Maduración de cambures


Thaelman Urgelles's picture
Jue, 03/05/2012 - 22:10

Acostumbrados a pensar que Fidel y Chávez nunca se equivocan y que cada acción suya es el resultado del sesudo análisis de una mítica sala situacional, oculta en un tenebroso cuchitril de Miraflores, no terminamos de sorprendernos con la errática conducta exhibida por el oficialismo en los últimos días.

De las terminantes afirmaciones de curación del propio comandante se pasó a la ambigua admisión de Jessie Chacón de que podrían necesitar una especie de Chávez colectivo; y sin transición a los tres escenarios de Castro Soteldo, ninguno de los cuales contempla la curación definitiva del líder. Todo parecía un medido deslizamiento hacia la verdad verdadera, con la mayor gradualidad permitida por la gravedad del paciente. Pero de pronto, tras la misteriosa visita del líder 4 días al país y su precaria imagen durante la firma de la LOTTT, los escenarios se redujeron nuevamente a uno: no hay otro candidato que Chávez.

Obviamente, eso no es un plan de estrategas ni think tank alguno. Se trata simplemente de un palo de ciego, un salto al vacío, originados en que el presidente continúa en negación, resistiéndose a la idea de que su proyecto, por lo menos en lo que toca a su persona, está irremediablemente cancelado. Y nadie en su entorno se atreve a contradecirlo.

La situación es ciertamente dolorosa, pero reviste enorme gravedad y peligros para la paz del país: quienes han mandado a sus anchas durante casi tres lustros se encuentran prácticamente inmovilizados contra la pared, aunque conservan intacto su poder de fuego y violencia. Si el presidente sigue madurando cambures para decidir lo que debió ejecutar hace varias semanas, quizás los bananos muten directamente de pintones a podridos.


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