¿Gusanos, sicarios o demócratas?


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Mar, 12/06/2018 - 20:03

Gusanos - les decía Fidel Castro a los cubanos que lo adversaban, que por razones hoy cada vez más comprendidas por los venezolanos, huían a Miami buscando horizontes que ni de lejos podía ofrecerles esa revolución. Y buena parte del mundo de los años sesenta compartía la fanfarronería del dictador. Era la época de intelectuales de izquierda, de políticos “progresistas” que decían no ser anticomunistas, de juventudes amantes de la dictadura del proletariado o de alguna de sus variantes. La era del gravísimo error de confundir solidaridad con socialismo y avaricia con capitalismo. Por ello para muchos era irrelevante tomar en cuenta las razones qué motivaban a tanto cubano a preferir el riesgo de ser carne tiburón que a permanecer en las garras de la dictadura.
Sicario - le dice el canciller venezolano al secretario Almagro utilizando una desgastada fotocopia del libreto de Castro, con sesenta años de uso. Luego saca a relucir un diccionario de descalificaciones: el circo de la OEA, los cancilleres cumpliendo órdenes de alguien, las razones espurias de ir contra el demócrata Maduro. Pura palabrería devaluada. Un libreto roído por las polillas. Y luego tienen el tupé de hablar del gran triunfo en la OEA cuando apenas lograron tres votos de treinta y tres, ¿qué árbitro habrá cantado ese triunfo “irreversible”?
HISTORIA REPETIDA
La misma lucha de la civilización contra la barbarie que planteó Rómulo Gallegos y que ahora se denomina democracia contra la dictadura. Y los comunistas lo saben, pero su proyecto de poder no puede admitir que gobiernos de la mayoría de los países americanos que representan al 90% de la población, se quejen contra el gobierno venezolano por la opacidad de las elecciones; la represión, la hambruna y la diáspora, tan gigantescas que además de afectarnos a los venezolanos, amenazan la tranquilidad y estabilidad del continente.
Siempre ha sido así, ya en el siglo XIX, el Congreso Chileno protestó contra el título de Ilustre Americano que los jaladores del Congreso le dieron a Guzmán Blanco. Dictaduras contra democracias.
En los años cincuenta operaba la “internacional de los sables”, una serie de dictadores que creyeron iban a durar en el poder como los cuentos de hadas: para siempre. Pérez Jiménez, Somoza, Odría, Chapita, Castillo Armas, Rojas Pinilla y otros. El digno Canciller guatemalteco Toriello denunció en sus narices a las dictaduras en la Caracas de 1954. Por cierto, dictaduras apoyadas en ese momento por los Estados Unidos, que preferían militarotes a líderes demócratas proclives a caer en las garras del comunismo. Cosas de la guerra fría que nos demuestran que la política es para políticos que sepan palpar los laberintos de la historia.
Meses después el gobierno democrático de Guatemala estaba derrocado. Sin embargo las dictaduras comenzaron a caer como barajitas. Cambió el mapa político y surgieron en América Latina tres referencias políticas: la democrática de Rómulo Betancourt, la comunista de Fidel Castro y la militarista de Rafael Leonidas Trujillo.
Betancourt era la civilización, mientras Chapita y Castro las barbaries comunista y militarista. Pura historia repetida. La democracia venezolana, con todos sus defectos, se convirtió en una referencia democrática. Botaron a la injerencista Cuba de la OEA y buena parte del continente retornó a la democracia.
La lucha continuó. Surgieron guerrillas comunistas en algunos países y en los setenta emergieron nefastas dictaduras en el cono sur y pervivirían en Centroamérica.
HOY
Cuando Chávez ganó las elecciones, el comunismo cubano respiró. Chávez con su innegable carisma, generó un coctel de demagogia y petróleo que resucitó al populismo en América e intoxicó de gravedad a Venezuela.
Hoy, la mayoría de países demócratas de América, condenan al gobierno venezolano. Y no porque sean “títeres del imperio”, sino por las arbitrarias elecciones, por la inconstituyente ANC, por la licuefacción de poderes, la hiperinflación, el hambre y la destrucción nacional. Tan graves que amenazan con convertirse en pandemias que afecten seriamente sus economías. Además- y le cuesta entender al gobierno “revolucionario”- el espíritu democrático es el estado del arte de los latinoamericanos. Y del mundo, cansado de tantos hitleres o idisamines.
Por ello, y no por castigar la “heroica resistencia de la revolución” es que más de ochenta democracias del mundo condenan la barbarie venezolana.
El canciller chileno le dijo al nuestro, con cobertura mundial lo que pensamos y repetimos el 80% de los venezolanos, encapillados. Gracias. La OEA con el prócer de la libertad Almagro a la cabeza, defiende la civilización democrática. Gracias.
Apenas tres votos… se sienten vientos de cambio. Sople. Le toca a la civilización en Venezuela.
Rafael Gallegos


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