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Manuel Malaver: Leopoldo, María Corina y Ledezma


Dom, 17/02/2019 - 09:01

Al decidirme a escribir estas líneas sobre el 5to aniversario de aquel 12 de febrero del 2014, se me vinieron a la memoria los nombres de los tres venezolanos que lo emblematizaron y que, no por azar, lideran hoy las batallas que tiene al pueblo de Venezuela a punto de culminar la hazaña de expulsar a Nicolás Maduro de la usurpación de la presidencia de la República.

Y es que, hay una perfecta continuidad entre los sucesos que de febrero a junio de aquel año sacudieron al país -y que si bien desencadenaron el asesinato alevoso de 42 jóvenes en las calles por el delito de manifestar, el encarcelamiento de Leopoldo López, Daniel Ceballos y otras figuras clave en la dirección del movimiento opositor y más de 3000 venezolanos torturados, perseguidos y encarcelados muchos de los cuáles aún permanecen en las cárceles- sentaron la pauta.

De entre mis recuerdos, desempolvo reuniones sostenidas entre diciembre del 2013 y enero del 2014 con los tres venezolanos que titulan estas líneas conmemorativas, y de verdad, ninguno tenía en mente otra idea que urdir una ruptura en un país y un movimiento opositor agudamente deprimido por las pérdidas de unas elecciones que se ganaron y se perdieron (las presidenciales del 14 de abril de ese año) y después el remate fraudulento que hizo el madurismo en las regionales para gobernadores y alcaldes del 8 de diciembre.

Y de repente y a raíz de la represión un mes después, el 12 de febrero, de una manifestación estudiantil que protestaba frente a la residencia del gobernador del Táchira, Vielma Mora, en San Cristóbal, la chispa que desató el incendio, el movimiento de las alas de una mariposa que desató el huracán, la tempestad y su extensión a Mérida, Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Caracas, Puerto La Cruz, Margarita, Puerto Ordaz y a todo el país.

Fue -vale recordar- la ocasión de una división en el movimiento opositor, del que venía agrupado en la MUD desde el año

Como respondiéndoles, los tres partidos y los líderes que dirigían la rebelión publicaron el 9 de junio del 2014 el manifiesto La Salida, auténtico hito en el intento de producir un sacudón en la estrategia electoralista que, desde el 2006, había implementado la MUD, pero que, luego de los fraudes chavistas perpetrados en las presidenciales del 14 de abril del 2013, y en las elecciones para gobernadores y alcaldes del 8 de diciembre del 2013, reveló que estaba agotada y pedía a gritos entender que una nueva realidad política había nacido con el postchavismo y era urgente enfrentarla con otras ideas y otros liderazgos.

“Desde febrero de 2014 despertó en toda la nación un movimiento cívico y autónomo de protesta sin precedentes que exige un futuro ya”, se lee en La Salida. “Un futuro donde el respeto a la vida no sea un mito, donde ser independientes, conseguir alimentos, medicinas, electricidad y la posibilidad de tener un hogar propio, no sean lujos impensables.

El despertar de los venezolanos evidencia nuestra determinación para producir profundos cambios democráticos. Quienes controlan el poder han respondido con la más brutal represión en las calles y en los tribunales, generando más de 3000 detenciones arbitrarias, cientos de presos políticos, decenas de torturados y el asesinato de 42 venezolanos.

La crisis sin precedentes que vive nuestra nación, la insuperable incapacidad del Gobierno para enfrentarla y el firme avance represivo del régimen dictatorial, nos obliga a plantearle al país una salida a este grave conflicto: la convocatoria urgente a nuevas elecciones justas, libres y transparentes para elegir un nuevo Gobierno de Unidad Nacional y Poderes Públicos independientes”.

En otras palabras que, tres párrafos que reúnen las ideas que aceptándolas o rechazándolas, criticándolas o admitiéndolas, recibiéndolas como un factor de unidad o de división, se convirtieron en la energía motriz de la política opositora a partir del 2014, y han determinado que, quienes las abrazaron sean los ductores del actual proceso, y quienes las ignoraron anden a la deriva, olvidados o confundidos.

La mejor prueba de ello es que, a pesar de las diferencias que cundieron entre los dos factores opositores durante la segunda mitad del 2014 y la primera mitad del 2015, se unieron para participar en las elecciones parlamentarias que se celebrarían el 6 de diciembre del 2015 y ahí volvió a surgir el segundo hito, la segunda victoria que al darle a la oposición la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, creo la posibilidad de crear otro gobierno a partir del Poder Legislativo y dar la batalla que aún sigue librándose para derrotar la dictadura.

Puede decirse entonces que, el nuevo clima en la política nacional que emerge cuando la oposición pasa a dominar al Poder Legislativo al obtener la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional -y que significa las jornadas por el “Referendo Revocatorio” en el 2016, los diálogos que siguen a finales de ese año y comienzos del 2017, el nuevo empinamiento de la lucha de calle durante los meses de abril, mayo, abril y junio, y el regreso de otro diálogo que vuelve a fracasar-, hacen parte de una cruzada que se desenvuelve en capítulos, unos exitosos, otros frustrados, pero dirigidos al suceso máximo que no es otro que el nombramiento de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y, paralelamente, su juramentación como Presidente Encargado de la República.

Sin más puntos ni comas que agregarle, que la formación de un nuevo gobierno, legítimo y constitucional, enfrentado y forzando por desplazar de la jefatura del Poder Ejecutivo al usurpador, Maduro.

A cinco años del nacimiento de aquel 12 de febrero del 2014, entonces, y luego de un sin fin de acontecimientos en los cuales se avanza unas veces y se retrocede otras, pero sin perder el norte que no es otro que liberar a Venezuela de la peste marxista, totalitaria y castrista, Juan Guaidó en apenas mes y medio le dice al mundo que la democracia venezolana nació de nuevo y lo que le falta es empezar a caminar.

Son arrebatones históricos, en los cuales, ya no está Leopoldo que tiene, al cumplirse los primeros cinco años de aquel 12 hasta que se fugó y asiló en Madrid desde donde da muestras a cada momento de su liderazgo nacional y global y María Corina que si está transfigurada en felicidad pura, porque puede decir que ni sus luchas, ni sus palabras fueron en vano y vuelan en el reconocimiento de un país que la tiene entre sus líderes fundamentales.
Durante el 2018, literalmente, una vox clamantis in deserto, pero impertérrita, incontenible, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, sin miedo a los colectivos que la agredieron numerosas veces, ni a quienes la criticaban diciendo que era una alborotadora sin proyecto, una pescadora en río revuelto en un país cansado que se había convencido que La Salida era negociar con Maduro.

Es aún muy temprano para precisar los humanitaria como una consigna que obligara al tirano a marcharse y la oportunidad de que al tocarle a “Voluntad Popular” la presidencia de la AN en el período que se iniciaba el 5 de enero, Leopoldo López, designara a Juan Guaidó para jugar el rol estelar que ha jugado, sin duda que todavía seguiríamos en el to be or not to be de derrocar a Maduro.

Es la continuidad de La Salida, de aquella que se inició el 12 de febrero del 2014. @MMalaverM

Manuel Malaver


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