Rechazo hemisférico


José Luis Zambrano P.'s picture
Miércoles, 28/02/2018 - 07:51

La intransigencia de un gobernante puede llegar a límites irredimibles. Los empecinamientos del poder dan mucho más que cambiar constantemente de lugar las apariencias y efectuarle retoques cosméticos a un discurso de poco calibre.

El régimen venezolano sigue su andanada de argumentos herméticos. Su teatro de lo posible. Trata constantemente de camuflarse de legalidad, con sus instituciones artificiales y su pantomima de contar con sentido común.

Primero el Presidente suelta la rueda descomunal e insolente, de efectuar los comicios presidenciales de manera conjunta, con la elección de los parlamentarios nacionales, regionales y municipales. Tal vez tuvo la intención de fraguar un termómetro político y medir la incredulidad de la gente. O posiblemente montar su dramaturgia absurda, maquillando a sus personeros con argumentos serios y de hallarse bien encaminados.

Seguidamente, con un aplomo y compostura tan falsos como desentonados, la casi sempiterna presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, descartó una megaelección para un mismo día, pues los cronogramas se encuentran adelantados y un sufragio de ese calibre, reviste de gran complejidad.

Nadie se cree esa ráfaga de lucidez de la representante del poder electoral. Esa fórmula remachada y con los mismos componentes, ya ha sido vaciada con anterioridad, cuya única intención es tratarle de darle carisma a las presidenciales del 22 de abril.

A la par de esta tragicomedia nacional, la OEA por fin se revistió de valentía y de atrevimientos justos, para llegar a un consenso tan esperado como preciso en los tiempos de abusos nacionales. Le tuvo sin cuidado esa farsa de institucionalidad del CNE y tomó el camino anhelado de lo correcto.

Tras tantas reuniones desde que se menciono lo de la carta democrática, que siempre terminaban con diplomáticos enrevesados y enroscados en intereses diversos, esta vez se aprobó una resolución para instar a Maduro a cancelar esa elección presidencial de mala índole, para realizar unas justas, libres y con observación internacional.

El Consejo Permanente de la OEA no se creyó esta vez la metralla de presunciones de Venezuela. Tampoco se vieron esos países caribeños despeñando argumentos de defensa, pues el petróleo parece no tener el mismo aroma para la mansedumbre. Hasta Ecuador, Nicaragua y El Salvador se abstuvieron, quizá observando la inconveniencia de defender a un absolutismo desenmascarado.

Se requerían 18 votos para llegar a esta resolución, que sonó como un chispazo atronador en las oídos sordos del Gobierno venezolano. Se obtuvieron 19 votos, sólo cinco en contra, ocho abstenciones y dos ausencias. Sólo Bolivia clamó por justicia, cuando en nuestro país yace empolvado ese concepto desde hace mucho tiempo.

Tal vez no sea la reprimenda esperada. Quizá sea simplemente un exhorto o un llamado de atención para enmendar el rumbo. Pero el punto trascendental es entender que en el continente no se cree ni un ápice en estas elecciones presidenciales de engaños, burlas y descalabros.

El embajador mexicano en la OEA, Jorge Lomonaco, pareció dar en el clavo, cuando pronunció que el organismo debía de actuar ahora, como una cuestión apremiante, pues el silencio representa complicidad.

Adelantar este proceso eleccionario para contar con el mismo Presidente irrespetuoso, no sólo tiene desinteresada a la mayor parte de la población venezolana y el declinar de la oposición a participar, sino casi América entera ve con malos ojos que un régimen con todas las instituciones en su poder, se pague y se dé el vuelto al mismo tiempo. @Joseluis5571
José Luis Zambrano Padauy


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