329 policías y militares asesinados


Germán Febres's picture
Miércoles, 07/11/2012 - 13:13

Tristemente, en Venezuela, las fuerzas en control oficial de las armas, no tienen que participar en una guerra con algún país enemigo, a la ofensiva ni a la defensiva, para que sus efectivos sean aniquilados. El hampa se ocupa de eso.

En lo que va de año, 329 policías y militares han sido asesinados. Y si fuesen incorporados a la lista determinados ex agentes policiales de la extinta Mepropolitana, que aún portan credencial y pistola, la cifra alcanzaría el número de 337.

En efecto, los policías y militares, además de los sindicalistas, especialmente los de la industria de la construcción, han sido víctimas una y otra vez de la acción de delincuentes, de criminales, por motivos varios, pero con un único resultado: muertos, fallecidos. Enlutando hogares, dejando huérfanos y viudas, una baja en su organización o institución, que será cubierta por otro funcionario que correrá los mismos riesgos. Peligro que, en sentido general, afecta a toda la población venzolana, protegida o no.

El municipio Libertador y los estados Miranda, Aragua y Lara son los lugares donde más se repite el asesinato de militares y funcionarios policiales, de cualquier jerarquía, estando fuera de servicio y en este.

Y aunque se trata de una excepción en lo referido, tres Polisucre resultaron muertos este año cuando intentaban robar a otros agentes.

El ministro de Interior y Justicia anunció hoy cambios de altos funcionarios en su cartera ministerial. Se les desea éxito en su propósito y responsabilidades. Es de reconocer que en la calle se percibe las últimas semanas un aumento de los efectivos en servicio dedicados a labores de prevención, pertenecientes a la Policía Nacional.

Más el problema subyace, y los números incómodos pero ciertos prosiguen su acumulación, ritmo y escalada.

Cada fin de semana ingresan a la morgue decenas de nuevos ciudadanos caídos en circunstancias violentas, y en promedio, cada día, matan a un nuevo funcionario uniformado.

¡Hay que detener esta carnicería humana!


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