Tarjeta roja a los pillos


Sergio Muñoz Bata's picture
Jue, 04/06/2015 - 05:42

Bienvenida la limpia en la Fifa emprendida por la Fiscalía estadounidense. Ahora le toca a la justicia en América Latina investigar y castigar a los bribones que abusan del deporte más bello del mundo.
Señalar a los directivos de la Fifa de fraude, soborno y blanqueo es una verdad de Perogrullo. Lo sorprendente es que finalmente haya habido alguien que se atreviera a investigarla y a exponer la corrupción. Habrá que esperar a que las autoridades estadounidenses prueben la culpabilidad de los bribones y se les castigue. Lo maravilloso sería que en América Latina, donde los mismos rufianes han hecho sus crímenes, la justicia local siguiera el ejemplo de la fiscalía estadounidense y eliminara a los pillos federativos y a los negociantes que, como sanguijuelas, se benefician ilegalmente del fútbol.

Hasta ahora, 11 de los 18 imputados en el fraude de por lo menos 150 millones de dólares son latinoamericanos y faltan muchos más que pronto serán imputados. Es un universo que abarca a federativos, promotores, publicistas y banqueros argentinos, brasileños, uruguayos, estadounidenses, paraguayos, peruanos, bolivianos, ecuatorianos, colombianos, venezolanos, costarricenses y de varios países del Caribe.

No se trata –como Vladimir Putin y Sepp Blatter quieren hacernos creer– de una intervención extraterritorial del “imperialismo norteamericano”. Las autoridades estadounidenses hicieron su investigación porque los delitos por los que han sido acusados los funcionarios de la Fifa fueron cometidos en territorio estadounidense.

Todo empezó en el 2011, con una investigación fiscal a Chuck Blazer, quien fuera presidente de la Federación de Fútbol Estadounidense y secretario general de la Concacaf, la confederación que controla el fútbol en el hemisferio americano. Al igual que sucedió con Al Capone, al revisar las declaraciones de impuestos de Blazer, la agencia tributaria encontró que sus ingresos legales no justificaban las excentricidades de su estilo de vida. Los gatos de Blazer ocupaban un piso de lujo en las torres de Trump en Nueva York, una extravagancia que ni el propio Trump, otro cretino cuyos excesos suelen ser desorbitados, había igualado.

Enfrentado a la evidencia, al rufián de Blazer no le quedó más alternativa que convertirse en soplón y acceder a grabar a miembros del comité ejecutivo de la Fifa fraguando sus ilícitos negocios. Hoy, la investigación rebasa el ámbito de los impuestos para investigar un sistema corrupto en el que participaron varios bancos estadounidenses. Además, en Estados Unidos existe una Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero que permite sancionar a una compañía norteamericana o extranjera, pero que opera en territorio estadounidense, que paga sobornos a funcionarios.

El congreso de la Fifa en Zúrich, que reunía a todos los implicados, fue la oportunidad dorada para la justicia estadounidense. El gobierno suizo ya ha endurecido sus leyes para disuadir la corrupción en los organismos internacionales y está llevando a cabo su propia investigación sobre la forma en la que se otorgaron las copas mundiales del 2018 y del 2022 a Rusia y Catar, respectivamente. Las redadas hechas en Zúrich incluyeron la incautación de documentos por la oficina del fiscal general de Suiza como parte de esta investigación.

El fútbol, con sus aproximadamente 1.600 millones de aficionados, es un negocio que genera unos 50.000 millones de dólares de acuerdo con las cifras del Observatorio de Fútbol.

Suponer que la investigación estadounidense de la Fifa acabará con la corrupción en el deporte más bello del universo es más que ingenuo. Eso no significa, sin embargo, que hay que escatimarle apoyo al esfuerzo. Al contrario, lo que hay que hacer es ir poco a poco desenmarañando la trama de la corrupción y exigiendo mayor transparencia a organizaciones como la Fifa, que, según sus estatutos, debería ser una organización sin fines de lucro.

Fuente: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/tarjeta-roja-a-los-pillos/15...


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