Nuestro próximo presidente: ¿cuál será?


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Sab, 03/03/2018 - 08:30

Incertidumbre. No hay otra manera de llamar lo que estamos experimentando y padeciendo los colombianos. En vísperas de las elecciones presidenciales, la guerrilla del Eln se ha apoderado de los territorios dejados por las Farc, ha multiplicado sus actos vandálicos, como la voladura de puentes y oleoductos, secuestros, ataques a la Fuerza Pública, desplazamiento forzoso de la población, y todo esto con el abierto apoyo de la Venezuela de Maduro. Además, los más de mil disidentes de las Farc se están pasando a las filas del Eln.

Con el anuncio de la Fiscalía de que las Farc han utilizado testaferros para seguir disponiendo de buena parte de sus fondos, cadenas de supermercados son saqueadas en Bogotá y otras zonas del país por órdenes suyas. Se suman a ello los asaltos, la delincuencia común que tiene atemorizada a la población bogotana –no solo a quienes residen en barrios de clase alta, sino también a los habitantes de estratos medios y bajos–, la drogadicción, el matoneo en los colegios y el trabajo forzado al que son sometidos cientos de niños.

Este desolador panorama pasa a un segundo plano cuando florecen cada día, en los diferentes medios de comunicación, los escándalos de corrupción que salpican no solo a conocidos personajes de nuestro mundo político, sino también a, en otro tiempo, el luminoso aparato judicial. El ahora llamado "cartel de la toga" crea fundadas sospechas en torno a varios fallos y sentencias pagadas con altas sumas de dinero.

¿Son ajenos a esta tenebrosa realidad los candidatos presidenciales? No del todo. Veamos por qué. En primer término, los electores rasos han perdido su fe en los partidos y en el mundo político, contaminado por los innumerables escándalos de corrupción. Los candidatos que llaman su atención, como Fajardo y otros más, nos confunden con sus promesas inciertas. Su ambigüedad les ha hecho perder fuerza en las encuestas más recientes. La izquierda representa un peligro más real; su vieja estrategia la hemos comprobado los periodistas que visitábamos con regular frecuencia los llamados centros de reclusión militar. Recuerdo a desesperados tenientes o sargentos condenados injustamente a 25 o 30 años de prisión que recibían la visita de un Iván Cepeda y terminaban atendiendo sus falsos requerimientos con tal de obtener una rebaja de pena. No hay duda alguna de que estos testimonios sin fundamento acaban siendo falsamente utilizados en contra de Uribe.

Hoy en día, la verdadera sorpresa de la izquierda gira alrededor de Petro. Número uno en las encuestas, su mágico recurso es el populismo. Pese a su pésima administración como alcalde de Bogotá, los beneficios otorgados a los estratos uno y dos le han hecho ganar una amplia favorabilidad en el sur de la ciudad y la Costa. Es, ni más ni menos, una copia del apoyo logrado por Chávez en las elecciones venezolanas de 1998.

Frente a estas amenazas quedan dos alternativas del centroderecha: las que representan Germán Vargas Lleras y el Centro Democrático. El primero no busca coaliciones y se encamina a los riesgos de la primera y segunda vuelta, basándose en su pericia de vicepresidente para crear viviendas gratuitas, así como carreteras y puentes en zonas apartadas del país. Cuando se lo creía un buen amigo del presidente Santos, apareció en la escena política como un candidato opositor, ofreciendo soluciones y consultas opuestas al Gobierno.

Por último, queda la alternativa del Centro Democrático, único partido que cubre el territorio nacional presidido por figuras prominentes de oposición. Su mayor peligro es la consulta popular, que pone a su candidato, Iván Duque, en riesgo de ser derrotado por Marta Lucía Ramírez. Los que tenemos la firme intención de votar por él, teniendo en cuenta su buen conocimiento de los problemas del país y su aparición como figura nueva, limpia y bien formada en el juego electoral de 2018, albergamos el temor de que sea solo conocido por un calificado voto de opinión.

Todo es posible en unas elecciones como jamás se habían visto en el país. Colombia se juega en ellas su destino.
Plinio Apuleyo Mendoza

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/plinio-apuleyo-mendoza/nuest...


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