes hepáticos, que son a los que les monitoreamos el hígado con frecuencia”.

En concreto, el hígado graso no alcohólico es una enfermedad producida por depósitos de grasa en el hígado no relacionados con el consumo excesivo de alcohol, sus causas más frecuentes son el sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la vida sedentaria, y ataca a pacientes adultos, tanto masculinos como femeninos en igual proporción; la forma más precisa de diagnóstico es mediante la realización de una ecografía o un hepatograma. Advierte Silva que esta patología, “como todas las enfermedades del hígado, es silenciosa, no da síntomas hasta que entra en una etapa grave”.

Es por tal razón que se hace necesario el trabajo interdisciplinario entre médicos y profesionales de la salud, a fin de diagnosticar los casos de hígado graso en forma temprana y actuar a tiempo para revertir sus consecuencias. “En los análisis de sangre puede salir una alteración sutil. Por eso estamos haciendo énfasis en que los médicos de familia, endocrinólogos, nutricionistas y cardiólogos incluyan análisis del hígado en los controles de rutina, que sepan que un hígado graso puede terminar en una enfermedad hepática avanzada”, advierte Gadano.

Todo esto sin olvidar, por supuesto, que la mejor medida es la prevención, a través de la adopción de hábitos de salud saludables que incluyan una dieta adecuada y suficiente actividad física, a fin de evitar el desarrollo de la obesidad, el sobrepeso y la diabetes, que son los principales factores de riesgo del hígado graso.

La Fundación Torres-Picón recuerda que a más joven se tiene sobrepeso o se es obeso, peor es el efecto en pérdida de años respecto a la expectativa de vida. “Debemos profundizar y enseriar aún más la lucha internacional por prevenir y controlar la obesidad”, señala su presidente y portavoz, Pedro J. Torres.

GF/EDC


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