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Aretha Franklin, la indiscutible Lady Soul, dejó una huella imborrable


Vie, 17/08/2018 - 09:44

En 1967, año del cuatricentenario, Caracas estaba de fiesta. A lo largo de los meses, hasta el fatídico 29 de julio, día en que un terremoto asoló a la ciudad y puso un final trágico y abrupto a las celebraciones, los caraqueños, contagiados por la euforia del aniversario, participaban entusiastas del jolgorio.

Aretha Franklin, la indiscutible Lady Soul, dejó una huella imborrable

Era la época del auge de las discotecas, donde los jóvenes -y los que no lo eran tanto- acudían a bailar los éxitos de entonces, entre los cuales figuraban preeminentemente los de tres cantantes negras, todas fabulosas: Miriam Makeba, con “Pata pata”; Dionne Warwick con “I Say a Little Prayer for you” y Aretha Franklin con “Respect”. En aquel país próspero que entonces éramos, estas tres divas de la música vinieron para deleitarnos con su arte. Aretha lo hizo en 1968 y de las tres fue la que dejó la mejor impresión.

La venerable artista, fallecida este jueves 16, a los 76 años, agobiada por el cáncer de páncreas que sufría y que nunca reconoció oficialmente, fue también la que más trascendió mundialmente de este trío, lo cual es decir bastante, tomando en cuenta la relevancia que también obtuvieron las otras dos. Pero la eminente artista, nacida en Memphis y criada en Detroit, condujo su carrera por rutas de excelencia, hasta situarse como una de las cantantes más importantes de la historia de la música. Se erigió como una de las máximas exponentes del rythm&blues, el gospel y el pop, por lo cual mereció, con toda justicia, recibir el apelativo de Lady Soul.

Aquí en Caracas hizo un par de actuaciones en la Discoteca El Hipocampo, ambas a sala repleta, y se presentó también en los dos programas que entonces conducía Renny Ottolina en Radio Caracas Televisión: El Show de Renny, que se emitía diariamente los mediodías, y el dominical nocturno Renny Presenta. Causó gran sensación entre nosotros y en el momento en que llegó ya había colocado un nuevo éxito en las radioemisoras, “Chain of Fools”, otro de los emblemas de su amplio y variado repertorio.

Una carrera eminente

Dotada de una voz prodigiosa, que influyó en decenas de cantantes posteriores, entre ellas Whitney Houston y Beyoncé, popularizó, y de hecho convirtió en canciones insignia, indisociables de ella, composiciones como “Respect”, de Otis Redding; “Natural Woman”, de Carole King; “Chain of Fools”, de Don Covay y “I Say a Little Prayer for you”, de Burt Bacharach y Hal David, imprimiéndolas para siempre en la memoria popular. En algunos casos, fue autora de sus propios éxitos, entre ellos “Think”, que puso banda sonora al movimiento feminista de finales de los 60 y que se considera un emblema de la época.

Otros hitos de su repertorio son “Spanish Harlem”, “‘You Send Me”, “What a Difference a Day Make” y “Son of a Preacher Man”, canciones legendarias de las cuales hizo versiones inolvidablemente particulares.

Como era habitual en los primeros tiempos de la música pop, publicó un disco por año (a menudo incluso dos) a partir del lanzamiento de su primer elepé, “Songs of Faith”, en 1956, cuando tan solo contaba 14 años. En sus trabajos iniciales interpretó canciones tradicionales, como “Swanee”, de George Gershwin, y no fue sino hasta la llegada de su undécimo álbum, “I Never Loved a Man the Way I Love You”, en 1967, cuando logró verdadero éxito comercial, auspiciada en este caso por el suceso de “Respect”. Sin embargo, se suele considerar su disco más emblemático “Lady Soul”, el decimocuarto, que es mencionado con frecuencia entre los más importantes de todos los tiempos.

De ella no puede decirse que viviera anclada en el pasado, pues buscó mantenerse en el candelero colaborando con artistas contemporáneos como George Michael, en el single “I Knew You Were Waiting (For Me)” en 1986, o Mariah Carey, con quien compartió escenario no pocas veces. Incluso, en 2014 sacó un disco de versiones donde incluyó canciones de Adele, Alicia Keys, Whitney Houston y Sinéad O’Connor.

Veneración por su arte

La diversidad de los artistas a los que Aretha Franklin ha influido, o que simplemente la reconocen como una de las cantantes más importantes de la historia, se percibe en la cantidad de luminarias que hoy la están recordando en las redes sociales. Paul McCartney, Diana Ross, su colaborador Clive Davis, Justin Timberlake, Christina Aguilera, Ariana Grande, Chance the Rapper, Azealia Banks, Jake Shears, Florence + the Machine, Will Butler de Arcade Fire, Britney Spears y Liam Gallagher son algunos de los astros de varias generaciones que han lamentado su pérdida.

Especialmente emotivo es el mensaje que le dedicó Mariah Carey, quien escribió que “el poder de la voz de Aretha en la música y los derechos civiles abrió una puerta para mí y muchos otros”. Y además apunta: “Fuiste mi mayor inspiración, mi mentora y mi amiga. Me enseñaste que podía cantar las canciones que quería cantar y traer a Dios conmigo. Atesoro todos los momentos que pasé en tu presencia”.

De Luther King a Malcolm X

Aretha nació en Memphis, Tennesse, en 1942. Hija de un pastor bautista y una cantante, como millones de familias se fueron hacia el norte esperando escapar del odio y la muerte en el racista sur estadounidense.

Su madre murió cuando tenía diez años, su padre se convirtió en uno de los ministros más importantes de Detroit y en los años 50 conoció a Martin Luther King, Malcolm X y a las cantantes de gospel Mahalia Jackson y Clara Ward. Desde su infancia, lo político y la música fueron inseparables.

El legado de Aretha Franklin no son sólo sus decenas de discos pegados y sus millones de álbumes vendidos, sino también el acto constante de apropiarse de un espacio que despreciaba a las que eran como ella. Fue tener que demostrar, una y otra y otra vez, que merecía estar ahí arriba, que sabía tomar un micrófono y un piano y que no había nadie en el mundo que lo hiciera mejor en ese momento.

Por cuarenta años mantuvo el récord del mayor número de canciones en el Top 100 de Billboard, vendió 70 millones de discos y fue la primera mujer en ingresar al Salón de la Fama del Rock and Rollg. Su escuela no está solo en la voz de Amy Winehouse o Janelle Monáe, sino también en el ser completo de Beyoncé, en la actitud y las letras de Nicki Minaj y en la personalidad de Cardi B.

Su voz arrolladora y su estilo salpicado por giros impredecibles, fraseos caprichosos y puntas de paroxismo heredadas de su educación en el góspel, quedarán para siempre como impronta de la excelencia de una de las grandes cantantes de todos los tiempos, la indiscutible Lady Soul.

Aquilino José Mata


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