Principio y fin de una cárcel modelo


Germán Febres's picture
Mar, 29/01/2013 - 06:57

En Venezuela, una crisis, una matanza o algún escándalo nuevo, viene haciendo pasar al olvido el anterior. Siempre se prometen investigaciones oficiales a fondo para determinar responsabilidades y nunca en verdad se llega hasta las últimas consecuencias.

Esto es absolutamente cierto. Lo hemos visto en casos emblemáticos como el asesinato del Fiscal Danilo Anderson, en tragedias como la explosión de Cavim en Aragua y la planta de Amuay en Falcón, probablemente así sucederá ahora con la balacera y matanza de la cárcel de Uribana en Lara, por citar unos pocos resaltantes ejemplos.

Es asombroso que todo ocurra espontáneamente, sin culpables ciertos, señalados por investigaciones consistentes y serias.

Cabe recordar, que décadas atrás, así como Petróleos de Venezuela era una de las principales corporaciones energéticas del mundo, la Policía Técnica Judicial gozaba de un alto prestigio o reputación internacional por sus capacidades detectivescas y acertados resultados investigativos. Lo cual no implica que los tribunales siempre fuesen impecables.

Lo digo más que con nostalgia, con indignación y algo de tristeza. Soy un ferviente creyente y promotor de las tanto infinitas como positivas oportunidades que presenta el futuro, cuando se le trabaja y construye con sentido de responsabilidad, además de vocación innovadora.

Uribana fue diseñada y se edificó como una cárcel modelo en la segunda administración de Rafael Caldera. Contemplaba la clasificación de reclusos según los delitos cometidos y el tipo de atención que requerían. La inauguró en 1999 el gobierno de Hugo Chávez. Ese fue el principio. Una penitenciaría bastante grande (23.500 m2) proyectada con capacidad para unos 850 internos.

Por aquellos años, en una requisa a los reclusos en Venezuela, podía ser común detectar e incautarles chuzos y algún chopo (armas artesanales fabricadas dentro de los penales).

Ahora, en el final de Uribana, ya desalojada por completo (mudado, discriminado, segmentado y repartido en trozos el problema a otros lugares igualmente insuficientes), la ministra Iris Varela reconoció que habían en el lugar 2.459 “privados de libertad”, casi tres veces más de lo planificado; por cierto, los llaman así porque muchos ni siquiera han sido acusados formalmente.

Y en cuanto a las requisas en el presente, información extraoficial y hasta el talante exhibicionista de algunos pranes, confirma que el arsenal en poder de grupos organizados de reclusos incluye fusiles, ametralladoras, pistolas automáticas, granadas, en fin armamento militar de combate.

Todo eso lo hay, lo que no había ya en Uribana eran baños para los presos comunes y sus allegados. El olor del lugar era nauseabundo, denunciaban familiares de los detenidos. Ejercer cada derecho, de cualquier naturaleza, costaba dinero. No se administraba Justicia y campeaba la corrupción.

Los pranes y su poder económico y paramilitar han mandado y hay quienes aseguran que aún mandan. La mayoría de los familiares de los reclusos los considera "privilegiados" en su medio.

En cambio, otros que también se encuentran en lastimosa situación como el grueso de la población penitenciaria: aislados, enfermos, menoscabados y con sus derechos humanos ignorados, son los presos políticos venezolanos, para quienes (junto con la oposición en términos generales) el presidente de Cuba y nuevo vocero estelar de la Celac, Raúl Castro, de manera absurda, extralimitada e inaceptable plantea no tener compasión alguna.


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