El arte de insultar


Imagen de Alfredo Sánchez
Lun, 28/05/2012 - 22:50

Apenas el pasado sábado, Rafael Poleo exigía en su columna a Ibsen Martínez, el "Otro Ibsen", que repitiera el intento y le brindara "la siempre grata experiencia de un insulto eficaz y bellamente escrito". Recordé entonces aquel librito que, con el mismo nombre que he tomado prestado para esta columna, escribiera el desengañado de Schopenhauer para dar cuenta de su acendrado pesimismo con relación a todo el que, no siendo de su agrado, resultara objeto de su mirada despreciativa de filósofo. Nosotros los periodistas, por supuesto, de primeros, a quienes su proverbial amargura, y tal vez algo de envidia, le movía a definirnos como esos "ensuciacuartillas" que se sienten "con autoridad para mejorar el idioma".

De sus rayos exterminadores, convertidos en palabras lacerantes, no se salvaba ninguno. Mucho menos los "doctos". A Fichte, por ejemplo, por mencionar a alguno así de pasadita, lo llamaba "ese vendedor de humo", para no hablarles de los escritores de éxito, en relación a quienes prevenía que había que tener en cuenta que "quien escribe para los necios, siempre encuentra un gran público".

Pero he aquí que yendo un poquito más allá en la lectura de El Nuevo País, me encontré con una noticia que, ésa sí, era la gema prototípica de lo que es un insulto que, como la mayoría, se vuelve contra quien lo profesa. Decía la autora de la injuria, esta vez la hija del dictador cubano Raúl Castro, en una nada velada referencia a sus detractores, que éstos eran unos "¡parásitos despreciables!", con lo cual dejaba en evidencia lo que en el fondo ella piensa de sí misma pero que no es capaz de asumir conscientemente y por eso lo tiene que proyectar en los otros. Y aunque todo el mundo lo entendió como una bofetada directa a Yoani Sánchez, la verdad es que esos reputados atajaperros que ha tenido con la autora del blog "Generación Y" sólo le han servido para evidenciar, aún más, el control y la represión que ejerce la dictadura castrista en internet, con lo cual ha caído en la trampa de la bloguera cubana. Yoani, por su parte, solo se limitó a acotar: "En Twitter nadie le da lecciones a nadie. Los presidentes no le dan mensajes a los ciudadanos, ni las grandes personalidades a las pequeñas. Todos aprendemos de todos", con lo cual, ahí sí, sin ningún insulto, quedó dicho todo.


Por si no lo viste