Venezolanos errantes


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Dom, 26/08/2018 - 08:16

Es una tragedia que se venía venir. Después de casi dos décadas bajo la revolución bolivariana que impuso Hugo Chávez y que ha continuado bajo la batuta de Nicolás Maduro, los venezolanos, vencidos por la desesperanza, huyen de su país como una marea humana.

Las cifras que maneja Naciones Unidas son alarmantes: desde 2014 han salido de Venezuela 2.3 millones de personas principalmente rumbo a Brasil, Colombia, Ecuador y Perú, aunque en estos momentos el éxodo masivo se extiende a Panamá, Chile, Argentina y, al otro lado del Atlántico, España. Los venezolanos cruzan fronteras, y los que pueden toman aviones con el anhelo de llegar a un lugar donde les permitan asentarse para construir el futuro que se les niega en su tierra.

Venezuela ha sido tradicionalmente un destino de acogida para inmigrantes que en el pasado huían de la pobreza. En el otrora rico país sudamericano tuvieron la oportunidad de salir adelante e incluso amasar fortunas. Tristemente, a causa del descalabro económico y social del chavismo, ahora los antiguos anfitriones son los migrantes que vagan por el mundo. Han pasado de darle la bienvenida al extranjero a ser atacados por muchos que rechazan esta nueva oleada de desplazados, víctimas de la pobreza que carcome Venezuela de una punta a la otra.

Es una escena habitual en otras partes del mundo: migrantes subsaharianos a bordo de frágiles embarcaciones que intentan llegar a las costas del sur de Europa; desplazados de guerras que vagan por el Viejo Continente en medio de un sentir cada vez más extendido (y azuzado por credos nacional populistas) de que no hay cabida ni empleos para los forasteros. Una creencia que también se escucha en Latinoamérica, donde hoy los venezolanos deambulan y cada vez les cierran más puertas.
Ante la avalancha de quienes optan por fugarse del abismo al que el gobierno de Maduro ha abocado a Venezuela, las naciones vecinas están exigiendo pasaportes en regla y poniendo más trabas legales. La intención es frenar una migración imparable porque la hambruna y la desesperación son más fuertes que todos los muros que se levantan. Un padre y una madre venezolanos no van a permitir que sus hijos mueran de malnutrición. Los jóvenes se niegan a no tener horizontes. La oposición democrática busca espacios de libertad para continuar la lucha.

No hay guardias, ni brotes xenófobos, ni políticas de contención que detengan a los que corren para salvarse y salvar a los suyos. La geografía que circunda a la desdichada Venezuela es como una corriente de venas por donde discurre el desangramiento de una sociedad que ha colapsado.

Hemos visto imágenes de gente lanzándoles piedras a los migrantes venezolanos en la frontera con Brasil. Sabemos de agresiones similares en otras partes. Estampas dramáticas en la ciudad fronteriza de Cúcuta, donde los venezolanos se arremolinan para adentrarse en Colombia y continuar su peregrinaje. Niños anémicos, mujeres que se prostituyen para sobrevivir, profesionales desempeñando trabajos precarios, ancianos desfallecidos, familias divididas. La historia que se repite una y otra vez de los migrantes que nadie quiere, a la vez que reclaman un sitio en el mundo donde recobrar la dignidad.

El Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, exhorta a los países latinoamericanos a buscar soluciones a esta grave crisis humanitaria. El Fondo Monetario Internacional califica la ruina económica de Venezuela como una de las mayores de la historia moderna. Entre tanto, el gobierno de Maduro continúa enfrascado en su labor pirómana de arrasar con lo poco que queda en pie, indiferente al sufrimiento y la desintegración de los venezolanos.

Los pueblos que tienen la desgracia de acabar errantes, arrancados por necesidad de su ser y su tierra, muy pronto comprenden que no hay mares, ni montañas, ni barreras, ni adversarios que les impidan avanzar porque ya no tienen nada que perder. Hoy les toca a los venezolanos. Mirar a otro lado es dejar que se ahogue el que se hunde y nos pide ayuda. @ginamontaner
Gina Montaner

Fuente: www.firmaspress.com


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