La candidatura de Chávez: entre el Facebook y el Twitter


Imagen de Manuel Malaver
Lun, 28/05/2012 - 00:00

Cómo se cuentan con dos dedos las veces que Chávez se ha dejado ver la cara en el último mes, y sus portavoces, y él mismo, insisten en que será el candidato presidencial del oficialismo, entonces, no hay dudas, que estamos a las puertas de la primera campaña electoral virtual de la historia, una en la cual, un diagnóstico de cáncer terminal obliga a uno de los postulados a usar la tecnología de punta para sacarle el juguito a los últimos meses que le quedan de vida.

Cyberaudacia que tiene su origen en supuestas encuestas que afirmarían que el candidato de la oposición, Henrique Capriles Radonski, le ganaría cómodamente a cualquier candidato que no sea Chávez, por lo que, en silla de ruedas, cama clínica o quirófano, el candidato-presidente tendría que jugárselas para salvar lo salvable.

El problema es que nadie sabe si las tales encuestas son mandadas a hacer y pagadas por el propio Chávez, o factores políticos chavistas que le siguen instrucciones a la cúpula militar que no quiere bajo ningún respecto que haya otro candidato que no sea Chávez.

De modo que, es posible que Diosdado Cabello, Nicolás Maduro y Elías Jaua estén haciendo el trabajo que menos hubiesen deseado en sus vidas, como es promover una candidatura que saben se puede quedar en el camino, y quizá cuando no haya tiempo de arrancar y ganar con alguna de las propias.

Circunstancias que sería ideal para que gorilas como Henry Rangel Silva, Hugo Carvajal y Ramón Rodríguez Chacín convenzan al chavismo duro y semiduro de que no queda otra salida que "darle el palo a la lámpara", suspender las elecciones, establecer un régimen militar-cívico, o cívico militar para negociar desde posiciones de fuerza con una oposición desarmada que tendría muy poca capacidad para restablecer por sí sola la democracia.

En otras palabras: que una salida como la del franquismo en España, los militares argentinos de Videla y los chilenos de Pinochet, para los cuales la consigna fue: democracia sí, pero a cambio de leyes de perdón, amnistía para los asesinos y torturadores, y, en lo posible, su incorporación al nuevo gobierno para que vean que también pueden ser "gorilas arrepentidos".

El caso de Pinochet es el más emblemático en este sentido.


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