La urgente revisión al lenguaje de la oposición venezolana


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Miércoles, 10/10/2018 - 05:52

Es imposible soslayar la importancia que tiene el lenguaje, verbal o no, en toda conducta social y la política no es la excepción. Basados en que la comunicación tiene que ver con los modos en que la interacción se manifiesta, pasaremos a revisar algunas de las formas recientes de comunicación política de la oposición venezolana.

Nadie puede negar que desde hace algún tiempo la dirigencia opositora en su gran mayoría perdió conexión con sus interlocutores naturales. Sus argumentos, sus actitudes y lenguajes tan populistas como los del régimen, el uso de estilos y símbolos propios de la tiranía, la opacidad en sus accionar, la hizo totalmente ajena al sentir opositor causando una profunda desesperanza que, como bien dice Ibsen Martínez, agrava aún más la tragedia que vive el país.

Con la excusa de tratar de llegar a un mayor número de personas y poder ganar elecciones, los dirigentes políticos, en general, recurrieron al facilismo, al oportunismo, banalizando el discurso, exaltando líderes mesiánicos y salvadores, desechando casi por completo los principios éticos y sacrificando la verdad necesaria.

Sin pudor alguno gran parte de dirigentes de la llamada Unidad Democrática, especialmente los líderes de los partidos más relevantes de la oposición, copian las mismas maniobras populistas, que critican al chavismo en procura de ganarse la confianza de la gente mediante dádivas. Sus planteamientos y acciones terminan replicando el sistema que condujo al quiebre económico del país, pero con otra presentación. Sin entender que el problema es el sistema y no quien lo aplica, lo que significa que no existe una propuesta real de cambio y así lo ha entendido la gente.

Cuando Chavez llegó al poder hace casi 20 años lo hizo ofreciendo que acabaría con la corrupción, la desigualdad y la pobreza, prometiendo una democracia participativa y protagónica; sin haber dicho nunca cómo lograría esa suerte de paraíso prometido. Hoy, la oposición plantea igualmente alcanzar tal nivel de desarrollo, pero al igual que “la revolución”, lo hace con un discurso irresponsable, consciente de la irrealizabilidad de sus ofertas, apelando a la demagogia y evitando temas que deben ser discutidos

Muy pocos hablan sin rodeos de producir riquezas, de libertad económica, de la no dependencia del Estado, de transformaciones al sistema educativo, de trabajo duro y ahorro.

Los voceros opositores, al igual que los del régimen, en su comunicación son capaces de pasar del blanco al negro en muy poco tiempo, lo que en sí mismo no sería grave porque podría ser señal de rectificación, sin embargo, la experiencia ha demostrado que se contradicen solo porque han mentido y las circunstancias los obligan. Siendo dos de los más trágicos ejemplos de esto lo sucedido en el proceso previo y posterior al 16J y el reconocimiento a regañadientes por parte de la Asamblea Nacional, de cada una de las decisiones tomadas por el legítimo Tribunal Supremo de Justicia en el exilio, que ellos mismos designaron en votación unánime.

Las consecuencias de este accionar provocan que la ciudadanía califique igual todo lenguaje político, asociándolo a ambigüedad, engaño y falta de claridad.

Así el discurso opositor invita a un cambio orientado hacia un país con verdadera democracia, libertad y prosperidad. Sin embargo la propuesta que presenta constituye la misma fantasía basada en el facilismo, falsas soluciones mágicas, atajos efectistas- en apariencia poco traumáticos- pero realmente imposibles de realizar. Ante lo cual la población parece preferir el malo conocido que el bueno por conocer.

La justificación de este fenómeno podría ser que la gran mayoría de la oposición venezolana comparte realmente las tesis del socialismo.

Tres de los más importantes partidos pertenecen a la Internacional Socialista (AD -cuyo Secretario General es el actual vicepresidente de ese gremio partidista- VP y UNT) y dos más se autodefinen como Progresistas (PJ y AP) y dos de sus más conspicuos lideres han manifestado públicamente su admiración por personajes como Lula Da Silva y Salvador Allende

La calificación de “capitalista”, “derechista y liberal” del plan económico recientemente aplicado por Maduro, por parte un importante sector de la alternativa democrática contribuye a pensar en que es cierta la tesis que viene señalando que en la oposición venezolana impera la ideología socialista como guía.

Sin embargo, todavía hay quienes consideran, con excesiva inocencia, que la causa que motiva el comportamiento empático y colaboracionista, que impide a la oposición venezolana dejar de hacer lo que la destruye y por la cual ha diseñado su estrategia bajo la premisa de “doblarse para no partirse”, es el llamado Síndrome de Estocolmo, patología reconocida por la psiquiatría desde los años 70, que se produce cuando un secuestrador y su rehén se encuentran en una situación de altísimo estrés compartiendo el objetivo común de resultar ilesos, y suscita entre ellos una relación de cooperación y mutua confianza que deriva en un vínculo afectivo, que hoy propone avalar un referéndum sobre una constitución elaborada unilateralmente por la denunciada, inconstitucional e ilegitima Asamblea Nacional Constituyente y es capaz de pensar en un conseguir resultados reales a través de un dialogo efectivo con el régimen.

Albert Camus escribió que las plagas aunque son comunes son difíciles de reconocer y habitualmente toman a la gente desprevenida que llega a señalarla como una estupidez. Sea cual sea la causa, Venezuela está enferma, infectada por la plaga del populismo.

Por eso, la solución de la crisis venezolana, en mi opinión, pasa necesariamente por plantear un modelo distinto, entender que existe en el colectivo un proceso emocional, que exige desechar el patrón fracasado aplicado hasta ahora, identificando claramente las causas de los problemas y presentando soluciones distintas y realizables. Es imprescindible demostrar diferencias desde lo económico hasta lo ético, dar la batalla con ideas, honestidad y coraje. @judithsukerman
Judith Sukerman

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