Chávez: el candidato de lo viejo que se cree nuevo


Imagen de Manuel Malaver
Mar, 10/07/2012 - 00:46

Trece años en el poder, dos períodos presidenciales, y, lo que es más, los mismos planes, las mismas ideas, las mismas promesas, y hasta los mismos chistes, no terminan de convencer a Chávez de que es el candidato de lo viejo, de lo irremediablemente viejo.

Y es que el hombre parece haberse forjado su propio retrato de Dorian Gray, el personaje de la novela de Oscar Wilde que pensó no envejecería porque el proceso de su decadencia se le transfería a un retrato, mientras él permanecía incólume.

No sucedió así con Chávez, simplemente porque su senectud es mental y no física, y pase lo que pase con su apariencia, son sus ideas las que muestran los estragos de la edad y del tiempo.

Remitámosnos a algunas de sus ideas más rupestres, actuales y de rutina, porque son las que inciden en la vida de los venezolanos, como son sus manías de sentirse el amo del país, que nació para gobernarnos de manera vitalicia, y que debemos aceptarlo perse o perse, entre otros “razones”, porque es el más sabio, el más bueno y el “más joven”.

Cualidades sobre las cuales solo cabría pronunciarse a los electores venezolanos, permitiéndoles ejercer el derecho al voto de manera libre y sin coerciones y garantizándoles, a través de un acuerdo, que su voluntad se les respetará.

No es, sin embargo, lo que piensa el candidato de lo viejo, que se cree nuevo, y que como un buen hijo del siglo XIX, deja entender que si los votos no lo favorecen, le queda el recurso de las armas para hacerse elegir por los cuarteles.

Un dictador, en definitiva, de los tiempos de Chapita Trujillo, de Anastasio Somoza, y Francois Duvalier, tiranos de otras décadas, crueles como pocos, pero que, al menos, no tenían la pretensión de sentirse demócratas, socialistas, revolucionarios y “nuevos”.


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