El tercer lado


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Vie, 05/04/2019 - 07:27

Durante la crisis de los misiles en Octubre de 1962, el mundo fue llevado al límite de una guerra termo nuclear. La polarización Este-Oeste y la histeria belicista de los sectores más extremos en Washington y Moscú, estuvieron a punto de desatar un holocausto atómico. Durante esos días de octubre, Kennedy y Kruschev se encontraban atrapados en la dinámica guerrerista de los líderes más duros del Kremlin y los “halcones” del Pentágono.

¿Quién en su sano juicio podía estar de acuerdo con una guerra tan destructiva y apocalíptica? Pero la razón del poder estuvo a punto de privar por encima del poder de la razón. Ambos líderes, tanto el Presidente de EE.UU como el Secretario del PCUS descubrieron a tiempo que los correos de comunicación que utilizaban servían más al interés de un desenlace desastroso que a los intereses de la paz mundial. De allí que decidieron explorar otra vía para comunicarse, a la cual llamaron “el tercer lado”. Burlando los canales que se habían utilizado hasta ese momento, Kennedy y Kruschev lograron llegar a un acuerdo que evitó a la postre la confrontación nuclear entre las dos superpotencias y que interpretó el unánime sentimiento de paz de la mayoría de las naciones del orbe.

Algo similar ocurre en Venezuela hoy. Hay dos sectores polarizados, dos minorías agresivas que atenazan al país, que alimentan una confrontación como instrumento de mutua reafirmación y que ha escalado a niveles de conflagración entre actores internacionales. En consecuencia, se le ha declarado una suerte de muerte civil a una vasta porción de ciudadanos a quienes la lucha por el poder entre chavismo-antichavismo, gobierno y oposición o el juego de tronos de las potencias mundiales, no les dice absolutamente nada. Es un tercer país, inmensamente mayoritario, ignorado y preterido, cuyas expectativas no encuentra lugar en la agenda de la clase dirigente.

El oficialismo asume la negación del trágico presente venezolano. Se desentiende de toda responsabilidad .La inflación es resultado del dólar criminal, de la guerra económica. El colapso de los servicios de electricidad y agua es consecuencia de acciones de sabotaje y cosas por el estilo que suenan como insultos a la inteligencia de la ciudadanía. Pero en el campo opositor, debido a sus carencias políticas y orgánicas, no se visualiza ninguna intención de mandar alguna señal a esa Venezuela desesperada dejando a la población expuesta a mensajeas confusos y temerarios.

El país, de manera abrumadora, demanda un reemplazo en la conducción de los asuntos públicos. Su aspiración es sólo una, superar la actual pesadilla del empobrecimiento y la devastación social. Pero el lenguaje de sus líderes es políticamente dicotómico y polarizado. Hay que burlar los canales a través de los cuales hasta ahora se emiten los mensajes desde ese formato de confrontación. Si se logra articular un discurso que sintonice con el drama humano cotidiano, que motive y que se propague de forma viral entre los venezolanos, entonces soplará un viento fresco de cambio que sustituya el enrarecido aíre político que respiramos.
Pedro Elías Hernández


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