¿Será realmente diálogo o se está corriendo la arruga?


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Mar, 05/12/2017 - 20:44

Dialogar. Entendimiento. Acuerdos. Decisiones. Soluciones. Todo es posible. Pero es la voluntad de que suceda, lo que cuenta e importa.

Lo que hoy sucede en Venezuela, y aquello a donde se puede llegar, definitivamente, depende de mucho más que pescuezo, fotografías, sonrisas acartonadas, falsas poses y la presunción de que el asunto es entre vengadores y salvadores. Sobre todo cuando los llamados protagonistas, voceros, representantes, antes que exhibir voluntad de avanzar, por momentos, parecieran estar más ocupados en afilar el pragmatismo oxigenador. Sí, en ese mismo “toma y dame” bien maquillado que aviva egos, reafirma posicionamientos de grupos. Pero que insiste en desestimar la importancia relevante y trascendente de desarrollar lo que se está haciendo, para atender a una ciudadanía asfixiada por las penurias, necesidades extremas, frustraciones en un ambiente ya huérfano de esperanzas, como de nuevos sitios para las expectativas de que mañana todo será distinto y positivo.

Quienes se esmeran en hacerse fotografiar descuidan o desestiman un detalle fundamental: fuera del recinto se cree que se dialoga y se habla de eso como el nuevo producto a mercadear entre desvelos, decepciones y hasta entre ¿resentimientos?. Es decir, no para que a partir de allí se ataquen las causas de lo que hace complicado para cualquier venezolano administrar sus debilidades sociales, convivir con el miedo de vivir con el alma en vilo. Sobre todo, aún más, después que se ha sabido que el 2017 está cerrando para los venezolanos con el florecimiento de un nuevo delito: el de robo por hambre.

Es que los problemas son muchos, y eso no se puede ocultar. Vivir y salir del hogar en el país, por ejemplo, especialmente en las mayoritarias zonas populares, no sólo es no saberse si habrá un retorno feliz al hogar; también hay la posibilidad de que durante el trayecto se sea víctima de un arrebatón si se transportan alimentos o bienes de consumo en general. O que cuando se entre al lugar de residencia, la sorpresa que ofrezca la bienvenida sea la desaparición de las compras anteriores para medio alimentar a la familia o, en el peor de los casos, para hacerle frente a los rigores de la desnutrición.

¿Y todo eso es capaz de provocar algún mínimo ruido en la temática de aquellos que, en nombre del país, dicen dialogar, conversar, decidir y solucionar?. Se cree que no. Que “el tiempo no da”, porque las necesidades humanas no dependen de horarios.

¿También les llama la atención el hecho de que, aun sabiendo que en el listado de las 10 ciudades más peligrosas del orbe figuran 4 capitales de Estados venezolanos.?. ¿Inclusive, que el venezolano que sale todos los días a la brega para ganarse apenas -dependiendo de su preparación o especialidad- un monto variable entre 15 centavos y un dólar diario pueda adquirir lo que su grupo familiar requiere y muchas veces con urgencia?. Es que no se puede olvidar, por otra parte, que a lo que equivale ese ingreso, en todo caso, es a lo que los carpinteros ya denominan ganar “bolívares de aserrín”.

Y pensar, dicen, que es el verdadero monto que, según el régimen, les permite cuantificar como ingreso el monstruo responsable de la “guerra económica”, es decir, el dólar today. Porque la verdad es que, en bolívares, todo se traduce a un monto que se mueve entre 15.000 y 100.000 diarios, lo que es igual a percibir entre Bs. 450.000 a 3.000.000 mensuales, sólo posible en algunos casos muy especiales.

¿Pesan?. ¿Privan?. ¿Predominan, de igual manera, todo esos datos entre los protagonistas de las reuniones?. Porque sería valioso, definitivamente, que, además de que en SUS agendas se tomaran en consideración otros aspectos. De hecho, es así como emergen múltiples reflexiones, a propósito del tema laboral y salarial.

Porque es importante señalar que el 90% de los asalariados, está dentro de un rango de ingresos oscilantes entre los Bs. 450.0000 y Bs. 1.000.000. El resto, conformado por los más preparados o favorecidos, es decir, ese 10 % restante, describe los que perciben sueldos o ingresos de poco más de Bs. 1.000.000 mensual.

Por supuesto, se trata de un monto que no le hace ningún “ruido” a lo que representa el costo de la “canasta básica”. Porque no incluye colegio, renta, servicios, transporte ni medicamentos entre otros. Mejor dicho, no supera, ni rebasa el ingreso de los que más perciben. Por lo que eso que llaman la “canasta básica", que sólo contempla lo mínimo indispensable para que una familia de 4 personas viva “equilibradamente”, termina radiografiando lo que pocos se atreven a reconocer. Y es que en Venezuela, la mayoría de los verdaderamente arruinados registra una proporción en expansión exponencial. Además de que los pronósticos para el 2018, no son alentadores, cuando vivir en Venezuela equivaldrá a hacerlo en hiperinflación.

Son palabras mayores. De las que captan y proyectan un perfil que, de entrada, describe serios detalles acerca de que el comportamiento inflacionario se hará sentir por encima de una expresión porcentual superior al 2.000%, y que el empobrecimiento, entonces, adquirirá rango de pura y verdadera solemnidad.

Este panorama, definitivamente, pareciera no captar la atención ni el interés de los que dialogan para llegar ¿a algo?. De hecho, el que sean expresión de una minoría partidista organizada y no de la mayoría de los venezolanos, sin que eso pueda tipificarse de descalificación, tampoco los proyecta como ejemplo de negociaciones ajustadas a lo que se requiere. Es que apenas representan poco menos del 30% de los ciudadanos legalmente registrados para ejercer el derecho al voto, apelándose a lo que describe el hecho de la representación apegada a la norma.

Por otra parte, ¿y qué es lo que van a negociar, cuando lo que exige (no pide ) la gran mayoría de los venezolanos, es que se acate y se cumpla con lo que está consagrado en el articulado de la Constitución vigente; sí, en esa misma que la euforia política, en su momento, hizo posible que terminaran llamándola “la Mejor del Mundo”?.

¿Realmente se están reclamando derechos constitucionales?. De ser así, ¿ qué estarían defendiendo o proponiendo los integrantes del régimen?.

Lo que se ha dicho que se está sucediendo, es lo rutinario: “que si suelta o no a los presos políticos; que si mantiene o no su hegemonía y control absoluto sobre todos los poderes públicos, menos sobre la Asamblea Nacional, indistintamente de que haya sido ilegalmente declarada en desacato”, etc, etc.

¿0, tal vez, la otra parte de lo ya conocido?: Por ejemplo: “¿que se nombre o no a los integrantes de un nuevo Consejo Nacional Electoral, a un Tribunal Supremo de Justicia, sin olvidar que el primero tiene vencido su período constitucional , y que el otro fue ilegítimamente seleccionado?”. Pero “¿y eso contemplaría, además, la posibilidad de que se convoque a un proceso electoral durante el primer trimestre del 2018 y que, como edulcorante, se les permita regresar al país a algunos de los exiliados políticos?”.

Como en lo que ya es normal en Venezuela, también en este caso las suspicacias no se han hecho llamar. Están presentes. Porque no abundan los que entienden qué es lo que se está negociando realmente en ese diálogo, salvo que, de verdad, lo que se pretenda es propiciar condiciones para que se prolonguen las respuestas y se termine “corriendo la arruga”.

0 ¿ será que se pretende negociar si se cumple o no la Constitución? . De ser así, lo único que podrían negociar es una amnistía a nivel nacional, toda vez que los que tienen juicios o reclamos legales en el exterior por tráfico de estupefacientes, blanqueo de capitales, delitos de lesa humanidad, o peculado, entre otros delitos, en esas instancias tendrían que hacerle frente a sus deudas con la justicia. Porque, de no ser así, jamás podrían salir de Venezuela, sin exponerse a la posibilidad de ser detenidos en cualquier rincón de la tierra.

Bajo estas condicionantes, es imposible que en esa convocatoria a República Dominicana las partes puedan negociar sobre la situación venezolana, aun cuando para ello se disponga de la presencia de países amigos, como de las buenas intenciones de un grupo de consejeros de la sociedad civil nacional. Es que todos ellos, de hecho, no pueden aceptar negociación alguna que doblegue o viole los estamentos u obligatorios mandatos de “la Mejor del Mundo".

En todo caso, lo innegable es que a lo que todo eso conduce, es a que, con los más elegantes y convincentes argumentos, se proponga el diferimiento del citado diálogo. Sobre todo para no incurrirse en la posibilidad de que el incumplidor por oficio, el régimen, reedite su inocultable propósito de siempre: oxigenarse políticamente; correr la arruga una vez más. Quizás, como en el caso cubano, valiéndose en esta oportunidad de que, dada la gravedad social por motivos de hambre y de escasez de alimentos y de medicinas “promovidos por las sanciones norteamericanas”, se abra un canal humanitario para, siempre con la ayuda internacional, calmar la enorme tormenta social que se avecina y que ya es evidente.

Por otra parte, ¿es que acaso no es obvio que también se está procurando asegurarse que la Asamblea Nacional permita renegociar la enorme deuda internacional?. Y eso es posible, recurriéndose a la maquinaria proselitista y propagandística, de llegarse a un eventual proceso electoral sin que las circunstancias fuercen a un cambio en la autoridad electoral. Pero también a que lo “social” del Presupuesto 2018 lo permita todo, es decir, repartir bolsas de comida, recomponer viviendas, prometer atención médico asistencial, y entregar, a diestra y siniestra, el salvo conducto del Carnet de la Patria montado en medio millón de “bolívares de aserrín” por votante identificado. Todo es posible. Incluso, la reelección presidencial.

No es posible evitar dudas; impedir las suspicacias; minimizar las multireflexiones acerca del fondo y del trasfondo. Y todo porque, repentinamente, un grupo se autodenominó dialogante, se atribuyó la paternidad de un proceso al que luego, por supuesto, se le pudiera exigir legalidad formal a partir de una consulta popular, si es que se insiste en no aclarar lo que, de entrada, luce oscuro.
Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)

“El único animal que tropieza dos veces y más en la vida con la misma piedra, es el hombre” (Elocuente refrán que se repite una y otra vez)


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