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Mario Suárez deja una estela de integridad y excelencia artística


Miércoles, 14/11/2018 - 18:11

El fallecido cantante dio a conocer varios temas que hoy día son clásicos del repertorio nacional, como “Sabaneando”, “La paraulata”, “Rosangelina”, “Desilusión” y “La potranca zaina”

Mario Suárez deja una estela de integridad y excelencia artística

La música llanera estilizada estaba en el año 1955 en pleno auge, gracias al su gran creador e impulsor, el maestro Juan Vicente Torrealba, quien con su grupo, Los Torrealberos, dio a conocer una sucesión de canciones que hoy día constituyen verdaderos clásicos, muchas de ellas interpretadas por la voz solista del grupo, un cantante de hermosa voz y estilo elegante llamado Mario Suárez.

Cuando ingresó a Los Torrealberos en 1953, ya Mario Suárez tenía más de una década de actividad como cantante, una vocación que se le manifestó desde muy pequeño en Maracaibo, donde nació el 19 de enero 1926 con el nombre de Mario Enrique Quintero Suárez. Cuando tenía 9 años su padre, Filinto Quintero, fue contratado como chofer de Carlos Gardel y su comitiva para las actuaciones que el Zorzal Criollo ofrecería en la capital zuliana. La presentación del ídolo argentino en el Teatro Metro fue muy impactante para el niño, pues constituyó su primer contacto con el arte y el detonante de lo que deseaba ser en el futuro.

En 1936, Mario Suárez se traslada a Caracas y como vocalista infantil comienza a cantar en programas radiales para aficionados. Pero todavía no le llegaría su gran momento, razón por la cual compartía lo que era todavía una afición con el oficio de sastre, en un taller que había creado con sus hermanos José y Esperanza.

Una sólida formación

El propio cantante considera a 1943 como el año del inicio de su carrera artística, que se produjo cuando el campeón de ciclismo, Teo Capriles, lo lleva ante el profesor José Ángel Lamas y éste, al escucharlo y comprobar sus condiciones artísticas, lo incluye como solista del orfeón Juan Manuel Olivares, con el que debutó en el Teatro Nacional. Ese mismo año conoce a Billo Frómeta, quien le da la oportunidad de cantar boleros con su orquesta, en los bailes a los que el joven asistía -que no eran pocos-. Conjuntamente con el canto, practicaba el ciclismo, seguía trabajando como sastre y estudiaba de noche con el doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa en el colegio República del Paraguay.

Con esfuerzo y tenacidad fue labrándose su propio camino artístico. Un buen momento lo tuvo en 1946, cuando el locutor Julio Rodríguez Tellería lo introduce ante Ricardo Espina, director de la emisora Radio Caracas, en donde el joven tuvo la oportunidad de ser escuchado nada menos que por una de las grandes figuras de la canción de entonces, el mexicano Pedro Vargas, quien lo apadrina y lo presenta al público con unas palabras premonitorias: “Es motivo de orgullo y satisfacción para mí, presentar esta noche a un joven que algún día llevará el nombre de Venezuela como yo llevo el de México, su voz no tiene nada que envidiarle a cualquiera de nosotros, su nombre: Mario Suárez”.

Motivado por tan valioso respaldo, se decide a incrementar su formación musical. Becado por Radio Caracas, ingresa a la Academia de Música de Santa Capilla, que dirigían los maestros Vicente Emilio Sojo y Ángel Sauce, y de la mano del maestro de canto alemán Alfredo Holander. De esta manera, inicia un indetenible ascenso artístico, con presentaciones en los programas radiales más famosos de la época, alternando con luminarias de la categoría de Tito Schipa y José Mojica, hasta que en 1953 arranca su fructífera etapa con Los Torrealberos, con quienes impuso, entre otros muchos temas, títulos como “Sabaneando”, “La paraulata”, “Rosangelina”, “Desilusión”, “La potranca zaina” y muchos otros.

Descubrió a Lila Morillo

Además del maestro Torrealba, cantó con las orquestas de Luis Alfonso Larrain, Billo Frómeta, Aldemaro Romero, Jesús Sanoja, Arnoldo Nali, Aníbal Abreu, José Sabré Marroquín, Adolfo Guzmán y Álvaro del Mar, y con los conjuntos criollos de Cándido Herrera, Henry Rubio y Amado Lovera, entre otros. Con ellos fue sumando a su repertorio nuevos éxitos.

Ya consolidado artísticamente, se dedica a descubrir y apadrinar a otros nacientes talentos, entre ellos su hija Norah, que luego se dedicó a la actuación, y una que llegaría muy lejos en el mundo del espectáculo: Lila Morillo, quien conoció sus primeros sucesos en la música de la mano de su mentor, con quien hasta se le atribuyó un romance.

Como líder gremial también fue destacada la labor de este artista. Junto a Antonio Ríos, Carlos Lander y Sótero Rodríguez funda en 1950 la Federación Unificada de Trabajadores de Venezuela y en 1958 es nombrado director general de Espectáculos Públicos del Distrito Federal y el estado Miranda. Años después, en 1966, es electo por dos períodos consecutivos presidente de la Asociación Venezolana de Artistas de la Escena (Avade).

La de Mario Suárez fue una carrera eminente, tanto en Venezuela como en los numerosos países que recorrió, entre ellos Cuba (en donde su popularidad resultó abrumadora), México, Argentina, Uruguay, Brasil, Colombia y las Antillas Holandesas. En atención a sus innumerables méritos, recibió las más importantes condecoraciones que otorga el Estado venezolano.

Mario Suárez estaba residenciado desde hace varios años en su natal Maracaibo, donde falleció hoy a los 92 años de edad, como consecuencia de una afección cardíaca.

Aquilino José Mata / EDC


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