La maldad asestada en Venezuela


José Luis Zambrano P.'s picture
Mar, 04/09/2018 - 07:27

La maldad asestada en la Venezuela de los últimos 19 años no se da ni un respiro para la paz. Lanza sus bombas enquistadas de caos y efectúa tantos movimientos simultáneos para el desorden, que tengo la rancia sensación que se preocupa más en desmoralizar y generar desdicha para los venezolanos que en tratar de aparentar un Gobierno coherente.
La decisión trastornada y ominosa de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario de Venezuela (Sudeban) de evitar el envío de remesas desde el exterior por parte de los emigrantes a sus familiares en el país y obligarlos a efectuarlo por las casas de cambio, resulta una de las acciones más inhumanas de los últimos tiempos, pues esta transacción constituye la única tabla de salvación para muchos de no morir de hambre.

Sin ton ni son ha emitido este dictamen con el único propósito de controlarlo todo, a sabiendas que esas casas de cambio se hayan fuera del contexto real de nuestra economía perturbada.

El régimen no sólo restringe el acceso a las cuentas bancarias fuera de nuestro país, sino a su vez amenaza con el tridente rojo de su perversidad, de emprender acciones con su trastocada legalidad y bloquear estas cuentas si sus direcciones IP no corresponden con las venezolanas.

En su empecinamiento de aniquilarlo todo y controlar hasta el pensamiento de la población, esta dictadura detestable exige ahora el informar a las entidades financieras si se viajará y el destino, con la excusa de salvaguardar su indescifrable cono monetario.

La disposición gubernamental, además de ir contra los mejores designios del clamor popular, viola la Constitución Nacional en los artículos 52 (relacionado con el libre tránsito y que toda persona pueda ausentarse del país y volver, traer sus bienes o sacarlos) y el 112 (referente a que el Estado promoverá la iniciativa privada, garantizando la creación y justa distribución de la riqueza, la producción de bienes y servicios, la libertad de trabajo, empresa, comercio e industria).

Esta medida se puede solventar al instalar una muralla informática en los computadores donde se efectúe la transacción. Al utilizar una red privada virtual o VPN como servidor remoto y programarla para engañar a los exploradores bancarios para hacerlos creer que el usuario se encuentra en el país, se zanjaría en gran medida este obstáculo inhumano.

No veo que una restricción para las remesas evite la hiperinflación endiablada o genere algún atisbo de confianza para la inversión. Hasta resulta pasmosa la osadía y desvergüenza de los personeros del régimen sobre los descalabros vividos por los venezolanos para poder sobrevivir al infortunio nacional.

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien nos ha demostrado que tiene devastada su conciencia, ha rechazado con una seguridad insolente, que en el país exista una crisis humanitaria, asegurando con un tono jactancioso, que todo es una excusa del Pentágono para atacar e invadir a nuestra nación.

Es tal el desenfreno de su insensatez, que ha manifestado sin el menor remordimiento, que nuestro territorio es el segundo país en el mundo con mayor recepción de emigrantes, echando al cesto de basura la preocupación hemisférica sobre el éxodo irremediable de nuestros ciudadanos por los diferentes países de Sudamérica.

Nada parece solucionarle la fatalidad a un país remendado con ultrajes y entuertos. Ya no vienen a cuento las excusas sobre sabotaje, los planes internacionales imaginarios de magnicidio o las grescas planificadas para desmoralizar al ciudadano. Existe una bomba indetenible que sigue su conteo y en cualquier momento puede explotarle en las narices a quienes presumen del poder. @Joseluis5571
José Luis Zambrano Padauy


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