La agenda de la libertad


Imagen de José Luis Zambrano P.
Mar, 01/11/2016 - 18:07

La agenda política de los últimos días parece un calcetín con hoyuelos, volteada varias veces con intrepidez y valentía, pero con los mismos orificios descomunales de no existir un estado de derecho a donde recurrir para validar la ley escrita en la Constitución.
La procedencia y concreción del Referendo Revocatorio en una nación irrespetada por un sistema despiadado, se convirtió en un sueño premonitorio, pues estaba cantado que jamás lo iban a validar. Inventaron competencias a tribunales regionales para derogar las firmas ya aprobadas y continuaron con la misma farsa institucional, con la gastada vocería del órgano electoral con su túnica de alfeñique sumido a los dictámenes de Miraflores.
Inmediatamente se desmigajó el almanaque y la Asamblea Nacional, ni corta ni perezosa ante el atropello de la negación del plebiscito, desestimó el descanso dominical para sesionar y tomar resoluciones a su cuenta y riesgo, manejando las posibilidades de desenmascarar la nacionalidad presidencial y activar los mecanismos para enjuiciar —así sea con supuestos internacionales, pues los juzgados yacen secuestrados por el régimen— a un Presidente que sigue hablando con una realidad retorcida y sólo creíble para los obtusos.
Fue una escena pavorosa ver ese domingo a las hordas oficialistas entrar al hemiciclo legislativo sin preámbulos, con la violencia de los desacatos, respaldadas en un principio por políticos que después debieron de revertir sus propósitos, pues la propia fuerza militar del lugar viró su aprobación inicial y asumió la protección de los diputados y el orden, tal vez porque los ojos de mundo estaban sobre ese acontecimiento o porque realmente las Fuerzas Armadas se encuentran fragmentadas y convulsas frente a tanta ilegalidad excesiva.
Pese a todo, a veces me asalta la certeza que habitamos en un país sin lucidez, como atontado por la precariedad y sostenido con la idea fija de lo inoportuno. Vivimos encerrados por los barrotes indignantes de un socialismo rudimentario, que dejó los azarosos caminos de la especulación serena, para canturrearnos un discurso agrio, desentonado y repetido, que aburre más cuando no cuenta con un pueblo vulnerable que les crea.
La marcha nacional del miércoles siguiente fue satisfactoria. Los caminantes estaban dispuestos hasta de husmear en la mugre, con tal y poder lograr en un futuro cercano, desembarazarse de tanto despotismo gubernamental. Sobraron los heridos y detenidos, así como la arbitrariedad policial en algunos estados. Nada logra amilanar a un pueblo decidido, sólo anhelante del liderazgo de sus representantes, que los lleve al puerto de la libertad.
El diálogo es una quimera, una fumarola ilusoria en una dictadura que todos los días muestra su exhalación de excesos. Pero la oposición sigue en la batalla por comprender sus propios hallazgos. No puede darse a la tarea de deliberar con la dictadura, que sólo sabe de opresiones y busca la artimaña diaria para disminuir y atribular a sus enemigos políticos.
Asimismo, el paro cívico del viernes, convocado casi como con murmullo, dio la sensación de estar en un domingo tranquilo. Mientras estas acciones suceden, el Gobierno se ve como atropellado, lanzando aumentos del salario mínimo sin pensarlo mucho, invocando por el diálogo sin perder su tono descalificador y con cadenas televisivas abrumantes.
La fuerza de la fe parece sobrepasar los parámetros anteriores. Hoy el pueblo se insufló de arrojo para defender sus derechos ante cualquier riesgo. En la calle se respira un optimismo particular, de haber llegado al fin de los tiempos revueltos. Sobran razones para emprender esta batalla que apenas comienza, pues desarraigar del trono a los tiranos no es una tarea sencilla. @Joseluis5571
José Luis Zambrano Padauy

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