¿Transición o continuismo?


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Miércoles, 09/05/2018 - 20:40

Venezuela está en la “Y” del camino. Democracia o Comunismo.
El chavismo frenó a Venezuela, que siguió rodando por la inercia de la República Civil. Pero ya llegamos a velocidad cero. De allí este marasmo. Nada funciona. Paralizadas o “en vías de”: Pdvsa, las empresas de Guayana, el agro, las industrias, los hospitales, los autobuses, los comercios. Apagones, sequía, buscadores de basura, teléfonos averiados… ¿Habrán dejado algo?
Solo crece la nostalgia de cuando teníamos a mano a nuestros hijos, de cuando los ingresos alcanzaban para comer completo, de cuando no era obligatorio encerrarse cuando anochece…
Todo está destruido. Y para las “elecciones”, el gran destructor de la comarca nos dice que en su próximo gobierno arreglará el desastre que él mismo provocó. Casi como que oyéramos: Nooo chico te estaba echando broma… ahora sí voy en serio.
Lo único cierto es que el fracaso -del país, porque el gobierno cumple su estrategia de destrucción- es monumental. Somos una ruina sin gloria. Estamos muy lejos de cumplir nuestros objetivos y se requieren cambios radicales. Es la hora de la Transición hacia la Democracia. Lo otro es la continuidad de este desastre.
Venezuela está entre la transición y el continuismo. Y no es la primera vez. Veamos:
TRANSICIÓN DE LÓPEZ CONTRERAS
En 1935 a la muerte de Juan Vicente Gómez, su lugarteniente general Eleazar López Contreras asumió el mando. Se temía que el terrible general Eustoquio Gómez, primo del difunto, se empeñara en tomar el poder.
Eustoquio tenía un prontuario poco visto en este país de prontuarios. En 1907 asesinó, borracho, al Gobernador de Caracas Mata Illas en un bar, disparándole desde debajo de la mesa. Fue preso a La Rotunda. Luego Juan Vicente Gómez hizo una tramoya y liberó a su primo bajo el seudónimo de Evaristo Prato. Lo nombró – habrase visto- jefe del Cuartel San Carlos en Zulia.
Con el tiempo Eustoquio fue un siniestro Gobernador de Lara y de Táchira. Lo asesinaron cuatro días después de la muerte de su primo. Dicen que trataba de tomar la gobernación de Caracas para luego hacerse con el poder. Aunque sus familiares dijeron que sólo iba a saludar al gobernador…
Indudablemente Eustoquio representaba la continuidad de la dictadura. Y López Contreras, muy inteligente, representó la transición. Se salvó Venezuela.
EL CONTINUISMO DE PÉREZ JIMÉNEZ
En 1950 una Junta Militar encabezada por el general Delgado Chalbaud gobernaba Venezuela. Hacía dos años que habían tumbado al escritor Rómulo Gallegos y debían legitimarse. Delgado Chalbaud quería llamar a elecciones. Pérez Jiménez se oponía por aquella vieja alergia de los déspotas a las decisiones del pueblo.
La historia es conocida. El presidente Delgado fue secuestrado y asesinado. El jefe de la banda se escondió en la Embajada de Nicaragua. Cuando la abandonó lo cosieron a tiros. Sabía demasiado… Jamás se determinó quien fue el asesino. A nadie en el gobierno le interesaba. Aunque el primer sospechoso fue Pérez Jiménez.
Y no hubo transición, sino continuidad de la dictadura. Pérez Jiménez le colocó tenues caretas de democracia a su autoritarismo. En 1952 convocó a una Asamblea Constituyente. Participaron tres partidos: FEI, URD y Copei. El ilegalizado AD le ordenó a su militancia no votar. Pero esta no hizo caso y acudió en masa. El gobierno terminó contando los votos en los cuarteles. Y allí milagrosamente se voltearon los resultados. El ganador oficial fue el FEI, del gobierno. Villaba ganador sentimental y por votos, fue “invitado” a abandonar el país. Varios miembros del árbitro electoral, renunciaron ante el gigantesco fraude. Perdió la transición, ganó la continuidad de la Dictadura. El militar Pérez Jiménez fue dictador por cinco años más.
LA TRANSICIÓN DE LARRAZÁBAL
En 1958, militares encabezados por el Vicealmirante Wolfang Larrazábal derrocaron Pérez Jiménez. Pero la transición estuvo en veremos. Seis meses después el general Castro León trató fallidamente de derrocar a Larrazábal.
Éste contaba que los mismos que lo habían acompañado a derrocar a Pérez Jiménez le calentaban la oreja para que diera un golpe. Larrazábal les dijo: ustedes que me convocaron para acabar una dictadura ahora quieren que yo me convierta en golpista, ¿cómo es eso?
Luego, cuando fue candidato presidencial, sin que lo obligara ninguna Ley, el vicealmirante renunció al gobierno para evitar comentarios de ventajismo. Igualito a los “revolucionarios” que padecemos. Larrazábal, quién lo duda, fue el portaestandarte de la transición hacia la democracia.
La historia se repite. Hoy, en 2018 estamos en otro dilema: Democracia o Comunismo.
Pueblo en “Y” solicita lópeces y larrazábales para la transición hacia la democracia. Abstenerse los déspotas tipo Eustoquio, Castro León o Pérez Jiménez.
Rafael Gallegos


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