Más de 2 siglos y no lo hemos logrado


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Miércoles, 24/04/2019 - 05:39

Este 19 de Abril de 2019, como ha sucedido durante los últimos 209 años, los venezolanos conmemoraron la fecha de inicio de su revolución emancipadora. Entonces, independencia y libertad signaron la que habría de ser la primera manifestación de un grupo de civiles que el 19 de abril de 1810, aprovechando el oportuno “ruido” de cambios en el alma de los reinos de España, Francia y Portugal, se la jugaron y apostaron a ganador 82 días después.

Patriotas de la época, convencidos por la importancia de ser libres, sin necesario sometimiento a egolatrías circunstanciales, hicieron posible que se firmara el Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela el 05 de julio de 1811.

Si se quiere, es una variable política de lo que en 1775 se hace sentir cuando José Leonardo Chirinos se atreve a expresarse al frente de una poblada laboral contra el poder de la corona española, como de lo que se plantea en 1806 el ya “veterano” oficial venezolano Generalísimo Francisco de Miranda, quien, precisamente entusiasmado por lo que ya estaba sucediendo en otras partes de la región, intenta invadir el territorio venezolano por la Vela de Coro dos veces para su liberación del yugo español.

El “Precursor” lo hizo con una expedición armada procedente de Haití. Pero, lamentablemente, fue derrotado, y debió huir al percatarse que en el orden interno no existía la organización, ni la madurez política suficiente, para alcanzar el objetivo previsto.

Entre los años 1810 y 1999, la historia venezolana, históricamente, se divide en cuatro partes o ciclos de transformación republicana y una quinta en vigencia:

Primera República: entre 1810-1812
Segunda República: 1813-1914
Tercera República: 1914-1930
Cuarta República: 1931- 1999
Quinta República: 1999- hoy y ya veremos (?)

Estos ciclos históricos los demarcan actos y acontecimientos de relevancia histórica, que, de forma determinante, influyen en el desarrollo histórico-evolutivo de la Nación.

No obstante, a partir de una reclasificación de los ciclos, se aprecia que el primero, entre 1810/1935, concluye cuando muere el Presidente Juan Vicente Gómez. El, durante sus 27 años de prolongado gobierno (Dictadura), logra eliminar el caudillismo regional de todo el territorio nacional, y alcanza unificar el poder en un único Gobierno Nacional.

A partir de esa fecha, 1936 hasta 1998, se promueve el intento de estructurar e instalar un auténtico gobierno democrático en la República de Venezuela. Durante ese período, con altibajos, dictaduras y golpes de estado, se llega hasta el 1960. Es el año cuando comienza un brillante período histórico, que le da un giro positivo al país, y lo convierte en la meca del mundo de la prosperidad, atrayendo a miles de extranjeros en busca de esperanza y felicidad.

En un período de 20 años (1960-1980), Venezuela pasa a ser el país más próspero de Centro y de Suramérica, con una sucesión de lapsos democráticos alternativos, transformándose en pilar democrático del Continente. Y, con ello, se inicia la erradicación de las dictaduras en la región.

A partir del lapso 1980-1999, comienza a enfermarse la democracia venezolana. Los partidos políticos y sus líderes pierden el norte y se olvidan de su función social como objetivo primario, dándole paso a las luchas e intereses personales por el poder. Asimismo, se hace notorio el virus de la corrupción y se pierde el objetivo principal de luchar por el interés social y la calidad de vida y del progreso ciudadano.

Al principio de 1999, se inicia un nuevo período con un líder carismático. Se trata de Hugo Chávez Frías, un militar que después de haberse planteado hacerse del dominio del poder por intermedio de dos fallidos intentos de golpe de estado, gana las elecciones durante un proceso democrático.

Dicho líder ofrece un gran cambio, seguridad, eliminación de la corrupción, la recuperación de la economía y del progreso, además de democracia y respeto a la Constitución. Pero después de haber transcurrido 20 años, ninguno de estos objetivos se ha cumplido. Y, lejos de haberlo mejorado en algún aspecto durante los dos períodos presidenciales de Hugo Chávez, como de haber finalizado el del Presidente Nicolás Maduro Moros, los ojos del mundo entero se han posado sobre Venezuela.

Y eso ha sucedido porque luego de haber sido un país realmente rico basado en el ingreso petrolero, ha terminado convertido inexplicablemente en el más pobre, corrupto y peligroso de Latinoamérica. Desde donde, lastimosamente, millones de sus ciudadanos han huido a otras latitudes, por hambre y miseria, convirtiéndose en un grave problema social para los países receptores.

Hoy, simbólicamente, los venezolanos conmemoran 209 años de lucha por el logro y la esperanza de un futuro promisorio .Y lo hacen a partir del convencimiento de que es un derecho, en atención a las implicaciones y esfuerzos que ha significado la dedicación colectiva que se emprendió en 1810. Lo impulsan, además, asumiendo la indiscutible apreciación de que el suyo, sin duda alguna, es un bello país, en donde reside un pueblo trabajador. De igual manera, motivado a que cuenta con abundantes recursos naturales, y, políticamente, con la oferta y buena voluntad de respaldo de más de 60 países de los más desarrollados y democráticos del mundo, que se resisten a convalidar el proceso destructivo que afianza el colapso integral venezolano.

Esos mismos venezolanos, desde luego, ya saben lo que es dolor, hambre, miseria y miedo. Asumen que cuentan con arrojo y voluntad para no claudicar ante la presión de quienes, antes que progreso, optan por dominio y del ejercicio del poder, indistintamente de que eso implique el más absoluto de los fracasos de quienes prometieron bienestar humano, y el fortalecimiento de una supuesta soberanía que hoy no pasa de ser más que una cuestionable expresión de entrega y ruina.

Mientras que el vecindario latinoamericano se resiste a ausentarse de la necesaria convergencia que garantice la superación del difícil cuadro económico, social, político, cultural y moral que exhibe Venezuela, internamente, la población criolla clama y ruega por respuestas de unidad y coincidencias. Lo hace diciendo que “no permitamos que la mezquindad, el odio y las ambiciones de unos pocos, nos coarten la posibilidad de triunfo y progreso”.

Aquellos que se atreven a difundir dicho pronunciamiento, consideran que “Venezuela y los venezolanos ya pagaron el sacrificio que se les ha impuesto desde hace dos décadas, cuando otro error político les llevó a sumarse a una aventura cargada de resentimiento social y enfermiza ambición administrativa”. Creen que “ahora nos toca dar un ejemplo al mundo de unidad y disposición a alcanzar los logros necesarios, para superar el cuadro de adversidades en el que, prácticamente, hemos sumido a una parte importante de América Latina”.

Sí es posible llegar hasta allí, insisten. “Aceptemos las manos amigas. Juntos lograremos el triunfo. Y, nuevamente, nos convertiremos en el todo que hará posible el gran sueño regional: convertir a la región en un verdadero santuario de la Democracia, de la vida en libertad política, económica y social”. Mejor dicho, en la respuesta y sumatoria que esperan los pueblos que “se niegan a continuar siendo utilizados como espacios humanos experimentales, para imponer modelos administrativos cargados de fracasos históricos”.
Egildo Luján Nava


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