¿Y qué queda?


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Miércoles, 10/04/2019 - 06:44

-Charlie, yo no te quiero por tu carro, por tu dinero, por tu casa en la playa, por tus habilidades como amante.
-¿Ah no? Y sin nada de eso ¿qué queda?...
Sin apoyo militar interno y sin la amenaza creíble de la intervención extranjera, le ocurre a la estrategia opositora lo mismo que relata el citado diálogo de la genial comedia de situaciones estadounidense “Two and a Half Mem”. Sin esos encantos, sin esas gratificaciones materiales, no queda nada. Tal cosa fue, tal vez, la falla matriz que engendró la fatal arrogancia derivada del diseño ejecutado desde que empezó el interinato presidencial.

Como decía Sun Tzu : “Las guerras son torneos morales que se ganan antes en los templos”. Esa es la razón por la cual, a la luz de este enfoque milenario, la superioridad moral del contrincante y su manejo de esa ventaja en el terreno de la opinión y la propaganda, constituyen armas vitales y letales en los escenarios de confrontación. De forma insólita la oposición renunció a su principal ventaja comparativa: la grandeza de la causa que defiende. Por eso, una vez que la gente descubrió que detrás de la invocación al conjuro del “cese a la usurpación” y del voluntarista latiguillo del “sí o sí” no había sino palabras, cesaron lógicamente las motivaciones que alentaron las elevadas expectativas iniciales sobre el uso de la fuerza militar, interna y externa para despachar rápido la crisis venezolana. Lo más prudente y con mayor eficacia política, pensando en el mediano plazo, era articular un mensaje inspirador fundado en incentivos morales, voluntad de lucha y acumulación de fuerzas en el tiempo, en vez de encarar la pelea contra el proyecto autoritario prometiendo desenlaces relámpagos y medios de fuerza de los que en verdad no se disponían. El fracaso de la operación montada con el ingreso de la ayuda humanitaria el pasado 23F, no fue un episodio menor.

Sin duda esta batalla está perdida, y todas las otras que vendrán también, si una y otra vez se siguen apelando a las mismas pócimas milagrosas de “Chávez vete ya”, la salida I y II, ,”Sí o Sí” , 187.11 y “jaque mate a Maduro”, y si una y otra vez se sigue creyendo en tales desvaríos. Se insiste en no entender que hay que crear y organizar partidos políticos con programas políticos en vez de activar ocasionalmente maniobras temerarias. La guerra es de posiciones, no de movimientos. A la izquierda gramsciana hay que enfrentarla con las mismas fórmulas gramscianas, no con las paleomarxistas de Lenin. Para sorpresa de muchos, los opositores en Venezuela salieron discípulos poco aventajados de las tácticas de lucha leninistas o de los consejos del estratega Curzio Malaparte. El resultado es que del impresionante caudal de apoyo popular que había en enero pasado, ahora el calado de las convocatorias políticas se vuelve a reducir a los espacios y públicos tradicionales de la oposición.

“Hasta ahora el gobierno siempre ha ganado en estrategia". Así lo afirma el respetado analista y amigo John Magdaleno. La pregunta es. ¿Por qué un régimen que no debió durar más de tres años ha durado 20? Y la respuesta hay que buscarla en el tipo de oposición o en el tipo de adversario que ha tenido enfrente hasta hoy. A mi juicio una aproximación es identificar en el gobierno a un grupo autoritario de inescrupulosas malvados. Esta caracterización es incorrecta, no por simplista, sino por otra razón. Olvidan algo básico. No se está enfrentando a un gobierno o a un régimen, se está enfrentando a una revolución en el poder. Y lo que se deriva de tal cosa y que define su naturaleza es que las revoluciones y los revolucionarios creen estar del lado correcto de la historia, una idea muy viciosa y deformante, lo cual los hace muy peligrosos. No existe tal cosa como el lado correcto de la historia, existen ideas o causas moralmente correctas, que es otra cosa muy diferente, ya que lo primero nos remite a lo peor del determinismo historicista marxista, que tiende a cumplir a cualquier precio el mandato de sus profecías sociales.

El influyente filósofo liberal francés Bernard Henri Lévy, expone en su más reciente libro “El imperio y los 5 Reyes” sobre el inicio de una era post occidental dominada por regímenes denominados iliberales. Habla de la decadencia de Europa y de la tendencia aislacionista de EEUU a partir de la llegada de Donald Trump al poder. China, Rusia, Turquía, Irán y el islamismo sunita serían los líderes de un nuevo orden mundial que sustituiría a la prevalencia de nuestra civilización basada en los principios a los que Bertrand Russell llamó “la sabiduría de occidente”. Ya ahora sabemos por qué Chávez designó con su dedo a Nicolás Maduro como su reemplazo en el ocaso de la vida, el hombre que tejió por años, desde la Cancillería venezolana, las relaciones internacionales de la revolución socialista bolivariana.

Está tomando cuerpo la idea de replantear la estrategia opositora frente al gobierno. La hipótesis del desenlace relámpago con el llamado al cese a la usurpación, demostró su inviabilidad. El rediseño apunta a una negociación para realizar unas elecciones para este año 2019. Sin embargo, sigo pensando que sin partidos políticos democráticos no habrá victoria consistente sobre el autoritarismo. La antipolítica, la forma en que los poderes fácticos le arrebatan al ciudadano su influencia sobre los asuntos públicos, destruyó a los partidos. Ahora toca recuperarlos o crear otros nuevos. Las intervenciones extranjeras, los líderes providenciales, constituyen formas ilusas de llenar ese vacío.

Para quienes confían que las sanciones internacionales y el colapso económico podrán eyectar del poder al chavismo, les recuerdo las sabias palabras del economista afroamericano Thomas Sowell: “Nunca pongas tu bienestar en manos de alguien que jamás pagará por sus equivocaciones".
Pedro Elías Hernández


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