Me toca opinar sobre la masacre de El Junquito


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Jue, 15/02/2018 - 09:00

Siempre hay intrépidos y arrojados que realizan acciones temerarias y ciertamente sorprendentes. Tales proezas se fijan para siempre en la memoria de quienes fueron testigos de sus atrevidas iniciativas y esos cuentos inverosímiles se van trasmitiendo de generación en generación. Cada vez que pasan de padres a hijos y de hijos a nietos la hazaña se va haciendo más legendaria y más heroica. Hurtar un helicóptero y desde allí realizar proclamas y disparar, por cierto sin que hubiese ningún herido, mucho menos un muerto y ni siquiera un disparo cerca de un algún funcionario policial o civil, no deja de ser un verdadero y peligroso reto donde quien lo hiciese, no se lo recomiendo a nadie, está exponiendo su vida. Si tú me disparas yo te disparo. Artículo Primero de la Ley de Sobrevivencia.

Luego, aparecer y desaparecer continuamente en manifestaciones, programas de radio y televisión con conexiones casi diarias con las redes sociales no dejaba de ser una provocación, un riesgo mal calculado. Las luchas en mi opinión deben ser siempre pacíficas y constitucionales. Para nada los dirigentes políticos comprometidos con la vía electoral pueden estimular o celebrar el uso de la violencia para dilucidar el futuro de la Patria. Eso fue una especie de atrevimiento mortal contra un verdadero sistema militar, policial y paramilitar. Iniciativas que como se evidenció, no son seguidas por nadie y se extinguen rápidamente por su falta de estrategia. Los pendejos valentones del twitter que se la pasan día a día maldiciendo las elecciones y llamando a la lucha callejera se escondieron, no aparecieron, son un atajo de cobardes vociferantes y falsos.

Dícese entre los compradores de equipos seguridad del mundo y de los marchantes venezolanos también, léase: Movistar, Movilnet, Cantv, Digitel, Coca-Cola, y sobre todo todos los organismos policiales y militares existentes que tienen la palabra “bolivariana” en sus nombres; Servicio Bolivariano de Recontra Espionaje, Policía Mundial Nacional Bolivariana, Guardia Nacional Internacional Planetaria Bolivariana, Oficina del Recontra Espionaje Bolivariano 007 ½ etc. etc. que no se explican dónde diablos pueden simplemente meter, instalar, almacenar la extraordinaria, abusiva, escandalosa, gigantesca cantidad de aparatos de seguridad, espionaje y control, tanto en hardware como en software que compra el gobierno venezolano. Dícese también que en las distintas ferias mundiales de espionaje, intervención telefónica, grabaciones al por menor y al por mayor, intervención de computadoras y celulares, localización, rastreo sónico, satelital y en fin, cuanta vaina hay, ferias precisamente como la SECURITY AND COUNTER TERROR EXPO, que tiene entre otros sectores CNI PROTECTION, CYBER THREAT INTELLIGENCE Y WORLD COUNTER TERROR, el gobierno venezolano entra en la alfombra roja, son invitados VIP, verdaderos señores especiales por la millonada diarreica de dólares, euros, yenes, libras y yuanes que gastan comprando corotos y coroticos.

Con todo ese inmenso aparato de terror y miedo es obvio que los sistemas de seguridad del Estado tienen absoluta capacidad de seguimiento, detección y localización de objetivos. El gobierno no se toma el problema de su seguridad y permanencia en el poder a la ligera. Durante años han estructurado, primero con la ayuda y la experiencia de CUBA y luego con Rusia y China, un verdadero complejo de control policial y militar. Ni George Orwell se lo pudo imaginar tan completo y perfecto. El gobierno ha reeditado la Guerra Fría en la tierra venezolana. Somos el teatro de ensayo entre las pretensiones de expansión de los intereses rusos y chinos en América Latina y los poderosos negocios de los Estados Unidos en su propio continente. Somos, en pocas palabras, unas cucarachas en un joropo de gallinas.

Si Oscar Pérez y su Grupo de Acción, conscientes de todo este aparataje, hubiesen optado por otros medios de lucha, una vez que realizadas con éxito sus actividades sorprendentes y sorpresivas, quizás, solo quizás, el resultado hubiese sido otro. En todo caso, una vez ubicada la casa donde estaban apertrechados, avisados como estuvieron que estaban rodeados, lo que procedía era justamente la entrega, la rendición incondicional. Todos los testigos y las grabaciones atestiguan que esa fue su acción, su determinación. Tregua y rendición. Pero sus atacantes pensaban distinto. No iban por su detención. Otros objetivos fueron fijados. La desproporción en el uso de armamento de guerra convencional, como si se tratara de tanques, revelaron claramente lo que se quería. Las afirmaciones de distintos observadores directos de lo que pasó y lo enmarañado, tramposo e ilegal de sus entierros, sin familiares ni testigos, parecen evidenciar que lo que se teme fue verdad, que tenían tiros de gracia en sus frentes.

Venezuela toda espera por la conclusión de las investigaciones del caso. Toda vez que la pena de muerte no existe. Quizás ese acto bárbaro de volar la casa con una especie de lanza cohetes, tenía objetivos colaterales de siembra de miedo y al propio tiempo de mostrar una supuesta actitud ejemplarizante contra aquellos que viendo cerradas las vías pacíficas ensayen otros caminos. Ni Cantaura ni Yumare en años anteriores fueron escenarios de una emboscada con tal magnitud de fuego y de muerte. @eduardo_semtei
Eduardo Semtei


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