Relatos de una Venezuela colapsada…


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Miércoles, 07/11/2018 - 22:55

El país con las supuestas mayores reservas probadas de petróleo del mundo se encuentra viviendo la peor crisis de su historia, el legado de una era llamada “Chavismo” no es otro que un país en ruinas, en el que lo bueno que tenía está desapareciendo, ha sido desvalijado o ya no existe. Conducida por un gobierno cívico-militar desde 1999 la Venezuela de hoy es un reflejo de ineficiencia y corrupción en una escala que el mundo no había conocido.
El gobierno neo-totalitario que preside Nicolás Maduro no tiene intenciones de enmendar el modelo económico que mantiene sometida a la población a un caos absoluto: Corrupción, hiperinflación, escasez, desempleo, violencia, carencia de servicios públicos –como la luz, el agua, el gas y el aseo–, un sistema de salud pública en condiciones paupérrimas; son eslabones de la cadena con la que la cúpula gubernamental impone el yugo opresor a los ciudadanos.
Venezuela es un país en el que dentro de su clase política nadie infunde respeto, todo parece estar podrido, y lo poco salvable es perseguido, silenciado o no tiene los recursos suficientes para adversar al régimen.

¿Qué ocurre con los partidos de oposición?
Seguramente habrá quien tenga muchas posturas sobre los movimientos políticos que hacen vida en el país, por supuesto se puede estar de acuerdo o no con ellas bien sean a favor o en contra todas son válidas, pero quizás la que mayor peso esté teniendo en su imagen negativa y que sus cúpulas internas se niegan a revisar (por obvias razones) es que su dirigencia está anclada, ha sido la misma gente durante muchos años, por lo tanto si bien se puede afirmar que este régimen que hoy gobierna a Venezuela es ineficiente ¿Cómo se puede calificar a una oposición que durante el mismo tiempo no ha logrado encontrar una estrategia eficaz para sacarlo del poder político?
Así las cosas, Venezuela hoy parece urgida de una nueva clase política que tenga un proyecto de país concreto, enfocado al libre mercado, no hay espacio para la improvisación, los ciudadanos están ávidos de líderes con ideas claras, que sepan tender puentes entre está catástrofe que hoy se vive y un país próspero que hoy ni siquiera se vislumbra.

¿Cómo salir de esta crisis?
No hay fórmulas mágicas, el país está gravemente herido durante muchos años los políticos, expertos, asesores e intelectuales influyentes han insistido en que sólo desde “la unidad” se puede alcanzar el objetivo de sacar del poder político a esa cúpula cívico-militar neo-totalitarista que hoy gobierna, pero el tiempo sigue diciendo que no puede haber unidad entre quienes no comparten los mismos valores, ni siquiera la misma visión de país, que es obsoleto seguir planteando una misma táctica electoral con un sistema probado y confesamente fraudulento en contra. No se trata de que la vía electoral no sea el camino, sino que hoy no existe vía electoral con garantías porque para ello se requiere nuevos rectores del CNE designados según la Constitución de la República.
Los partidos y movimientos políticos están deslegitimados, hoy no representan a nadie o al menos no pueden endosarse una representación que no existe. No se trata de “anti-política” sino de falta de confianza, y esa no la van a recuperar con una retórica inútil, han tenido muchos fracasos y el no tener el coraje y la gallardía de asumir la responsabilidad de ellos ha hecho que los ciudadanos se distancien de sus formas de ver y afrontar el conflicto.

¿Esto fomenta el riesgo de un outsider inclinado a modelos opuestos al socialismo del siglo XXI?
El chavismo ideológicamente ha hecho mucho daño a la gente que es afín de la izquierda, han estado en el poder durante 20 años y la imagen de Venezuela es deprimente, no tienen nada bueno que mostrar, por ello los discursos inclinados a una izquierda más moderada como la “socialdemocracia” tienen que arrastrar con esa cruz, el escenario pareciera idóneo para que los movimientos y partidos políticos inclinados más –ideológicamente hablando– hacia el centro o hacia la derecha tengan una oportunidad.
Ahora el riesgo latente es que llegue un populista del otro extremo cuando lo que se busca es un modelo económico eficiente con unas políticas públicas más inclinadas al libre mercado.

¿Y mientras tanto qué?
Dentro de las fronteras las personas que hacen vida en Venezuela buscan las formas de sobrevivir a la crisis, una batalla que sin duda hoy la están perdiendo porque el régimen no da tregua con sus políticas públicas destinadas a sostener el poder político a todo costo.
Quienes pueden migrar lo están haciendo (con todo lo que ello implica), aunque haya vendedores de ilusiones en el corto tiempo es muy poco probable que en lo político pueda haber un cambio, esto la mayoría de gente consciente lo sabe y por eso está buscando las formas de proteger a los suyos y marcharse.
Los que ya están afuera siguen anhelando un milagro que les permita volver, pero también deben ser conscientes que las circunstancias internas del país hoy son exageradamente más complicadas que cuando ellos se marcharon. Por tanto la realidad impone un desaliento por no percibir un cambio próximo.
Por todo ello, ese sector mayoritario que a pesar de que quiera no podrá irse del país, porque no cuenta con los recursos, porque sus circunstancias personales no lo permiten; esa mayoría de personas que debe permanecer en la lucha diaria para sobrevivir se aferra a el único tesoro que hoy les queda: La esperanza de que este régimen que hoy somete a Venezuela salga del poder político lo más pronto posible. @edderferreira
Edder Ferreira Pérez


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