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Pedro J. Torres: Riesgo a desarrollar obesidad puede depender de hábitos y estilo de vida de mamá


Mar, 24/07/2018 - 18:19

Una alimentación balanceada, hábitos de vida saludable, ejercicio cotidiano y prescindir de hábitos perniciosos como el tabaquismo y el consumo de alcohol durante el embarazo son excelentes medidas preventivas que incrementan en forma notable las probabilidades de tener un bebé sano, y disminuyen significativamente el riesgo de que el niño llegue a desarrollar obesidad infantil. No obstante, hasta el momento se desconocía hasta qué punto el que las futuras madres llevaran un estilo de vida sano, no sólo durante el breve período del embarazo y la lactancia sino desde su propia infancia, podía influir en la salud de sus hijos por venir; esta interrogante ha sido aclarada por un estudio reciente según el cual el mantener hábitos de salud adecuados desde la niñez es la mejor garantía contra el riesgo de sufrir de obesidad, tanto para la madre como para los futuros hijos.

Pedro J. Torres y su fundación promueven también que desde el arte y la cultura se respalde el bienestar humano

El estudio, llevado a cabo por un equipo científico internacional, radicado en Canadá y Estados Unidos, y publicado por The BMJ, señaló que los hijos de madres que mantenían un estilo de vida saludable desde sus primeros años de vida tenían un riesgo de desarrollar obesidad infantil considerablemente menor al de niños cuyas madres no tenían hábitos saludables en el pasado.

-Esta información es compartida y comentada por la Fundación Torres-Picón, con fines preventivos para el bienestar y la salud humana.

Indicaron los expertos que los resultados obtenidos señalan claramente que “el estilo de vida saludable general de las madres durante el periodo de la infancia y la adolescencia se asocia con un riesgo sustancialmente menor de obesidad en sus hijos”. En este sentido, dichos resultados apuntan hacia los beneficios que pueden derivarse de una intervención preventiva de la obesidad infantil enfocada en los padres. “Se necesita una investigación prospectiva que examine el papel de los padres en el desarrollo de la obesidad en la descendencia”, señalaron.

El estudio se llevó a cabo mediante el análisis de las historias clínicas y el estilo de vida de 24.289 niños de entre 9 y 14 años, hijos de 16.945 mujeres, con un promedio de edad de 41 años y un Índice de Masa Corporal (IMC) medio de 25 y en el 93% de los casos se trataba de madres no fumadoras actuales; sus hijos eran varones en un 46% y tenían un promedio de edad de 12 años. Todos estos datos que habían sido recopilados en dos estudios previamente realizados en Estados Unidos, el Nurses‘ Health Study II (NHSII) y el Growing Up Today Study (GUTS). Además, a las madres participantes se les pasó una encuesta en la que se les solicitó información detallada acerca de su historial médico, su estilo de vida, niveles de actividad física, hábitos de alimentación, consumo de alcohol y tabaquismo; con esta información y con el cálculo de Índice de Masa Corporal (IMC) de las madres, los expertos calcularon el riesgo de obesidad de cada niño.

A fin de establecer con la mayor precisión posible los parámetros a tomar en cuenta para este estudio, se establecieron cinco factores de estilo de vida de bajo riesgo: dieta de alta calidad, peso corporal normal, actividades físicas regulares, ingesta leve o moderada de alcohol y no fumar; los niños cuyas madres cumplían con estos cinco factores presentaron un riesgo de obesidad de hasta un 75% por debajo de los niños cuyas madres no cumplían ninguno de estos factores.

Los hijos de madres no fumadoras presentaron un 31% menos riesgo de obesidad que los hijos de madres fumadoras; los niños cuyas madres practicaban ejercicio físico al menos 150 minutos semanales y mantenían su ingesta alcohólica al mínimo, presentaron igualmente un riesgo de obesidad inferior al de niños cuyas madres no hacían actividad física alguna, aunque no tomaran bebidas alcohólicas.

Los investigadores destacaron que siendo éste un estudio estrictamente observacional, no es posible establecer relaciones firmes de causa y efecto, además de presentar limitaciones inherentes al método de recolección de información, ya que buena parte de ésta, como el estilo de vida, hábitos de alimentación y actividad física, proviene de testimonios aportados por las madres, los cuales pueden ser inexactos o erróneos.

“La obesidad en adultos y niños no es un asunto o tema insustancial, superficial o trivial, de modas o tendencia. Debemos insistir en su prevención. Hay que promover hábitos de vida saludables desde la infancia, y los pacientes en control con los profesionales de la salud deben recibir consejos y el tratamiento que en verdad les corresponde”, expresó Pedro J. Torres, presidente de la Fundación Torres-Picón, enfocada en prevenir la obesidad infantil, al momento de compartir y comentar esta nota.

GF/EDC


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