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¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando te molestas?


Jue, 12/07/2018 - 11:26

Un desacuerdo laboral. Una discusión con tu pareja. Tu mascota masticó el sofá cuando no estabas. Un embotellamiento en el tráfico. La derrota de tu equipo.

¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando te molestas?

Situaciones que suelen desencadenar en todo el mundo la misma reacción de enojo, algo que parece natural e inevitable.

Muchos estudiosos, sin embargo, ven la ira como una emoción primaria y natural, experimentada alguna vez por todo el mundo, que puede llegar a cumplir una función en términos de supervivencia.

¿Por qué nos enojamos?

El enojo es una emoción que desata una respuesta hostil e incómoda ante algo que la persona percibe como una provocación, una amenaza o un daño.

Suele ocurrir cuando uno siente que sus límites personales han sido o podrían ser invadidos.

Muchas veces el enojo conlleva una actitud agresiva, de búsqueda activa de una represalia como forma de enfrentar la situación.

En tanto reacción emocional, el enojo activa un proceso neurológico interno, pero como sabemos también se observa un claro efecto corporal, una respuesta física, que afecta las expresiones faciales y el lenguaje corporal.

Respuesta emocional y física

La neurociencia ha mostrado que en una persona enojada se suele activar la corteza orbitofrontal lateral del cerebro, un área generalmente asociada a la motivación y a procesos afectivos positivos.

El enojo también activa el eje hipotalámico-hipofisaria-adrenal, una parte esencial del sistema neuroendocrino que controla las reacciones al estrés y regula las emociones.

En lo que respecta a la respuesta fisiológica, hay una mayor tensión en la caja toráxica y un efecto en la respiración, que se vuelve agitada e irregular.

Esto se debe a que, durante el enojo, se acelera el ritmo cardíaco y la tensión arterial, mientras aumenta la producción de testosterona y disminuye la de cortisol (la que se libera como respuesta al estrés).

La sangre comienza a fluir hacia las manos, aumenta la transpiración, el rostro se ruboriza, se tensa la mandíbula y se dilatan las fosas nasales. El cuerpo se prepara para la acción, por eso hay un claro lenguaje corporal que denota el enojo.

La tendencia a una actitud agresiva también reside en que en estas condiciones algunas personas experimentan una sensación subjetiva de aumento de fuerza, de autoconfianza y poder. Evidentemente, esto puede ocasionar consecuencias no del todo deseadas.

Ya en la Antigüedad, Aristóteles consideró que el enojo es una valiosa herramienta para el humano para combatir la injusticia, y que no experimentarla indica cierta indeseada insensibilidad.

Se ha visto además como un mecanismo que sugiere a la persona que algo está mal y que puede movilizar ciertas herramientas psicológicas para corregir esa situación. Aunque, evidentemente, hay diferentes grados de enojo, y cuando es desmedido o no se puede controlar, tiene efectos negativos, tanto personales como sociales.

Fuente: vix / FR


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