Cuatro motivos de júbilo


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Jue, 24/12/2015 - 15:19

Cuando me preguntaba qué se podría celebrar al final de un annus horribilis teñido con la sangre de inocentes víctimas del terrorismo, agobiado por continuos conflictos y abrumado por éxodos que no parecen tener fin, cuatro acontecimientos que tuvieron lugar en América Latina me ofrecieron la respuesta. Cuatro sucesos en los que se ha privilegiado el diálogo sobre la confrontación, el apego a las formas democráticas y el rechazo a la violencia como medio para obtener el poder.

En Venezuela, la aplastante victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias evidenció el hartazgo de la inmensa mayoría de los venezolanos con el populismo demagógico del chavismo que les ha traído la ruina económica, la restricción de libertades, el encarcelamiento e inhabilitación de los líderes de la oposición, la criminalidad desatada, el antiamericanismo visceral. El cambio en Venezuela ya ha empezado y de manera democrática, mediante el voto y aunque el reto a futuro es enorme, Venezuela sigue siendo uno de los países potencialmente más ricos del planeta y la oposición unificada ha mostrado que puede llevar al país a buen puerto.

A finales del año pasado, Barack Obama y Raúl Castro anunciaron la restauración de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, rotas hace 53 años. El camino a la normalización será largo y complicado pero el cambio para mejorar ha comenzado. Se han liberalizado los procedimientos para que los estadounidenses puedan viajar a Cuba, se ha autorizado el aumento del dinero que se envía por remesas y la exportación de equipos y materiales informáticos. Cuba ha iniciado la reforma de su economía descentralizando el sector agrícola y relajando restricciones a los pequeños negocios, liberalizando el mercado de bienes raíces. Sin embargo, persisten los grandes obstáculos a la normalización: el embargo y la ocupación de Guantánamo; el cambio político a un sistema democrático y el respeto a los derechos humanos y civiles. Creo que el cambio político en Cuba vendrá cuando el pueblo cubano lo exija y creo también que la apertura diplomática que beneficiará económicamente a los cubanos podría apresurarlo. Lo bueno es que los antiguos enemigos hoy están dialogando.

En Colombia hay que celebrar el avance de las conversaciones sobre el proceso de paz que se iniciaron en 2012. Por primera vez en medio siglo, el conflicto armado que ha causado 220,000 muertos y más de siete millones de víctimas podría llegar a su fin si 4.4 millones de colombianos ratifican los acuerdos. Si en el plebiscito del próximo año gana el ‘sí’, el Gobierno podrá implementar y desarrollar los acuerdos. “Si gana el ‘no’, como dice el presidente Juan Manuel Santos, “el país seguirá en guerra durante 20 o 30 años”. Si yo fuera colombiano no lo dudaría, votaría por la paz.

A Argentina también ha llegado el cambio para bien. La derrota electoral del peronismo populista corrupto representado por Cristina Fernández de Kirchner es motivo de regocijo continental pero más para los argentinos. Fernández deja el gobierno sin haber aprovechado ocho años de auge propiciado por las exportaciones de materias primas, con una inflación que rebasa el 25%, la segunda más alta de América Latina solo menor a la de Venezuela, con una declinación de las reservas del Banco Central, una negociación pendiente con acreedores internacionales y problemas con el narcotráfico, la corrupción y la seguridad pública. Al nuevo gobierno de Mauricio Macri le toca reencauzar al país y restaurar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Colombia, México y Perú, dañadas por recomendación de Hugo Chávez.

Las derrotas de la izquierda populista y los escándalos de corrupción en los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil auguran el final de la “marea rosa” que comenzó a fines de 1998, y que mancharon la reputación de la izquierda democrática. Un final anunciado porque su mezcla de política social y económica a base de subsidios frena el desarrollo, y la política clientelar diseñada para lograr apoyos políticos temporales no es sostenible a largo plazo. Lo bueno que nos deja este 2015 es la prueba de que los sistemas políticos antidemocráticos no tienen futuro ni en América Latina. @MunozBata


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