Verdugo no pide clemencia


Thaelman Urgelles's picture
Dom, 17/02/2019 - 08:29

Por estos días se ha puesto en boga, entre algunos antiguos entusiastas de la "revolución bonita" o sempiternos "ni-níes", una actitud victimizada. quejosa de la vehemencia y en ocasiones virulencia con la que se responde en las redes sociales sus ahora tímidos y hasta velados apoyos a la dictadura, o a su ni-niísmo o neo-ni-niísmo. Con cuasi llanto desgarrado, algunos apelan a la libertad de expresión, clamando que las respuestas que reciben son violatorias de ese sagrado derecho.

Ciertamente, algunos miembros de la oposición responden en estas redes con acusada intolerancia a quienes asoman su intención, clara o velada, de defender al régimen usurpador en vías de extinción. No comparto esa actitud y la condeno cuando excede los términos de una relación ciudadana y civilizada. Pero también tengo unas palabras para quienes, desde el chavismo en extinción o el sempiterno ni-niísmo, se quejan de lo que antes celebraban o ignoraban.

Según las leyes y organizaciones internacionales de derechos humanos, la libertad de expresión es el derecho de que el Estado, o sea el Poder, no ataque, persiga, excluya o perjudique de ningún modo a las personas u organizaciones a causa de las informaciones y opiniones que ellas expresen; ni límite en ninguna forma los medios para que las opiniones sean emitidas y recibidas. En pocas palabras, la libertad de expresión sólo la puede coartar el poder, no los ciudadanos particulares.

Todo debate entre iguales, como los que se efectúan a diario en las redes sociales, no supone ataques o límites a la libertad de expresión, por más duros y desconsiderados que sean los argumentos entre ambos debatientes. Si un particular agrede físicamente a otro a causa de sus opiniones, está cometiendo un delito penado por la ley pero no está violando ninguna libertad de expresión. Pero si un grupo de ciudadanos agavillados ataca físicamente a uno o dos que tratan de informar o expresar sus opiniones, sí están violando los derechos humanos, porque la mayoría numérica representa un poder ante uno o dos ciudadanos indefensos por su minoría. Es el caso de cuando aquí las gavillas o colectivos "bolivarianos" atacaban a los periodistas, les arrebataban sus cámaras y teléfonos, muchas veces bajo la mirada complaciente de las autoridades responsables de defender a los agredidos. Hoy no lo hacen, o lo hacen muy poco, sencillamente porque no tienen con qué.

Así que es el poder, en sus diversas manifestaciones, la única entidad que puede violar la libertad de expresión. No los ciudadanos, en sus debates verbales en las redes sociales.

Por cierto, el que una mayoría critique lo que dices, a veces con detestable intolerancia, es el precio de quedar en minoría cuando una vez fuiste mayoría aplastante y no reconociste a la minoría.

Quienes hoy se quejan de la virulencia de la mayoría ante sus opiniones, parecen olvidar que ellos sembraron esas actitudes cuando, siendo mayoría, acosaron, humillaron, discriminaron y permitieron o justificaron que se ejerciera violencia e incluso se asesinara a los miembros de esa minoría.

Hoy la antigua minoría se hizo mayoría, pues a ella se sumaron densos sectores que antes estuvieron con aquella mayoría que los traicionó y engañó. Es condenable que algunos de la nueva mayoría se comporten con intolerancia, pero reconocerán los quejosos de que esta es sólo verbal.

Así que dejen el llanto, bájense de la cruz y discutan con el valor que tuvimos los de la antigua minoría. Ustedes no son mudos ni mochos.

Verdugo no pide clemencia.

Thaelman Urgelles


Comentarios



Por si no lo viste