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Pedro J. Torres: Se demuestra que formación de hábitos saludables desde el nacimiento previene la obesidad infantil


Mar, 14/08/2018 - 17:22

Las enfermedades del corazón, la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, el hígado graso, diversas formas de cáncer y un extenso número de trastornos de la salud potencialmente mortales, están fuertemente asociados a una patología en particular: la obesidad o el sobrepeso, una enfermedad que, dada su creciente extensión alrededor del mundo, ha recibido ya el calificativo de pandemia. Con el propósito de realizar divulgación preventiva en salud la presente información es comentada y compartida por la Fundación Torres-Picón.

Desde el arte y la cultura se apoyan buenas prácticas en salud y se comparte preocupación por la obesidad. Pedro J. Torres con el chairman del Museo de Brooklyn, Arnold Lehman

La circunstancia mencionada ha encendido todas las alarmas, especialmente por el elevado número de niños que padecen de obesidad infantil desde muy temprana edad, lo que pronostica un futuro ciertamente preocupante, dado el hecho de que un niño obeso, con el paso del tiempo, por lo general se convierte en un adulto obeso, con todas las consecuencias que ello implica; esto ha impulsado a científicos y profesionales de la salud en todo el mundo a dedicar esfuerzos a fin de encontrar formas de prevenir la obesidad y sus secuelas.

Entre éstos se encuentra un grupo de expertos de la Facultad de Medicina de la Universidad Pública de Pensilvania, Estados Unidos, quienes a través de una investigación realizada con un grupo de madres primerizas y sus bebés recién nacidos, y cuyos resultados fueron publicados este mes en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA), acaban de demostrar que una intervención adecuada puede ayudar a las madres a promover un crecimiento más saludable en sus hijos, lo cual permitiría que los niños tengan un Índice de Masa Corporal (IMC) más bajo al alcanzar los tres años de edad.

El estudio, que comenzó inmediatamente después del nacimiento de los niños, se llevó a cabo con 279 madres primerizas y sus bebés, de las cuales 140 madres tomaron parte en la intervención y las otras 139 actuaron como grupo de control, recibiendo educación sobre seguridad en el hogar.

Las madres participantes en la intervención recibieron la visita a domicilio de las enfermeras, cuatro veces cada mes durante el primer año de vida de los niños; en estas visitas se les enseñaron diversas estrategias de cuidado para sus bebés, las cuales incluían cómo calmar al niño cuando está molesto pero no hambriento, evitar utilizar la comida como medio de recompensa y no obligar al niño a seguir comiendo cuando muestra señales de saciedad; asimismo se le instruyó acerca de cómo mejorar el sueño temprano a través de rutinas previas a la hora de dormir y cómo responder ante los despertares nocturnos, además de la preparación de dietas saludables abundantes en vegetales y frutas, aun cuando el niño las rechazara inicialmente.

Ian Paul, profesor de pediatría, explicó que: “Hay evidencia de que muchos de nuestros comportamientos, incluidos los relacionados con comer y dormir, están 'programados' a una edad muy temprana. Algunas de nuestras investigaciones se basan en la idea de que los alimentos deben usarse para el hambre, no para otros fines, como para calmar o recompensar a un niño. Los bebés que se relajan con alimentos desde el principio pueden usarlos después para calmar a sus hijos. Estos comportamientos se determinan temprano. Por lo tanto, nuestra intervención fue diseñada para actuar temprano, cuando estos comportamientos se están estableciendo y antes de que se desarrolle el sobrepeso o la obesidad”.

Al llegar a los tres años de edad, los niños del grupo de intervención tenían un IMC promedio por debajo del de los niños del grupo control; de los niños del grupo de intervención 11,2% desarrollaron sobrepeso y 2,6% eran obesos, en tanto que del grupo control 19,8% presentó sobrepeso y 7,8% eran obesos.

“Nuestros resultados muestran que nuestra intervención persistió en los niños de hasta tres años, y que el cambio a lo largo del tiempo muestra que hicimos una diferencia en sus trayectorias de crecimiento”, señaló Paul, quien destacó que, aunque los hallazgos son prometedores, son necesarias nuevas investigaciones que validen estos resultados en grupos de muestras con mayor diversidad y, sobre todo, con más riesgos de obesidad.

Esta investigación “nos da la esperanza de que intervenciones como ésta puedan alterar las trayectorias de crecimiento y ayudar a los niños pequeños a ser más saludables a medida que envejecen”, indicó el pediatra.
Así lo divulgaron medios internacionales online y agencias de noticias.

La Fundación Torres-Picón recuerda que a más joven se tiene sobrepeso o se es obeso, peor es el efecto en pérdida de años respecto a la expectativa de vida. “Debemos profundizar y enseriar aún más la lucha internacional por prevenir y controlar la obesidad”, apuntó el presidente y vocero de la institución, Pedro J. Torres.

GF/EDC


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