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Aquilino J. Mata: El maestro Inocente Carreño dejó una obra musical eminente


Jue, 30/06/2016 - 10:37

El músico, compositor y educador venezolano Inocente Carreño, fallecido anoche a los 96 años, dejó una obra eminente para la posteridad. Nacido en Porlamar, estado Nueva Esparta, el 28 de diciembre de 1919, fue criado por su abuela, quien le contaba leyendas y le cantaba aires tradicionales de su isla natal. Inició sus estudios musicales con el maestro Lino Gutiérrez, en cuya banda tocó cuando apenas contaba nueve años.

En 1932 se radica en Caracas con su hermano Francisco (1910-1964), notable especialista del folklore. Ambos trabajan en una zapatería y paralelamente participan en los movimientos intelectuales de su época. Para entonces, Inocente Carreño toca la guitarra con sus dos hermanas y arregla y compone mucha música popular en ritmo de joropo, merengue, vals, rumba, tango y bolero.

Posteriormente estudia en la Escuela de Música y Declamación con el maestro Vicente Emilio Sojo, de notable influencia en su vida. También aprende a tocar trompeta con Federico Williams, se incorpora al Orfeón Lamas como cantante y a la Orquesta Sinfónica de Venezuela como cornista y trompetista.

En 1940 empieza una carrera de docente y compone con más frecuencia en el estilo clásico, se casa en 1950 y da a conocer en 1954 su obra más famosa, el poema sinfónico “Margariteña”, que forma parte del repertorio obligado de las más destacadas orquestas de Venezuela y el resto del mundo.

Es el responsable de la música del himno de la Universidad de Oriente y en 1970 funda la escuela Prudencio Esaá. Es elegido senador por su estado natal y se desempeñó como Ministro Consejero ante la Unesco, en París. En 1983 inaugura la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño con su “Glosa Margariteña” y en 1989 es nombrado director de la Escuela Superior de Música de Caracas.

Su obra, prolífica y de carácter nacionalista, incluye cuatro Oberturas Sinfónicas, dos Suites para orquesta de cuerdas, una Sinfonía Satírica y una Elegía para orquesta de cuerdas. Asimismo, poemas sinfónicos, numerosas canciones para voz y orquesta, música de cámara, un quinteto para oboe, flauta, clarinete, trompa y fagot; dos cuartetos de cuerdas; piezas para flauta y piano, así como piezas para piano (valses) y para guitarra (las dos Suites).

Recibió el Premio Nacional de Música para Obras Corales en 1972, por “Canto a Jesucristo”; el Premio Nacional de Composición, 1983, por “Estudio Sinfónico” y el Premio Nacional de Música, 1989, por su trayectoria musical.
En la última entrevista que ofreció, publicada por el diario El Nacional, relató que de no haber sido músico, le hubiese gustado ser periodista.

Escribió dos libros. En uno recopiló sus recuerdos de Margarita, y el otro es un anecdotario de su vida, en el que contó los aires margariteños que aprendió con su abuela y cerró con el poema “No habrá luto ni lágrimas de duelo”.

Aquilino José Mata/ EDC


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